El 11 de septiembre de 2001, hace ya un cuarto de siglo, dos aviones se estrellaron sobre las torres del World Trade Center en Nueva York. Una tragedia que resultó en miles de muertos y marcó para siempre la historia de Estados Unidos. Nuestra corresponsal entrevistó a Christina Stanton, una guía turística que fue directamente testigo de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas.

Reportaje de Mamen Sala, desde Nueva York
“Estamos en Liberty Park, con vistas al Memorial. Vemos dos grandes piscinas con cascadas rodeadas por parapetos de bronce en los que aparecen inscritos los nombres de las víctimas de los atentados del 11-S y también del World Trade Center de 1993”: eso cuenta Christina Stanton, una guía turística de Nueva York, con un recorrido muy particular. Su relato es único porque describe lo que vivió en primera persona.
“Yo vivía justo allí”
“En 2001, si miras hacia allí, yo vivía justo ahí”, dice, señalando un edificio a pocos metros al que se acababa de mudar con su marido en julio de 2001. Fueron testigos directos de los ataques.
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“Estábamos en nuestra terraza mirando la Torre Norte, viendo el humo y las llamas que salían de ella, cuando, de repente, por encima de mi hombro derecho, apareció el segundo avión. Pasó justo delante de nosotros y se estrelló contra la Torre Sur”, recuerda.
Mientras reconstruye aquella mañana, un avión sobrevuela la zona. Christina se encoge: ha pasado un cuarto de siglo pero hay recuerdos que siguen muy presentes.
“Este fue el primer parque de bomberos que respondió a los ataques y, lamentablemente, murieron seis bomberos. De hecho, aquel día se produjo la mayor pérdida de vidas de miembros de los servicios de emergencia en una sola jornada en la historia de Estados Unidos”, indica.
“Ese cáncer también estaba relacionado con el 11-S”
Esta vecina del Bajo Manhattan no se limita solo a narrar los hechos, también relata las consecuencias de regresar a un barrio cubierto por una nube tóxica, cuyos riesgos las autoridades minimizaron públicamente.
“Fui al médico en enero del año pasado, en 2025, y sí, me diagnosticaron cáncer. En marzo me practicaron una histerectomía completa y después me diagnosticaron también cáncer de piel. Tres meses más tarde recibí una carta por correo certificando que ese cáncer también estaba relacionado con el 11-S”, explica la mujer.
Christina fue poco a poco introduciendo su historia personal hasta convertirla en parte del recorrido, pero no siempre es fácil, sobre todo cuando llega el aniversario de la tragedia. “Existe algo llamado ‘efecto aniversario’, que es literalmente un término psicológico para describir a las personas que sufren distintos síntomas cuando se acerca el aniversario. En mi caso, sé que suelo quedarme mucho en casa. No hablo demasiado, salvo, por ejemplo, cuando estoy haciendo una visita guiada. Me vuelvo más callada. No sé si diría que estoy deprimida, pero quizá eso también forme parte de ello”, comenta.
Quiere preservar la memoria de un día que cambió para siempre a este país y que aún sigue marcando la vida de miles de personas.
