Fin del ciclo del MAS deja a 1,9 millones de personas en pobreza extrema en el país


El cierre de 2025, último año del gobierno masista, muestra un fuerte deterioro social: la pobreza extrema subió 3,9 puntos y la pobreza alcanzó al 44,7% de la población. En las calles algunas personas buscan entre la basura o viven de la caridad de la gente de a pie

Por Ernesto Estremadoiro Flores

Fin del ciclo del MAS deja a 1,9 millones de personas en pobreza extrema en el país
La escena refleja una realidad que alcanzó al 16,7% de los bolivianos: 1,9 millones de personas cayeron en pobreza extrema, según el INE |Fuad Landívar

 



Fuente: El Deber

A primera hora de la mañana, mientras Santa Cruz de la Sierra comienza a despertar entre el ruido de los autos y el eco de vendedores y compradores, Lidia Villavicencio ya está buscando qué llevar a casa.

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Tiene 60 años y llega desde el Plan 4.000 hasta los alrededores del antiguo Mercado Abasto. No viene a comprar. Busca entre los contenedores de basura algo que todavía pueda servir para alimentar a los siete nietos que tiene bajo su responsabilidad.

“No alcanza la plata”, repite.

La frase es dura, y demuestra que detrás de ella hay una economía con precios de alimentos y transporte que se encarecen a diario y que los ingresos para cubrirlos ya no alcanzan, o incluso ya no existen.

Lidia dejó de trabajar porque debe hacerse cargo de sus nietos. El padre de los niños murió y la madre está enferma, cuenta. No tiene apoyo familiar permanente. Desde el año pasado comenzó a buscar comida entre los desechos del antiguo Abasto.

La escena de Lidia tiene un respaldo en las cifras oficiales.

La Encuesta de Hogares 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicada recientemente, revela que 1,9 millones de personas, equivalentes al 16,7% de la población, se encontraban en situación de pobreza extrema. La pobreza extrema había sido de 12,8% en 2024. El salto fue de 3,9 puntos porcentuales.

En la calle el número no se visualiza como una tabla estadística. Sino en una mujer que revisa basura para encontrar comida.

Fin del ciclo del MAS deja a 1,9 millones de personas en pobreza extrema en el país
En el mercado Abasto Antiguo personas busca entre la basura algo que comer y llevar a casa. La escena se ha vuelto cotidiana en este lugar | Fuad Landívar

 

La fotografía de 2025 adquiere una dimensión política porque corresponde al cierre del ciclo de gobiernos del MAS.
El resultado de 2025 fue contundente: 44,7% de la población estaba en situación de pobreza, mientras que el 16,7% estaba en pobreza extrema.

La pobreza extrema, además, no solamente cuenta cuántas personas están debajo de la línea. El INE calcula también la brecha, que permite conocer qué tan lejos están sus ingresos de ese umbral. En 2025, esa brecha promedio fue de aproximadamente 5,8%.

La pobreza tiene rostro

Lidia cuenta que antes recibía ayuda con mayor frecuencia. Ahora debe recorrer una distancia mayor para encontrar lo que pueda llevar a sus nietos. Incluso llegar hasta el mercado tiene un costo.

El pasaje desde el Plan 4.000 subió de 2 hasta Bs 3,50.  Y cada moneda cuenta cuando el presupuesto familiar no alcanza para cubrir las necesidades básicas.

La encuesta define la pobreza extrema por ingresos. Es decir, una persona está en esa condición cuando el ingreso per cápita de su hogar está por debajo del costo de una canasta básica alimentaria, calculada por el INE. Para 2025, la línea fue de aproximadamente Bs 660 por persona al mes.

Esta cifra ayuda a entender el día a día de esta mujer, que debe repartir sus escasos recursos entre alimentación, transporte y las necesidades de siete niños.

En la avenida Cumavi, a unos kilómetros del Abasto, Luis Fernando Sánchez también valora cada moneda.
Lleva 32 años cantando en las calles. Un accidente le hizo perder la vista y puso fin a su carrera como intérprete de música folclórica. Desde entonces convirtió su voz en una forma de subsistencia.

Ahora interpreta principalmente música cristiana. Su escenario es la calle. Su público, los transeúntes, de cuya ‘voluntad’ dependen los ingresos.

Luis Fernando tiene cinco hijos, ya mayores, pero todavía siente la responsabilidad de ayudar cuando puede. Durante décadas consiguió llevar el pan a su casa cantando en la vía pública.

Pero ahora todo cambió. “Está complicada”, responde cuando se le pregunta por su situación económica.

No necesita ver para saber que los precios subieron. Lo percibe en las monedas que recibe y en lo que puede comprar con ellas.

También observa el impacto del dólar. Si suben los productos importados, dice, el efecto termina llegando a los precios que paga la gente. Su explicación no viene de un libro de economía. Sino de tres décadas trabajando en la calle.

Roxana Telles también aprendió esa economía sin pasar por una universidad. Desde muy joven vende dulces para sostenerse. Pero desde hace 15 años utiliza una silla de ruedas debido al lupus, una enfermedad autoinmune que atacó su cuerpo hasta dejarlo en esa especie de prisión con ruedas y metal.

No tiene una familia que pueda sostenerla económicamente. Cuenta con una persona a quien considera una “hermana en Cristo”, que la ayuda cuando puede.

Su puesto de venta es también su mecanismo de supervivencia. Roxana observa la crisis desde otro ángulo: el de quien debe generar a diario el dinero para cubrir sus gastos de salud.

“No me queda otra”, dice cuando explica por qué continúa trabajando, pese a su condición.

Fin del ciclo del MAS deja a 1,9 millones de personas en pobreza extrema en el país
La adversidad no frena a Roxana, que vende dulces en su silla de ruedas |Fuad Landívar

 

La frase resume una de las características de la pobreza: para quienes viven al límite, dejar de generar ingresos no siempre es una opción.

Fin de ciclo

El resultado constituye una de las principales señales del deterioro social con el que Bolivia cerró 2025, año que marcó también el final del ciclo de gobiernos del MAS iniciado con Evo Morales en 2006 y continuado por Luis Arce Catacora.

El balance del periodo no puede hacerse únicamente a partir del dato de 2025.

Durante los primeros años del ciclo del MAS, Bolivia registró una reducción de la pobreza. Según datos del  INE, la pobreza extrema pasó de 38,2% en 2005 a 15,2% en 2018, es decir, una reducción de más de 23 puntos porcentuales.
La pobreza moderada descendió durante ese periodo, de 60,6% en 2005 a 34,6% en 2018.

Esa fue una de las principales luces del periodo: millones de bolivianos dejaron las condiciones de pobreza extrema durante los años de fuerte crecimiento económico y expansión de los ingresos.

El contexto internacional también fue favorable. El auge de las materias primas permitió al Estado captar mayores ingresos provenientes de las exportaciones de gas y minerales, mientras el gasto público, la inversión y las transferencias sociales adquirieron un rol importante en la economía.

La principal sombra aparece cuando se observa lo ocurrido posteriormente.

La reducción de la pobreza no fue lineal ni permanente. El país comenzó a enfrentar un escenario diferente después del periodo de bonanza: menores ingresos por hidrocarburos, menor dinamismo económico, déficit fiscal, caída de la producción de gas y una creciente presión sobre las reservas internacionales.

La pandemia agravó el problema y, posteriormente, Bolivia entró en una etapa marcada por escasez de divisas, dificultades para importar y una fuerte inflación.

La Encuesta Hogares de 2025 muestra el resultado social de este proceso de declive.

La pobreza general alcanzó al 44,7% de la población, frente al 37,6% registrado en 2024. Es un incremento de 7,1 puntos porcentuales en un solo año.

Por tanto, no solamente aumentó la cantidad de personas en pobreza extrema. También creció de manera importante el conjunto de la población cuyos ingresos no alcanzan para cubrir el costo de la canasta básica total.

Otro dato no menor es el de la inflación acumulada durante 2025 alcanzó 20,4%, muy por encima del crecimiento nominal del ingreso laboral.

El economista Carlos Aranda sostuvo que el dato refleja un deterioro que va más allá de las estadísticas y que se manifiesta directamente en la capacidad de las familias para comprar alimentos, pagar servicios y sostener sus gastos cotidianos. “Estamos hablando de un impacto muy brutal en el poder adquisitivo de las familias”, afirma.

El escenario, según su evaluación, obliga a los hogares a ajustar sus gastos mientras el Gobierno enfrenta el desafío de contener la inflación y, al mismo tiempo, recuperar la producción y el empleo.

Deterioro fiscal

El ministro de Economía y Finanzas, Christian Morales, sostiene que la situación es consecuencia de un proceso de deterioro de las finanzas públicas acumulado durante las últimas dos décadas.

“Venimos de 20 años de una política que al final lo que ha hecho es desangrar las arcas del Estado”, afirma Morales, al explicar la situación económica que enfrenta la actual administración.

El ministro dijo que, tras la eliminación de la subvención a los combustibles el Gobierno creó el programa PEPE, para acompañar a los sectores considerados más vulnerables. Insiste en que la solución de fondo pasa por reconstruir las finanzas públicas, recuperar las reservas y generar condiciones para que el sector privado vuelva a invertir con seguridad.

 Morales asegura que la administración de Rodrigo Paz no ha dejado de atender a estos sectores y que continuará evaluando mecanismos de apoyo “cuando el momento sea el correcto”.

Pero para Lidia, Luis Fernando y Roxana, la crisis no es una cifra más del INE: es la comida que falta en sus casas, las monedas que no alcanzan y el trabajo que no puede detenerse. Y mientras el país busca recuperarse, ellos siguen sobreviviendo entre contenedores, con una canción o vendiendo dulces. Para ellos, la recuperación tendrá sentido cuando les permita llegar a casa con algo más que incertidumbre y unas pocas monedas.

Fuente: El Deber