La guerra de los últimos: Ridley Scott se refugia en la melancolía del fin del mundo


 

Basada en la reconocida novela de Peter Heller, The Dog Stars (La constelación del perro, 2012), llega a Latinoamérica la última película del aclamado director Ridley Scott bajo el título de La guerra de los últimos.



 

Scott es responsable de algunas de las películas que han definido la historia del cine moderno: Alien el octavo pasajero (1978), Blade Runner (1982), Thelma y Louise (1991), Gladiador (2000) solo para mencionar algunas. En La guerra de los últimos el longevo director (ya tiene 89 años) añade a su ya familiar uso de multicámaras una impronta paisajística como rasgo diferenciador de su nueva película. Pero detrás de esa deslumbrante fachada visual, la propuesta se apoya en una fórmula de espectáculo pipoquero pensada para conectar con el público de The Walking Dead o Soy leyenda.

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Hig (Jacob Elordi) es un mecánico que perdió a su esposa embarazada durante una gripe pandémica que acabo con el 99% de la humanidad. Hig patrulla, con marcada melancolía, el enclave que comparte con el ex marine Bangley (Josh Brolin) y su fiel perro Jasper  volando en un viejo Cessna. Es un mundo cruel y sobran los merodeadores.

 

Hig siente que esta realidad lo excede y agobia porque no comulga con la visión terriblemente violenta de su compañero Bangley. Lucha por conservar sus últimos rasgos de humanidad y esperanza en un mundo decadente y violento. Además de Elordi y Brolin complementan el reparto Margaret Qualley, Guy Pearce y la siempre competente Allison Janney.

 

La novela que sirve de material original de la película pertenece al subgénero literario de la distopía crítica, en el cual un sistema social decadente coexiste con la resistencia activa que lucha por la posibilidad de cambio. También podría situarse en el llamado “Solar punk” que es una contraposición conceptual al “Cyberpunk”.

 

Una buena película no solo se sostiene en la historia, las actuaciones o la dirección. En su sentido más amplio hay muchos más elementos que la sustentan. En La guerra de los últimos la música es un actor más, ya sea como complemento de los paisajes espectaculares, o de los momentos más íntimos. El inglés Harry Gregson-Williams es nuevamente convocado por Scott para hacerse cargo de esta asignatura. El compositor ya sabe del oficio porque es responsable de bandas sonoras de otras películas del director como Gladiador II (2024), El Marciano (2015), o El Reino de los cielos (2005). Destaca también la fotografía del ganador del Oscar (Mank 2020), Erik Messerschmit.

 

La guerra de los últimos definitivamente no es la mejor película de Scott y tampoco aporta mucho al cine distópico. Sin embargo, su magnífica fotografía, su atmósfera melancólica, su gran banda musical y una estupenda actuación de Jacob Elordi son motivos, más que suficientes, para ir al cine y verla en pantalla grande.

 

Roberto Marcelo Vera