1. Resumen ejecutivo del informe del Banco Mundial “América Latina y el Caribe: Aprovechar la transición hacia la IA”
América Latina y el Caribe (ALC) mantiene una expansión moderada, el Banco Mundial proyecta un crecimiento del PIB de 2,2% en 2026, ligeramente inferior al 2,4% de 2025. La cifra refleja cierta resiliencia frente a los shocks externos, pero también esconde fuertes diferencias entre países. Las economías que han aplicado políticas fiscales y macroeconómicas más creíbles están mostrando mejores resultados en crecimiento, inversión y confianza. Los precios todavía elevados de materias primas favorecen a algunos exportadores, mientras los importadores de energía y alimentos enfrentan mayores costos. Al mismo tiempo, la incertidumbre internacional, el limitado espacio fiscal y los elevados costos reales de financiamiento restringen el consumo y la inversión.
El problema central de la región no es solamente crecer poco, sino que el crecimiento potencial continúa limitado por problemas estructurales por la baja productividad, informalidad, déficits de capital humano, débil inversión y restricciones fiscales. El Banco Mundial advierte que el PIB per cápita de ALC apenas aumentaría en 2026, por lo que el crecimiento regional no necesariamente se traducirá en una mejora significativa del ingreso promedio. Los riesgos permanecen inclinados a la baja por la volatilidad energética, los conflictos geopolíticos, la inflación persistente y los posibles efectos climáticos de El Niño. Además, los altos niveles de deuda y costos de intereses reducen la capacidad de los gobiernos para impulsar inversión pública.
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El informe del Banco Mundial identifica a la inteligencia artificial (IA) como una oportunidad para crear nuevos motores de productividad, pero advierte que simplemente tener acceso a tecnología no garantiza mayor crecimiento. ALC necesita mejorar capital humano, infraestructura digital, capacidades empresariales, calidad de datos y gestión pública. El Banco Mundial plantea que la región no necesita necesariamente desarrollar modelos de IA de frontera, sino adaptar tecnologías existentes a sus necesidades productivas. Para países como Bolivia, esto abre una oportunidad particularmente importante: Utilizar IA, digitalización y automatización para elevar la productividad de empresas, servicios públicos, agricultura, minería, comercio y pequeñas empresas. La principal limitación identificada es la capacidad de absorción tecnológica, no únicamente el acceso a la tecnología.
2. Ranking regional de crecimiento económico 2026
De acuerdo con la tabla de “tasas de crecimiento del PIB real” del informe del Banco Mundial, y ordenando de mayor a menor el crecimiento proyectado para este 2026, el Top 10 es el siguiente:
- Guyana: 23,7%
- Paraguay: 4,7%
- República Dominicana: 4,7%
- Panamá: 4,2%
- El Salvador: 4,5%
- Surinam: 3,9%
- Guatemala: 3,7%
- Nicaragua: 3,6%
- Costa Rica: 3,3%
- Perú: 3,2%
En el extremo contrario, los países que decrecerían en 2026 son Bolivia (-2,8%), Haití (-1,5%), Jamaica (-0,8%) y Trinidad y Tobago (-0,2%). Bolivia presenta, por tanto, la contracción más profunda de toda la región para este 2026.
¿Por qué existen diferencias tan grandes?
La explicación está fundamentalmente en la estructura productiva y la calidad de las políticas económicas. Guyana registra un crecimiento extraordinario por la expansión petrolera; Surinam también recibe impulso de inversiones vinculadas a descubrimientos offshore. Paraguay combina estabilidad macroeconómica, demanda interna e inversión privada, mientras República Dominicana y Panamá se benefician de servicios, inversión y posiciones externas relativamente favorables. El Salvador también destaca por inversión privada y mejoras en su perfil de riesgo. En contraste, las economías con mayores desequilibrios fiscales, menor inversión, restricciones financieras o procesos de estabilización más dolorosos presentan menor crecimiento.
El caso de Bolivia es particularmente extremo porque la economía está atravesando simultáneamente un proceso de estabilización macroeconómica, ajuste de subsidios, endurecimiento monetario, cambio del régimen cambiario y corrección de desequilibrios fiscales y externos. Es decir, mientras algunos países están creciendo porque cuentan con motores de inversión, exportaciones o consumo, Bolivia está realizando un ajuste macroeconómico que inicialmente reduce la demanda, aunque pueda generar beneficios de estabilidad posteriormente. El propio Banco Mundial señala que estas medidas han reducido las presiones macroeconómicas inmediatas, pero que todavía persisten desequilibrios fiscales y externos importantes.
3. Análisis específico: Caso de Bolivia
El dato más preocupante es la trayectoria proyectada: -1,6% en 2025, -2,8% en 2026, -1,4% en 2027 y apenas 0,6% en 2028. Es decir, no se trata solamente de una recesión puntual: el Banco Mundial está proyectando una recuperación muy lenta, con tres años consecutivos de contracción y un crecimiento prácticamente estancado posteriormente. En 2027 Bolivia sería el único país de la región con crecimiento negativo y en 2028 tendría la menor expansión de América Latina y el Caribe.
Causas de esta tendencia contractiva
Causa 1: El ajuste macroeconómico está contrayendo la demanda en el corto plazo
La primera causa es el propio proceso de estabilización. Bolivia redujo los subsidios a los combustibles, endureció la política monetaria y adoptó un régimen cambiario flexible a mediados de 2026. Estas medidas son necesarias para corregir desequilibrios, pero tienen un costo inicial: elevan costos de transporte y producción, reducen el ingreso real disponible y pueden postergar decisiones de consumo e inversión. El Banco Mundial destaca que las medidas han contribuido a aliviar las presiones macroeconómicas, pero también señala que persisten desequilibrios fiscales y externos.
Causa 2: Persisten desequilibrios fiscales y externos que limitan el margen de política económica
La segunda causa es la reducida capacidad del Estado para sostener el crecimiento mediante gasto e inversión pública. El Banco Mundial señala que en ALC los déficits fiscales, los altos costos de endeudamiento y las necesidades de financiamiento restringen la inversión pública y que la incertidumbre financiera continúa retrasando la inversión privada. En Bolivia este problema adquiere mayor intensidad porque la estabilización exige simultáneamente recuperar el equilibrio fiscal, recomponer la posición externa y fortalecer la confianza. En consecuencia, el Gobierno tiene menos espacio para aplicar estímulos fiscales tradicionales sin agravar nuevamente las presiones cambiarias y financieras.
Causa 3: Debilidad estructural de productividad, inversión y diversificación productiva
La tercera causa es estructural: Bolivia tiene una capacidad limitada para generar nuevos motores de productividad. El informe asigna a Bolivia un índice de preparación para la IA de 0,38, por debajo del promedio regional y muy distante del promedio OCDE de 0,69. Además, el informe estima una adopción de IA generativa de solamente 13% en Bolivia, frente a 24% en Jamaica, pese a niveles de ingreso similares. Esto revela problemas de infraestructura, capacidades empresariales, capital humano y digitalización que dificultan convertir tecnología e inversión en mayor productividad.
Tres consecuencias económicas si se cumplen las proyecciones
Consecuencia 1: Mayor presión sobre empleo, ingresos y pobreza
Una contracción del PIB de -2,8% en 2026, seguida de otro -1,4% en 2027, significaría una reducción acumulada importante de la actividad económica. Esto normalmente se traduce en menor contratación, menor inversión empresarial y mayor precarización laboral, especialmente en una economía con elevada informalidad. El efecto social sería mayor si la inflación y los costos de bienes esenciales permanecen elevados, porque el ingreso real de los hogares sufriría simultáneamente por menor actividad y menor poder adquisitivo. El propio Banco Mundial advierte que el menor crecimiento dificulta la reducción de la pobreza.
Consecuencia 2: Mayor presión fiscal y financiera
La recesión reduciría la recaudación tributaria precisamente cuando el Estado necesita mayores recursos para atender protección social, inversión pública, deuda y servicios esenciales. Esto puede generar un círculo complicado: menor PIB → menor recaudación → mayor déficit → mayor necesidad de financiamiento → mayores costos financieros → menor inversión. Si además persisten problemas cambiarios y externos, aumentaría la sensibilidad del país frente al riesgo soberano y al costo del financiamiento internacional. Por ello, la estabilización fiscal debe evitar que el ajuste termine destruyendo la inversión pública productiva.
Consecuencia 3: Pérdida de inversión y mayor rezago productivo
El escenario de crecimiento de apenas 0,6% en 2028 implica el riesgo de que Bolivia no solamente atraviese una recesión, sino que quede atrapada en un período prolongado de bajo crecimiento potencial. Una economía que invierte poco durante varios años pierde capacidad productiva, infraestructura, capital humano y competitividad. Esto es especialmente delicado porque la transición tecnológica mundial está avanzando rápidamente y Bolivia presenta rezagos en preparación digital e IA. Si no se revierte esta tendencia, el país podría quedar más dependiente de materias primas y actividades de baja productividad.
4. Tres recomendaciones de política económica para salir del ciclo recesivo
1. Consolidación fiscal inteligente, no simplemente reducción del gasto
Bolivia debe continuar con la corrección fiscal, pero cambiar el enfoque de “recortar gasto” a “mejorar la calidad del gasto”. La eliminación gradual de subsidios económicamente insostenibles debe mantenerse, pero acompañada de transferencias focalizadas para hogares vulnerables y sectores productivos afectados. El ahorro fiscal debería dirigirse prioritariamente a inversión pública con alto retorno económico: energía, logística, infraestructura productiva, agua, digitalización y educación técnica. El objetivo debe ser reducir el déficit sin profundizar innecesariamente la recesión y, simultáneamente, recuperar credibilidad ante organismos multilaterales y mercados.
2. Recuperar inversión privada, divisas y exportaciones mediante seguridad económica
La segunda prioridad debe ser generar rápidamente un clima de inversión nacional y extranjera. Bolivia necesita reglas tributarias y cambiarias previsibles, reducción de burocracia, seguridad jurídica y mecanismos transparentes para atraer capital hacia minería, agroindustria, energía, infraestructura, turismo y servicios digitales. El objetivo no debe ser regresar al antiguo modelo exclusivamente rentista, sino utilizar minería, litio, gas, agroindustria y minerales críticos como plataformas para generar exportaciones, divisas y cadenas de valor nacionales. La recuperación de reservas internacionales debe acompañarse con una estrategia permanente para aumentar la generación genuina de divisas.
- Crear un programa nacional de productividad, digitalización e IA Bolivia debería aprovechar la actual crisis para impulsar una agenda de productividad y transformación tecnológica, especialmente para PyMEs y sectores con baja En lugar de intentar desarrollar modelos propios de IA de frontera, conviene adoptar tecnologías existentes, fortalecer conectividad, datos públicos, pagos digitales, capacitación y servicios de extensión tecnológica para empresas. El Banco Mundial plantea precisamente que la limitación principal de ALC es la capacidad de absorción tecnológica y recomienda combinar asistencia técnica, capacitación y adaptación de IA a las necesidades locales. Para Bolivia, esto permitiría convertir la IA en una herramienta concreta para agricultura, comercio, industria, banca, administración pública, salud y educación.
5. Conclusión general
La proyección del Banco Mundial constituye una señal de alerta particularmente seria para Bolivia: -2,8% en 2026, -1,4% en 2027 y apenas 0,6% en 2028, el peor desempeño regional en esos horizontes. Sin embargo, el problema no debe interpretarse simplemente como fracaso de las medidas de estabilización, porque varias de ellas buscan corregir desequilibrios acumulados. El verdadero desafío es evitar que el costo de estabilización se convierta en una recesión prolongada. Bolivia necesita simultáneamente disciplina fiscal, estabilidad cambiaria, recuperación de reservas, inversión privada y generación de divisas. El ajuste debe proteger a los sectores sociales vulnerables y preservar la inversión productiva. La experiencia regional muestra que las reformas creíbles pueden mejorar inversión y confianza. Pero estabilizar no es suficiente: Bolivia necesita volver a crecer mediante productividad y diversificación. La IA y la digitalización pueden convertirse en nuevos motores, aunque requieren capital humano e instituciones capaces de absorberlas. La prioridad económica debería ser pasar de una economía que administra escasez a una economía que genere inversión, divisas, productividad y crecimiento sostenible.
El problema no es únicamente que Bolivia vaya a crecer -2,8% en 2026; lo más preocupante es la trayectoria completa -1,6% → -2,8% → -1,4% → 0,6% (2025-2028). Eso describe una economía que, aun después del ajuste, no lograría recuperar rápidamente su capacidad de crecimiento
