En tiempos de reconstrucción democrática y a diez meses de iniciado un nuevo gobierno, comienza a hacerse evidente una tendencia en las redes sociales, los medios de comunicación y los espacios de análisis político: buscar el pelo en la leche, incluso cuando lo verdaderamente importante está delante de nuestros ojos.
No se trata de cuestionar el ejercicio de la crítica. En democracia, la fiscalización, el debate y la exigencia de transparencia son indispensables. El problema aparece cuando la crítica pierde perspectiva, cuando lo accesorio desplaza a lo sustancial y cuando el afán de encontrar errores termina distorsionando la dimensión real de los acontecimientos.
Peor aún, cuando los hechos se examinan desde una óptica predominantemente negativa, los aspectos positivos quedan relegados, los avances se minimizan y los resultados favorables parecen perder valor frente a cualquier motivo de cuestionamiento.
Tres casos recientes ilustran esta tendencia.
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La visita del presidente chileno José Antonio Kast y su encuentro con Rodrigo Paz abrieron un espacio de relevancia para la relación bilateral. En una relación históricamente compleja, marcada por diferencias y asuntos pendientes, cualquier acercamiento presidencial debe analizarse con una perspectiva que combine realismo, prudencia y visión estratégica.
Sin embargo, ya aparecen voces concentradas en enumerar lo que supuestamente faltó, lo que no se hizo o lo que pudo haberse conseguido. El debate corre el riesgo de instalarse en el terreno de las omisiones y las expectativas insatisfechas, incluso antes de contar con todos los elementos necesarios para una evaluación integral.
La participación del presidente Rodrigo Paz en las Naciones Unidas representó una oportunidad para proyectar una nueva imagen de Bolivia ante la comunidad internacional. La presencia de un mandatario que se distancia de la rigurosidad ideológica característica del socialismo del siglo XXI y que busca relacionarse con el mundo desde una perspectiva diferente constituye un hecho político relevante.
Sin embargo, a su retorno, buena parte de la atención mediática y política se desplazó hacia su estadía en Boca Ratón, Florida. La controversia sobre ese episodio amenazó con eclipsar el significado político y diplomático de la visita.
Por supuesto, los desplazamientos presidenciales, sus costos, su agenda y el uso de recursos públicos deben estar sujetos a transparencia y rendición de cuentas. Ningún mandatario está exento de explicar sus actuaciones. Pero una cosa es fiscalizar esos aspectos y otra muy distinta es permitir que una controversia termine absorbiendo el debate y relegando a un segundo plano los objetivos y resultados del viaje.
La elección del nuevo fiscal general, con un respaldo superior a los dos tercios en la Asamblea Legislativa, constituyó un acontecimiento de trascendencia institucional. Sin embargo, el debate público se redujo a la forma en que llegó a la Asamblea Legislativa el currículum del elegido, desplazando cuestiones mucho más relevantes: sus antecedentes, su idoneidad, su independencia y su capacidad para transformar una institución cuestionada.
Los tres casos tienen un elemento común: acontecimientos de relevancia política, institucional o internacional terminan sometidos a una lógica que privilegia el detalle polémico por encima de la evaluación integral.
No se trata de negar los errores, minimizar las insuficiencias ni desconocer el legítimo derecho a la crítica. Se trata de evitar que una lectura unilateralmente negativa termine convirtiéndose en el único marco desde el cual se examinan los acontecimientos.
Cuando la crítica se concentra exclusivamente en lo que faltó, lo que salió mal o lo que pudo hacerse de otra manera, los avances pierden visibilidad y la comprensión de los hechos se vuelve parcial.
Atribuir esta tendencia únicamente a los medios de comunicación, a los comentaristas o a los actores políticos sería una lectura parcial y poco objetiva. Hay una responsabilidad que atañe exclusivamente al Gobierno.
Una mejor comunicación no resolverá por sí sola todas las deficiencias de la gestión ni hará desaparecer las posiciones políticas contrarias al Gobierno. Pero sí puede contribuir a que los ciudadanos dispongan de mejores elementos para evaluar los hechos, distinguir entre resultados y expectativas, y separar las cuestiones sustanciales de las controversias secundarias.
La tendencia a buscar el pelo en la leche se ve favorecida por esa deficiencia que el Gobierno necesita reconocer.
Jaime Navarro Tardío
Político y exdiputado nacional.