
“Hubieron 20 años, perdón la expresión, unos carajos que no les importo invertir. En vez de estar haciendo adornos y estupideces en el país, invierte en lo que tienes que invertir”, dijo el presidente Rodrigo Paz en un acto en el pozo Montecristo en Okinawa, provincia Warnes del departamento de Santa Cruz. Según confirma el propio Ministerio de la Presidencia, la jefa de gabinete del ministro Fernando Aramayo, el hombre quizás de mayor confianza del presidente Paz, es una ex candidata a diputa por el MAS por la circunscripción 62 de Pando. El exministro de Economía, José Gabriel Espinoza, gestiono ante la cooperación internacional la contratación del exministro de Evo Morales, Manuel Canelas, para dizque, “armar un plan estratégico”. Ambas situaciones están documentadas. Hay una diferencia en el gobierno que dice romper con 20 años del MAS mientras tiene sentada muy cerca a alguien que hace 10 meses estaba jugando en la sigla contraria. Ya no resulta creíble un gobierno que dice una cosa y hace otra.
Desde el gobierno o el oficialismo se ofrece una muestra innegable, los laristas se han declarado opositores, el PDC dice conservar su estructura y solo quedan los rodriguistas cerca al presidente. La fuerza que llevo a Paz y Lara al gobierno ya no existe, la responsabilidad adquirida con el país, terminó al comenzar el ejercicio del poder. Para enfrentar esta falencia política, Rodrigo y su gobierno, propuso negociar directamente con diputados, senadores (que promueve más el transfugio que la gobernabilidad) y se acercó a gobernadores y alcaldes con el proyecto 50/50 (que bien sabe el presidente lo difícil, sino imposible, que será llegar a esa meta). Con una representación tan debilitada, se ha optado por el camino más difícil, va por los acuerdos separados en vez de buscar una concertación política que le garantice gobernanza, proyección y alcance de los objetivos comunes. Concertar no significa cesión de espacios, ni que se propicie la apertura de un mercado de compra y venta de voluntades políticas. Nuestra democracia está cada vez más lejos de ser verdaderamente representativa, una negociación sólo entre líderes políticos para rentarle estabilidad al gobierno y al propio presidente, es aún peor.
Ya vamos por los 11 meses que Bolivia no tiene política exterior y todavía resuena el ofrecimiento de Rodrigo en campaña: Bolivia sólo necesita agregados comerciales. Luego, ya en función de gobierno Paz hizo el anuncio pomposo de que Bolivia volvía al mundo, ¿cómo?, si el multifuncional ministro Aramayo cuando era Canciller dijo que “no puedes plantearle un plan a un embajador si no está clara tu política exterior” y así continuamos hasta hoy, sin una política exterior (más allá del Escudo de las Américas) que nos diga cuales son los resultados que se deben obtener, cuáles son los objetivos estratégicos con los distintos países, con los distintos organismos multilaterales (no sólo financieros) y sin tener claros los mecanismos de integración con la región, el continente y el mundo. Por eso perdimos a José Luis Lupo, primero como ministro y luego como embajador ante la OEA. Es una tragicomedia decir que gobernaremos con los mejores, y cuando los tienes (así sea uno), haces hasta lo imposible para que se marche, de ese tamaño es la miopía presidencial.
Ahora que se ha iniciado el desmantelamiento de la red de corrupción que se le atribuye al ex Fiscal General de la Nación, una de las instituciones que siempre queda mal parada es la Policía Nacional, por acción u omisión, pero siempre está en el ojo de la tormenta. La crisis de la institución es de nunca acabar, las acusaciones afectan desde los altos cargos hasta la base misma de la institución: la Academia Nacional de Policías, Anapol ha dejado de ser el filtro para escoger a los mejores; los cadetes parecen moverse bajo un sistema de libre mercado, de oferta y demanda. Los ascensos, los destinos, los nombramientos y sucesión de mandos, parecen estar bajo la misma lógica. Todo denunciado por el anterior comandante general, y no pasa nada, no hay una política de rescate de la institución, ni desde el gobierno ni desde la propia Policía.
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La diferencia radica en pensar a largo plazo o vivir el día a día, significa que se debe utilizar cada centavo obtenido para construir otra cosa. No para sostener una economía de bonos, no para mantener a mucha gente en la nómina del gobierno sin que hagan nada, no para financiar políticos o partidos que sólo fomentan la polarización. Es para construir una economía sostenible y sustentable, preveer es mejor que lamentar. Generar una política que dure más que los 5 años del gobierno. El turismo, el comercio, las finanzas, la tecnología, las inversiones propias y ajenas, la confianza y la honestidad, deben ser los pilares en los que se deba sostener el país en el futuro. No supimos aprovechar nuestras reservas naturales y nuestra posición geográfica y nos la pasamos peleando por quien controla las joyas de la corona, no para cuidarlas, sino para despilfarrarlas. No podemos seguir subsidiando cosas hasta el absurdo. La mentalidad de que nunca se acabaran los grifos de donde sangrar al país ya no puede sostenerse y tenemos el país destruido. Por eso debemos ir más allá, es hora de ser pragmáticos, sin meternos en romanticismos ideológicos o políticos, sin cálculos, especialmente políticos. Es crear una economía diversificada. Invertir no significa oportunidad de quedarse con una parte, sin especulaciones ni mentiras o verdades a medias. Es entender que, en el mundo real de hoy, no te puedes dar el lujo de casarte con una ideología que te llevara al abismo. La idea no es que mientras la plata sea para unos cuantos, el pueblo quede comiendo de la basura. No puede ser que cada gobierno, incluido el actual, quiera inventar la rueda de nuevo. Es imposible vivir sólo del préstamo, a la larga tendrás que pagar y obviamente no será el presidente ni sus ministros, seremos nosotros los que pagaremos.
Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo