Es Lula el último dique de contención contra Trump en la región


 

Este domingo (4 de octubre), se celebraron las elecciones presidenciales y legislativas de Brasil, en un contexto geopolítico marcada por una fuerte injerencia norteamericana bajo el llamado Escudo de las Américas (Shield of Americas), cuyo epítome injerencista, fue la detención de Maduro desde Caracas, Venezuela, mediante una operación militar norteamericana sin precedentes. En Bolivia hubo otra operación – no militar, pero sí de inteligencia -, el retiro de visas a fiscales, jueces y abogados bolivianos, provocando un cimbronazo sin parangón en la justicia boliviana.

El accionar de esta palanca de envalentonamiento de Estados Unidos en la región cuenta con el firme respaldo de los presidentes latinoamericanos y caribeños en ejercicio y está liderada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.



Esta alianza político-militar y de seguridad hemisférica se realizó, con pompas y sonaja, el 7 de marzo de 2026 durante una cumbre realizada en el complejo Trump National Doral en Miami, Florida.

La firma de esta alianza que reúne a más de una docena de gobiernos entre quienes destacan naciones como Argentina (Javier Milei), Bolivia (Rodrigo Paz), Chile (José Antonio Kast), Ecuador (Daniel Noboa), El Salvador (Nayib Bukele), además de Paraguay, Panamá, Costa Rica, Colombia y República Dominicana, entre otros.

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Menos, Brasil.

Doblegarse, siempre, es una mala estrategia y más si se trata de entregar soberanía a una potencia externa. El masismo lo hizo con Venezuela, Irán, Cuba, Rusia y China. Hoy estamos en presencia de un nuevo contexto geopolítico, altamente volátil donde el crimen organizado nacional y transnacional, junto a los cárteles de droga tan peligrosos como el PCC y el Comando Vermelho, junto a los cárteles mexicanos, colombianos y hasta turcos y albanos que operan en la región, tienen a más de un país con serios problemas de seguridad interna.

La ausencia de tecnología de punta, de capacitación de todas las fuerzas conjuntas de la región para actuar en bloque; el uso de armamento de última generación frente al deficitario de las fuerzas del orden y, además, con una marcada debilidad financiera para solventar acciones y redadas, hacen que el Escudo de las Américas, sea atractivo.

Y acá está el peligro. La administración de Trump actúa en un contexto geopolítico en el que la cuestión de la injerencia de Estados Unidos ya no es una imaginación, sino más bien, una realidad muy bien documentada. La administración de Trump ni siquiera guarda el decoro o las formas. Para el trumpismo ha llegado el tiempo de reactivar la doctrina Monroe en su pura versión imperial diseñada a principios del siglo XX, que condujo en un primer momento a la tutela de gran parte del espacio caribeño y de Centroamérica y que, posteriormente, afianzó el dominio de Estados Unidos sobre todo el continente tras la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, en detrimento de cualquier consideración democrática.

Entonces, porqué es tan importante para la región las elecciones presidenciales de Brasil. Primero, porque Flávio Bolsonaro inició su campaña electoral con presencia del presidente argentino Javier Milei y, a continuación, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu difundió un mensaje en vídeo de apoyo político.

Bolsonaro cuenta con el apoyo de Trump, al igual que su hermano Eduardo, que desde 2018 goza de muy buenos contactos en el ámbito del movimiento MAGA, donde ha obtenido la residencia permanente y desde donde influye directamente en las distintas decisiones de la presidencia de Trump en contra de Brasil, como la imposición de aranceles.

Estas acciones de la familia Bolsonaro – una especie de copia de la familia Trump, involucrada en todo el aparato norteamericano, realizando negocios turbios y reñidos con la ley – ha empujado a Brasilia a actuar con extrema cautela frente a Washington, como lo demuestra la denegación de visados a Riley Barnes y Samuel Samson, dos diplomáticos estadounidenses que tenían previsto reunirse con varios funcionarios brasileños en julio de 2026. Según Brasil, el objetivo de esta visita era poner en tela de juicio el sistema electoral.

En las últimas semanas, previas al proceso electoral, aumentaron las sospechas de injerencia estadounidense en la campaña presidencial. El pasado 24 de septiembre, el Partido de los Trabajadores de Lula señaló que Meta había bloqueado la cuenta de Facebook de Lula e impedido que las cuentas de campaña del partido difundieran contenido político. Según Meta, esta medida se debió a que las cuentas en cuestión habrían infringido las normas de dichas plataformas.

Ahora, ambos irán a un balotaje con un Lula perdedor en la primera vuelta y un Bolsonaro envalentonado como ganador del primer proceso electoral.

Otros ejemplos, para bien y para mal, hay de sobra. El más elocuente es el de María Corina Machado. No escatimó elogios a Trump, y hasta llegó al absurdo de regalarle su medalla del Nobel de la Paz. Pensó que el sacrificio de entregárselo – y con su nombre – lo aplacaría y la apoyaría.

No le sirvió de nada.

Doblegarse, no cabe duda, es una mala decisión. El manual dice que Trump solo reconoce y respeta a los ganadores y a los dictadores que se le plantan de frente mirándole a la cara. El resto no existe. Y esto nos ubica en una posición muy débil.