Bolivia necesita una ruta clara, decisiones urgentes y resultados concretos. El tiempo se agota.
Hace aproximadamente un año, en una entrevista con un medio de comunicación, advertí sobre la necesidad de que los parlamentarios elegidos el 17 de agosto de 2025 se prepararan con la debida anticipación y adquirieran los conocimientos necesarios para debatir y aprobar, mediante los procedimientos correspondientes, las leyes fundamentales que permitan recuperar la estabilidad económica e iniciar el camino hacia el desarrollo sostenible del país.
La propuesta buscaba recuperar el tiempo perdido durante la anterior administración y evitar que el nuevo Gobierno comenzara su gestión sin las herramientas legales indispensables para enfrentar la profunda crisis nacional.
Sin embargo, a pocos días de cumplirse el primer año de posesión del Gobierno, el próximo 10 de noviembre, resulta preocupante que todavía no percibamos una ruta suficientemente clara ni avances decisivos en la aprobación de las principales reformas legales que el país necesita.
La crisis no admite más demoras, improvisaciones ni indefiniciones.
Es evidente que el nuevo Gobierno recibió un país en condiciones extremadamente difíciles, con graves desequilibrios económicos y problemas estructurales acumulados durante muchos años. Esta realidad debe reconocerse. Pero precisamente por la magnitud de la crisis, era indispensable anticiparse, establecer prioridades y trabajar desde el primer día en las soluciones de fondo.
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La Asamblea Legislativa Plurinacional tiene una responsabilidad determinante en esta tarea. Sin renunciar a sus atribuciones de fiscalización ni a su independencia, debe asumir, junto con el Órgano Ejecutivo, la responsabilidad de impulsar las reformas que permitan generar confianza, atraer inversiones, recuperar la producción y crear empleos dignos.
Entre las normas que requieren atención prioritaria se encuentran las leyes de Inversiones, Hidrocarburos, Energía y Minería. Su contenido debe ofrecer seguridad jurídica, reglas claras, transparencia y condiciones competitivas para atraer capitales nacionales y extranjeros, incorporar tecnología, aprovechar responsablemente nuestros recursos naturales y generar ingresos sostenibles para el Estado.
No se trata simplemente de aprobar leyes para cumplir una agenda legislativa. Se trata de construir un marco normativo coherente, técnicamente sólido y capaz de traducirse en inversiones, producción, exportaciones, empleo y mejores condiciones de vida para los bolivianos.
¿Qué debemos hacer sin más pérdida de tiempo?
El Ejecutivo y el Legislativo deberían acordar y hacer público un plan de emergencia legislativa que contemple:
1. Definir prioridades y plazos concretos para la elaboración, el debate y la aprobación de las leyes fundamentales.
2. Conformar equipos técnicos especializados, con participación de instituciones públicas, sectores productivos, especialistas y representantes de la sociedad civil.
3. Garantizar transparencia y seguridad jurídica, evitando normas improvisadas, contradictorias o sujetas a cambios arbitrarios.
4. Establecer mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas, para que la ciudadanía conozca los avances, los obstáculos y los resultados alcanzados.
La aprobación de estas leyes no resolverá por sí sola todos nuestros problemas. Bolivia necesita, además, fortalecer sus instituciones, combatir la corrupción, recuperar la confianza ciudadana y mejorar la eficiencia de la gestión pública. Pero contar con reglas claras y estables constituye una condición indispensable para comenzar a revertir la crisis económica y sentar las bases de un desarrollo sostenible.
Al aproximarse el primer aniversario de la actual administración, la ciudadanía tiene derecho a exigir algo más que anuncios y buenas intenciones. Necesitamos decisiones oportunas, una dirección definida y resultados verificables.
El país no puede continuar atrapado entre la urgencia de sus problemas y la lentitud de sus respuestas. Cada día perdido posterga oportunidades de inversión, empleo y bienestar para millones de bolivianos.
El tiempo se agota. Gobernar significa establecer prioridades, tomar decisiones y responder por los resultados. Bolivia necesita hoy una ruta clara para salir de la crisis y comenzar, de una vez por todas, a construir su futuro.
Fernando Crespo Lijeron
