Si hay un mes sobrecargado de simbolismo en nuestro medio, es justamente el que empieza hoy: octubre. Y si bien el ejercicio que haré podría aplicarse con similar resultado a cualquier otro, este genera emociones encontradas respecto al pasado y temores cada vez que se aproxima.
Ya en tiempo presente, el actual no es la excepción, pero, como veremos, no tendría necesariamente que augurar acontecimientos sociales catastróficos; varios hechos más bien esperanzadores sucedieron durante el décimo mes del año.
No es mi propósito enumerar una serie de acontecimientos en orden cronológico, en cambio, sí, de alguna manera, contrastarlos. Curiosamente, el primero de ellos nos remite al día uno.
¿Qué ocurrió el 1 de octubre de 2018? Se emitió el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, por el cual se zanjó el caso de la demanda que Bolivia interpuso con relación a un acceso soberano hacia el Pacífico.
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La CIJ, a tiempo de rechazarla, sentenció que “Chile no tiene la obligación legal de negociar con Bolivia un acceso soberano”. A mi entender, y no es falta de patriotismo ni cosa por el estilo, es simple realismo: tal fallo cierra definitivamente nuestra aspiración marítima con soberanía plena, aunque otro tipo de acceso, amén de iniciativas compensatorias de carácter económico –tipo ACE 22–, son perfectamente posibles.
Curiosamente fue en octubre (el 20 de 1904) la suscripción del Tratado de Paz y Amistad entre Bolivia y Chile. El practicismo de Ismael Montes se impuso al reivindicacionismo de otros políticos de su tiempo. Recientes acontecimientos, sobre todo aduaneros y portuarios, se constituyen en violaciones a dicho tratado.
La próxima visita del presidente Kast debe servir para limar asperezas y comenzar a encarar un futuro de mutua cooperación teniendo en cuenta la deuda histórica. Opciones como la que está circulando respecto a Mejillones son buenas señales en tal sentido.
La mala fama del mes que empieza hoy viene del infame “octubre negro” de 2003, aquel prolongado sitio al que fueron sometidas algunas poblaciones que culminó con la renuncia y posterior escape del expresidente Sánchez de Lozada. El pretexto fue “el gas”, que ya se anunciaba como una fuente de grandes ingresos para el país.
La consigna “los chilenos están en El Alto para robar nuestro gas” encendió los ánimos de los pobladores de dicha ciudad y se desencadenó una violenta represión (que es lo que se buscaba provocar). A estas alturas, el hecho es percibido como un golpe que, en diferido, 2005, y por la vía democrática en principio, entronizó en el poder por largos 14 años a Evo Morales.
En contraparte, luego del fraude perpetrado por éste en las elecciones de otro octubre, el 20 de 2019, comenzó la gran manifestación democrática que concluyó con la renuncia del fraudulento y su posterior huida, ya en noviembre.
Sin embargo, el octubre que más me conmueve, en el sentido positivo, es el de 1982. Aquel 10 en el que Bolivia, luego de dos tropiezos en el proceso de la instalación democrática, finalmente consiguió conquistarla de manera duradera, aunque aquel primer gobierno no supo lidiar con la crisis económica y puso en riesgo a la propia democracia -aunque entre 2006 y 2019 permaneció “suspendida”-.
Menciones “extra”: 2, natalicio de Paz Estenssoro –lo recuerdo porque en la misma fecha cumple años una de mis antiguas novias–. 20, 1548, fundación de La Paz, en Laja. 12, lo que en mi niñez se conocía como Día de la Raza (Descubrimiento de América, 1492, feriado incluido si mal no recuerdo), luego denominado “Encuentro de dos mundos” y actualmente se denomina “Día Nacional de la Descolonización”; vaya uno a saber qué nombre llevará más adelante.
Puka Reyesvilla es docente universitario.
