Pedro Andaverez: la memoria de un héroe nacido en Yungas


Foto: ABI

Corría noviembre de 1932. El infierno verde era un pajonal de sufrimiento, no había agua y sobraba calor. La tropa boliviana dio un golpe certero a los paraguayos en la batalla del Kilómetro 7, el suboficial Pedro Andaverez Peralta se vistió de héroe cuando notó que el subteniente Armando Escobar Uría quedó relegado en el bosque con matorrales tupidos llenos de plantas espinosas. Lo encontró. Acudió a él, se agachó y le puso el oído en el pecho. Escuchó los latidos de su corazón y lo levantó del piso. Lo cargó por varios kilómetros hasta un puesto de socorro. Ahí recién descansó, descansaron.

Fuente: ABI



Andaverez siguió en la batalla y sobrevivió a varios combates hasta que fue capturado y llevado prisionero por diferentes cárceles de Paraguay. Después lo liberaron y retornó a Bolivia, a su terruño yungueño.

Su leyenda creció con el tiempo. El miércoles 7 de octubre de 2026 su hijo Pedro recibió a su nombre el título oficial de Héroe Nacional por la Cámara de Diputados. Es el primer afroboliviano en obtener este reconocimiento. He aquí un pedazo de su historia…

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La Guerra

“Mi nombre es Pedro Jesús Andaverez Cardón. Le cuento que mi padre fue un humilde ciudadano de los Yungas de la Paz, él nació en Coripata el 29 de junio de 1906, desde niño vivió en Chicaloma, un pueblito que está en Sud Yungas”, cuenta el hijo del suboficial, que lleva el nombre de su progenitor.

Casi a un golpe de vista de Chicaloma está Ocobaya, la tierra donde nació Armando Escobar Uría, tres años menor que Pedro. Juntos eran dinamita. Pedro tenía raíces africanas; el subteniente era rubio, de ojos azules. Ambos eran altos y fuertes. Los dos fueron a la guerra que enfrentó a Bolivia con Paraguay, entre 1932 y 1935. Allá, Pedro le salvó la vida a Armando y éste nunca lo olvidó.

Pedro era grande, pero en el campo de batalla su figura fue enorme. Armando hizo una reseña sobre su amigo. El hombre de ojos azules escribió: “En el epílogo de la batalla de Kilómetro 7, su espíritu se agigantó, su alma se convirtió en el santuario de socorro, la lealtad se relievó, y en acto de desprendimiento de su propia vida, como Héctor el Troyano, desafió el aluvión de las metrallas, salvando la vida (mi vida) de un oficial gravemente herido y abandonado en el campo de batalla”.

El afroboliviano le salvó la vida al hombre que años después se incorporó en la carrera militar y que también fue alcalde de la ciudad de La Paz, entre 1965 y 1975. La memoria de los paceños de antaño recuerdan a un alcalde que tomaba la escoba y barría las calles de la ciudad, era un hombre que predicaba con el ejemplo.
Pedro y Armando forjaron su amistad en los momentos más duros de la historia de Bolivia, en la Guerra del Chaco. En aquellos campos de batalla donde murieron más de 50 mil soldados bolivianos, según fuentes oficiales. Pelear allá, con más de 40 grados de calor, sin reservorios de agua y con un enemigo de hierro fue desastroso para el ejército boliviano que había llevado a parte de su batallón desde las tierras altas del altiplano.

En 1932 la derrota en Boquerón y el avance de las líneas paraguayas, al comienzo de la guerra fue un duro golpe para los soldados bolivianos. “Mi padre me contaba que nuestras tropas estaban desmoralizadas, algunas en desbande. Había soldados que se retiraban vencidos y a otros los perseguían. Hasta que el coronel Bernardino Bilbao Rioja decidió organizar la resistencia. Llamó a todos los voluntarios que decidieron dar la vida por el país. Eran 730”, relata Pedro Andaverez, hijo.

Los 730 soldados decidieron dejar de retroceder y emboscar al enemigo. Eligieron un pedazo de tierra a siete kilómetros del camino entre los fortines de Alihuatá y Saavedra. Cavaron fosas con bayonetas, platos y todo lo que tenían a su alcance. Se estima que éstos lucharon contra un ejército de 3.000 paraguayos… y los derrotaron. Luchaban por su país, luchaban por sus vidas. En medio de la batalla apareció la figura de Andaverez.

“En las batallas de Kilómetro 7 y Campos Jordán (Pedro) luchó cuerpo a cuerpo al enfrentar al enemigo guaraní. Sus nervios de acero y su machete refulgente como el relámpago cercenó cabezas. Su ley era el degüello, en la trinchera era camarada apacible y bondadoso. Cuentero y cantor de subyacente carisma”, escribió Armando del afroboliviano.

Andaverez también estuvo en los combates de Gondra en julio de 1933, siempre luchando en desventaja numérica, con menos munición y con combatientes sedientos. Allí fue testigo de la muerte de sus compañeros de guerra.

A pesar de su fortaleza, Pedro también era humano y tuvo que rendirse cuando las fuerzas ya no le alcanzaron para pelear. “Al final más que soldados, quienes combatieron quedaron como espectros humanos”, refiere su hijo al recordar las batallas de su papá.

El suboficial cayó prisionero en la batalla de Campo Vía, el 17 de diciembre de 1933. Este capítulo de la guerra fue decisivo para el final del combate entre ambas naciones, el final de esta gesta se firmó el 14 de junio de 1935. Después de la guerra, Andaverez fue prisionero en Asunción, Tacumbú, Viñascué, Isatí, Recoleta y El Leprosario de Sapucái.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Memorias

“Mi papá era estricto, no era malo… era estricto en todo el sentido de la palabra”, se sincera Pedro. “Le gustaba que todo sea correcto. Me acuerdo que en Chicaloma teníamos horas de acostarnos y de levantarnos; él hacía respetar estos horarios. Le gustaba tener todo en orden”.
Luego de la guerra, el suboficial tenía un aura que lo perseguía por donde iba. Su fama salió de Yungas y llegó a las ciudades. Así, cuando el general René Barrientos Ortuño visitó Ocobaya para reunirse con Armando Escobar Uría, que por entonces ya tenía una reconocida carrera militar, se dio el gusto de conocer a Pedro. La imagen “oficial” del suboficial con su medalla dorada tiene su origen en ese encuentro, de 1964.

Luego de la Guerra del Chaco llegaron los honores para Andaverez. Se le dio la Orden al Mérito Militar, la Medalla de Guerra, la Cruz de Hierro, la Medalla de Héroe Nacional y la presea Dorada en Grado Especial, aquella que le entregó Barrientos en Ocobaya.

Durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez, y gracias a las gestiones de Armando Escobar Uría, en 1976 se levantó un busto a Andaverez en Chicaloma. Aquel monumento fue uno de los homenajes más importantes que recibió en vida.

Pedro Andaverez y Armando Escobar.

Guerra después de la guerra

En Yungas, Pedro Andaverez es sinónimo de saya. Cuando volvió de la Guerra del Chaco fue caporal y después ascendió a Tambor Mayor. Es decir, él era quien llevaba el ritmo allá donde los afrobolivianos mostraban su arte con tambores, guancha y cascabeles.

Su hijo cuenta que las canciones que más le gustaban eran aquellas en las cuales se reivindicaba las raíces de los suyos. “Él vivió esa época de los hacendados, antes de 1952, cuando nosotros no éramos los dueños de la tierra. Luchó también por los derechos de los suyos”, refiere.

Uno de los golpes más duros que vivió Pedro hijo está relacionado con el monumento de su padre. “El busto estaba en la plaza de Chicaloma durante muchos años y era un ícono del pueblo, de la cultura afroboliviana; pero desgraciadamente fue robado el año 1992” se queja. Él cree que un grupo de gente racista robó este monumento.

Armando Escobar, René Barrientos y Pedro Andaverez, en Ocobaya.

La muerte no es el olvido

“Mi papá murió el 4 de mayo de 1986, a la edad de 80 años. Él no supo que robaron su busto”, rememora Pedro hijo.
Uno de los hombres que más lamentó el deceso del benemérito fue Armando. Le dedicó un texto titulado: Réquiem para un héroe. Parte del texto indica: “(El Chicaloma) expiró don Pedro Andaverez Peralta, el domingo 4 de mayo de 1986, negro Caporal, el abuelo Pedro, el machetero; las negras plañideras entonaban la murumbamba, los negros gemían y rumiaban su dolor con los niños como seres angelicales elevan sus plegarias al Supremo Hacedor”.

El más reciente homenaje que se le dedicó al yungueño fue el miércoles 7 de octubre, cuando en sesión ordinaria, la Cámara de Diputados aprobó el Proyecto de Ley 119/2024-2025, que declaró Héroe Nacional del Estado Plurinacional de Bolivia al suboficial Pedro Andaverez Peralta, “insigne ciudadano del pueblo afroboliviano que enfrentó a las tropas paraguayas en la Guerra del Chaco”.

Según esta norma, el Órgano Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación, honrará las acciones del suboficial, incorporando sus fechas (29 de junio de 1906 – 4 de mayo de 1986) al calendario histórico nacional y su biografía a los textos históricos oficiales.

¿Qué le pide usted al Gobierno o a las autoridades para su papá?, se le pregunta a Pedro. Él piensa unos segundos y no duda al responder. “Más que un homenaje a él, yo les pediría a las autoridades de este Gobierno, y de las que vengan, que recuperemos la memoria colectiva”. Mira una foto de su padre en su teléfono celular y continúa: “Las nuevas generaciones deben saber nuestra historia. No hay que honrar solamente a Pedro, hay que honrar a los 50 mil hombres que han muerto en la guerra”.

Habla con orgullo. Remarca que su padre fue un hombre humilde y que al reconocerlo, se reconoce también a un pueblo invisibilizado y sufrido; pero no victimizado.

Antes de acabar la entrevista, Pedro afirma que su papá no para de darle señales. Cuenta que recién encontró fotos antiguas de él en la Guerra. Aquella guerra de 1932 cuando en el campo de batalla un hombre grande luchaba por sus amigos, por Bolivia… y por su vida.

//EO

Fuente: ABI