Que situação!!


Semanas atrás, en la primera vuelta electoral en Brasil, el candidato Flávio Bolsonaro desafió las expectativas de las encuestas que no le daban un lugar primero; sin embargo, se alzó con el 47 % de los votos, justo por debajo del 50% necesario para evitar una segunda vuelta. la victoria en la primera vuelta de las elecciones brasileñas del 4 de octubre, mientras que el preferido en (casi) todas las encuestas ―el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva― obtuvo el 45 % de los votos.

Ambos candidatos han estado haciendo sus últimos esfuerzos con la esperanza de movilizar a sus bases, ganarse a los votantes que apoyaron a los candidatos que no tuvieron éxito en la primera vuelta ―los tres candidatos siguientes a Bolsonaro y Lula han dado su apoyo a Bolsonaro (además de la mayoría del partido mayoritario: el MPD)―, o persuadir a los 6 millones que anularon sus votos para que cambien de opinión. O los 33,5 millones de brasileños que no votaron la primera vez.

A miles de kilómetros del bello Brasil, cuando Trump prometió la insólita oferta de pagarle 5 mil dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos ganaban ambas cámaras del Congreso en las próximas elecciones del 3 de noviembre, algunos quedaron perplejos (¡serían 1.384 billones de dólares!) pero, posiblemente los más ―incluidos MAGAs― ni se inmutaron ni cuestionaron si era un soborno legal porque nunca les llegaron los 2 mil que Trump había prometido en 2025 «financiado por los ingresos de los aranceles a productos extranjeros» que él había impuesto (y que, en muchos casos, la Corte Suprema le revirtió). Era otra bravata de campaña porque … ¿de dónde saldrían? (Los tres estímulos cuando el COVID sumaron 814.000 millones de dólares, la mitad, y vaya que muchos políticos pusieron el grito en el cielo).



Pero en todos lados cuecen habas… Lula debió de estar exultante ―sin tomar necesariamente el añejísimo whisky Macallan de R$ 500.000 que Daniel Vorcaro (el corrupto banquero detenido por hundir el Banco Master) afirma le regaló― cuando el otro día el Congreso le aprobó la Emenda Constitucional 141/2026 que elimina la jornada laboral de 6×1 (seis días de trabajo por uno de descanso) y la sustituye por una semana laboral obligatoria de cinco días con dos días de descanso remunerado (aunque seguro afectará el comercio minorista, la hostelería y los servicios). Y como esa exultación fue corta cuando le pasaron el último poll tracker (resumen consolidado de todas) de las últimas encuestas de intenciones de voto para el ballotage del domingo (si para la primera, Lula iba el 43 % sobre Bolsonaro con un 37 %, en esta segunda Lula va debajo con el 45,6 % versus el 47,3 % de Flávio, aunque el jueves en la noche Datafolha pronosticó empate técnico al 50 % en votos válidos), inmediatamente prometió (e implementó algunas) medidas que podrían mejorar su índice de aprobación: El pasado miércoles 21, el líder del Partido de los Trabajadores promulgó una ley que amplía el límite impositivo básico de ingresos para los microempresarios individuales ―a partir del cual deberán pagar al fisco― y prevé la condonación de deudas tributarias para este colectivo. Ese mismo día, envió al Congreso Nacional una propuesta de enmienda constitucional para garantizar el transporte público gratuito los fines de semana y días festivos para todos.

¡Mire usted: El campeón del antitrumpismo imitando al mismo Trump!

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El sábado salen las últimas encuestas (a diferencia de Bolivia, en Brasil no se limita temporalidad de difusión) y el viernes fue el segundo debate; de ambos no podré incluir data.

El domingo sabremos todos quién ganó. Pero Lula puede darse por satisfecho pues, como bien declaró a quienes le preguntaron por el regalo de Vorcaro: «Se me deu whisky, já bebi. […] Não sei me deu, mas se deu já bebi, pode ficar certo» («Si me dieron whisky, ya me lo bebí. […] No sé si me lo dieron, pero si me lo dieron, ya me lo bebí, tenlo por seguro».).