Pensar en la Bolivia que queremos dentro de 35 años


¿Por qué importa comparar el PIB por habitante de Bolivia con el de nuestros vecinos?

Dr. Boris Branisa Caballero (*)



Fuente: Correo del Sur

Entre 1990 y 2025 transcurrieron 35 años. Bolivia cambió y mejoraron algunos aspectos de las condiciones de vida de su población. Pero el balance económico frente a nuestros cinco vecinos (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú) es insatisfactorio. Seguimos teniendo el menor Producto Interno Bruto (PIB) por habitante de los seis. En 1990, Bolivia y Perú partían de niveles similares; hoy Perú nos aventaja considerablemente. Después de tres décadas y media, me cuesta concluir que hayamos avanzado lo suficiente.

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En medio de la crisis actual, la discusión económica se concentra, con razón, en la estabilización. La escasez de divisas, los desequilibrios fiscales y la inflación afectan a familias y empresas. Recuperar condiciones para invertir y producir es urgente. Pero podemos superar la crisis y descubrir, algunos años después, que nuestra posición respecto de los vecinos apenas ha mejorado.

Propongo mirar otros 35 años hacia adelante, hasta 2060. ¿Podremos reducir esas diferencias? Un niño que comience la escuela en 2027 tendrá alrededor de cuarenta años entonces. Sus oportunidades dependerán de decisiones sobre educación, inversión y producción que debemos tomar en el presente.

Nunca he considerado que el desarrollo pueda medirse únicamente por el ingreso. Durante mi doctorado en la Universidad de Göttingen, bajo la dirección de Stephan Klasen, profundicé en una perspectiva que presta atención a las distintas dimensiones del bienestar. Klasen se había doctorado en Harvard, donde Amartya Sen, posteriormente Premio Nobel de Economía, fue su director de tesis. Sen entiende el desarrollo como una ampliación de las libertades y oportunidades reales de las personas. Desde esa perspectiva, debemos reconocer los avances de Bolivia en esperanza de vida, educación y acceso a servicios básicos.

¿Por qué concentrar, entonces, este artículo en el PIB por habitante? Porque una economía más productiva puede pagar mejores remuneraciones a los trabajadores, ampliar las oportunidades laborales y financiar mejores servicios públicos. El PIB no mide todo el bienestar, pero ayuda a comparar nuestra trayectoria económica con la de nuestros vecinos.

En 1990, Bolivia y Perú tenían un PIB por habitante cercano a 6.300 dólares internacionales. En 2025, Perú alcanzó aproximadamente 16.100 dólares y Bolivia 11.000. Frente a Chile también perdimos terreno: nuestro PIB por habitante pasó de representar el 57% del chileno al 36%. Con Argentina, Brasil y Paraguay las diferencias se redujeron algo, sin alterar nuestra posición como el país de menor ingreso por habitante entre los seis. La separación respecto de Perú, el país más cercano en cuanto a PIB por habitante en 1990, se acentuó especialmente durante la primera década de este siglo.

Conocemos buena parte de nuestros problemas: inversión insuficiente, deficiencias educativas, elevada informalidad, instituciones que dificultan el emprendimiento y una economía demasiado dependiente de los recursos naturales. La bonanza del gas permitió financiar gasto público, pero no desarrollamos suficientes actividades exportadoras alternativas para sostener el crecimiento cuando cayó su producción. Recuperar la estabilidad macroeconómica es indispensable, pero no será suficiente.

En las próximas décadas tendremos que adaptarnos a tres grandes transformaciones: el envejecimiento de la población, el cambio climático y la transición energética, y la inteligencia artificial (IA).

Bolivia sigue siendo un país relativamente joven, pero envejece más rápido de lo que solemos reconocer. Según los censos, la edad mediana de la población pasó de 20 años en 2001 a 27 en 2024. También aumentó la proporción de personas en edad de trabajar. Es el llamado ‘bono demográfico’, una oportunidad temporal que solo podremos aprovechar con empleos productivos.

Con el envejecimiento aumentarán las necesidades de pensiones, atención médica y cuidados. Alemania y Japón afrontaron esa transición con una productividad mucho mayor. Bolivia tendrá muchos menos recursos para hacerlo. Vivir más años es un logro del desarrollo; el problema es llegar a edades avanzadas sin haber generado condiciones para vivir dignamente.

El cambio climático ya afecta la producción. Las sequías, los incendios y la falta de agua tienen costos crecientes. Los incendios de 2024 mostraron la magnitud del problema. No todo se explica por el clima: el uso del suelo, las quemas y la falta de prevención también importan. Adaptarnos exigirá inversiones y mejores decisiones.

La transición energética, asociada a los efectos del cambio climático, por su parte, está modificando los mercados de combustibles y minerales. Durante décadas dependimos de las exportaciones de gas natural. La caída de su producción debería advertirnos al evaluar nuevas oportunidades, como el litio y otros minerales. Contar con un mineral no garantiza que sea rentable explotarlo ni procesarlo dentro del país. Importan los costos, la tecnología y los mercados.

Hay una oportunidad que merece atención: electricidad confiable y competitiva para producir dentro del país, aprovechando fuentes renovables. La electrificación puede cambiar las ventajas comparativas. Debemos evaluar tanto su posible exportación como su uso para aumentar nuestra productividad.

La IA introduce otra incertidumbre. Puede reducir costos, facilitar el acceso al conocimiento y abrir oportunidades para exportar servicios. Pero también puede ampliar las diferencias entre países si las economías más avanzadas en cuanto a trabajadores, infraestructura y empresas incorporan estas tecnologías más rápidamente.

En Bolivia, donde buena parte del empleo es informal y de baja productividad, su adopción no será sencilla. La IA puede ayudar a negocios pequeños a mejorar su gestión y encontrar clientes, pero muchos carecen de conectividad y conocimientos para aprovecharla. Ninguna herramienta resolverá por sí sola problemas que arrastramos desde hace décadas.

La educación será decisiva. Hemos discutido durante mucho tiempo la cobertura y el acceso; debemos prestar más atención a la calidad, especialmente en lectura, matemáticas, ciencias y resolución de problemas. Y tendremos que seguir aprendiendo durante la vida laboral. Lo que hoy estudia un joven difícilmente le alcanzará para trabajar en 2050.

No sabemos cuáles serán las principales exportaciones bolivianas en 2060. Algunas podrían estar relacionadas con minerales, alimentos, turismo o servicios que hoy apenas comienzan a desarrollarse. Sería poco sensato apostar toda nuestra estrategia a un recurso natural o decidir desde ahora qué industrias deberán existir dentro de 35 años.

Podemos crear condiciones para que surjan y prosperen nuevas actividades: estabilidad económica y social, educación de calidad, mejor infraestructura, apertura comercial, instituciones confiables y reglas que favorezcan la inversión y la competencia. Esto exige acuerdos que sobrevivan a los cambios de gobierno, además de capacidad para evaluar políticas y corregir errores. Nuestra experiencia muestra cuánto cuesta mantener esa continuidad.

En 2060 volveremos a comparar el PIB por habitante de Bolivia con el de nuestros cinco vecinos. Me gustaría encontrar entonces diferencias mucho menores y mejores condiciones de vida para nuestra población.

Superar la crisis económica actual será un logro importante y nos tomará algún tiempo. Pero si dentro de otros 35 años Bolivia continúa siendo considerablemente más pobre que sus vecinos, habremos hecho demasiado poco con las grandes oportunidades que todavía tenemos.

* Es economista y miembro del Club de Ginebra.

Fuente: Correo del Sur