¿Y si el Chapare hubiera sido en Potosí?


José Luis Bolívar Aparicio* 

Tenía un amigo con tal mala suerte, que aun cuando lo veo hoy me persigno. Y es que este muchacho nació en viernes trece y con el pie izquierdo, todo le salía mal y cuando no podía irle peor, seguro que algo malo le pasaba y batía su propio récord.

En cierta oportunidad se recogía a casa de una reunión y le dio hambre. No tenía un peso en el bolsillo y se acordó que en un local cercano, compartía con los amigos un compañero que le debía algo como para una hamburguesa, era una buena oportunidad para cobrar su dinero y así saciar su apetito. Mala idea, lo que no sabía es que mientras él llegaba al boliche, dos bandos de rivales estaban a punto de hacer estallar ese local. Entró, ubicó al deudor, le pidió lo prestado, el aludido canceló pues mucho no era y se despidieron. Sólo le quedaba irse pero optó por ir al baño un momento. En lo que descargaba la vejiga, se armó Troya, y en el local volaban mesas, sillas y botellas por doquier, pero como de alguna manera todos se resguardaban, a muy pocos les llegaba algo, hasta que mi amigo salió del baño y le llovió todo. Dos cortes en la cabeza uno en la frente y una deuda en la asistencia pública que lo dejó sin su hamburguesa y con unos moretones que le duraron semanas. Este amigo como muchas veces suele pasar, fue un hombre común, pero en el lugar equivocado y en el momento equivocado.



Que diferencia con Evo Morales, personaje con una Illa envidiable y una suerte que varios quisiéramos tener, pues él más bien parece ser también un hombre común, pero en el lugar correcto y en el momento correcto siempre.

Pocos dirigentes sindicales han logrado ser tan visionarios,  saber proyectarse y hacer que lo proyecten sus allegados para poder lograr sus objetivos tan claramente y en tan poco tiempo además. Nuestra historia está llena de líderes muchísimo más iluminados o más consecuentes con sus principios, pero que no pudieron ser tan eficaces.

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Juan Lechín, Guillermo Lora, Filemón Escobar o Felipe Quispe por ejemplo no tuvieron la misma capacidad de ir más allá de su sector. Las razones son variadas y dignas de un largo análisis pero por los resultados todo hace ver que sólo Morales pudo utilizar debidamente la mejor medida de presión a su alcance.

La contundencia de una medida de presión depende lógicamente de tres factores primordiales:Primero, el pedido debe ser lógico, justificado y su alcance debe tratar de beneficiar a la mayor cantidad de población posible. Evo Morales (esto se lo debe a la escuela de Filemón Escobar) siempre tuvo la audacia de bolivianizar sus demandas por muy sectoriales que fueran las mismas. Cuando pedía algo para sus cocaleros, era muy hábil para encajar su discurso anti imperialista mostrando a los miembros de la Policía Nacional subordinados a la DEA y a la Embajada Americana al reprimirlos. El mensaje era claro, si los cocaleros vencían, Bolivia era la que vencía a los yanquis. Segundo, la gente a movilizar debe mostrarse lastimeramente pobre, mejor si miserable y se debe contar con la cantidad adecuada para que la forma en que se presione, pueda durar en el tiempo de forma militante y disciplinada. La última protesta de los gremiales de La Paz es la mejor muestra, al principio incluso turnándose como lo hacían, se mostraron decididos a cambiar la norma edil de la carnetización hasta las últimas consecuencias. Llegado el momento, el bolsillo, que en su caso se llena en el día a día, se vio afectado y dejaron a sus dirigentes con los crespos hechos y con su pedido perdido.Los cocaleros eran otra cosa, con un cultivo de tres turnos al año, dejando el chaco después de la siembra, eran capaces de estar sentados en la carretera incansables por hasta 3 meses, sin que su trabajo o economía se vean afectados. De paso con un clima benigno como el del trópico cochabambino, le facilitaba el poder partir a Bolivia en 2 por meses sin que su gente muestre cansancio y exija el cese.Tercero, se debe tener la medida adecuada. La huelga de hambre por ejemplo está tan pero tan devaluada, que quien la asume sabe de antemano que  nada va a lograr, así sus esperanzas estén cifradas en ello. Los paros de 24, 48 o 72 horas son contundentes y fracasos al mismo tiempo dependiendo de a quien le toque declarar a los medios a la finalización de los mismos. Hace muchos años que la COB es incapaz de convocar una huelga general indefinida como las que voltearon dictaduras o provocaron la salida de Hernán Siles, puesto que con la carencia de fabriles en el occidente, pocos mineros asalariados y muchos cooperativizados, mayormente alineados al gobierno, y con los campesinos desmovilizados, lo que diga la Central Obrera es casi anecdótico.En cambio los bloqueos de caminos fueron, son y serán la mejor herramienta para poner a un gobierno contra las cuerdas y quienes supieron ensamblar estos tres requisitos, mínimamente lograron satisfacer sus pedidos básicos así no se haya logrado todo el pliego petitorio y de paso sus líderes siempre salieron con un rédito político notable, no por nada el Mallku llegó a diputado y ni qué decir don Evo Morales.Y es que, no es lo mismo bloquear una carretera en Potosí o Tarija o en Pando que cercar a la ciudad de La Paz o peor aún, cortar a Bolivia por la mitad cerrando el paso de movilidades por el Chapare. ¿Qué tal fortuna que la arteria principal de la nación pase por el centro de tu casa? El cocalero tenía en sus manos y a domicilio la clave del éxito para hacer arrodillar a quien quiera y si el mentado tren bioceánico también tocará las puertas de su chaco, seguirán los sembradores de la hoja verde, los que tengan en sus manos la mejor herramienta para detener a Bolivia el día que por angas o por mangas dejen de ser los mimados del poder.No cabe duda que Evo Morales fue al lugar correcto y en el momento correcto, pues si en vez de migrar al Chapare hubiera buscado nuevos derroteros por Yacuiba o Cobija quizás tan solo hubiera organizado el campeonato de fútbol de los bagalleros o si por el contrario al Chapare tan solo hubieran llegado campesinos y no así mineros relocalizados, la capacidad combativa de sus bases no hubiera sido lo suficiente para proyectarlo al nivel que lo hicieron.No quiero desconocer la capacidad política y de liderazgo del actual Jefe de Estado, estoy convencido que es un político nato, con un olfato e iniciativa envidiables y con una cintura a la hora de esquivar los conflictos, formidable. Que la forma en que usa esas virtudes no siempre es la correcta es otro tema, sus deficiencias morales y las de consistencia de su palabra incapaz de sostener sus compromisos han devaluado demasiado sus verdaderas cualidades y lo han dejado en la actualidad muy lejos de aquel hombre ubicado en el lugar y momento debidos.En pleno drama del sector de salud que lleva más de un mes y contando, pese al gran apoyo popular que ha conseguido el grupo movilizado incluso contra la maquinaria comunicacional dedicada a desprestigiarlos, empleando todo tipo de recursos desde las redes sociales hasta propaganda lastimera muy mal hecha, no ha podido mover un centímetro la rígida postura del gobierno enfrascada en su línea que más parece un caparazón.

Sin embargo, la sola amenaza del sector del transporte pesado de poder cruzar sus enormes tráileres a lo largo de las arterias de la patria cerrando toda posibilidad de movimiento, le ha puesto los pelos de punta al Ministro de Gobierno, exhortando a los presidentes de ambas cámaras a que convenzan a este gremio cuanto antes de que el nuevo Código no les afecta en lo más mínimo y que si lo hace, todo es solucionable con buena voluntad y un reglamento escrito a su medida.

Y la conclusión termina siendo la misma, no es tan importante lo popular de tu reclamo o lo impopular que pueda ser el gobierno, lo que importa ni siquiera es lo que se pida, sino quién lo pide y cómo lo hace, y si por un momento hubiera un astuto negociador, capaz de tejer tramas entre los sectores movilizados para lograr beneficios comunes (como tantas veces se vio en el pasado), es posible que se pueda ver al gobierno doblar rodillas por segunda vez, tal como sucediera después del gasolinazo de 2010.

 *Es paceño, stronguista y liberal