Una de las claves del control político ejercido por el MAS sobre los movimientos sociales ha sido el paralelismo sindical muy bien adosado con clientelismo y manipulación de los mecanismos de elección de los dirigentes. El mejor ejemplo es el reciente congreso de la Central Obrera Boliviana (COB) que terminó con la designación de un secretario general plenamente identificado con el “proceso de cambio”. El pasado fin de semana dos ministros y el polémico alcalde de Achacachi, Edgar Ramos, se hicieron presentes en Huarina, en el congreso campesino que debía elegir a los nuevos líderes de los Ponchos Rojos de la provincia paceña de Omasuyos. Un sector de los dirigentes rurales irrumpió en lugar para impedir la posesión de personas allegadas al oficialismo y se produjo una batalla campal que dejó más de 20 heridos. Uno de los ejecutivos, Freddy Tallacagua, denunció que el Gobierno tiene comprados a algunos representantes cantonales que convocaron esa asamblea ilegal, auspiciada entre otros por el canciller Fernando Huanacuni.
Fuente: eldia.com.bo
