Los estadios bolivianos son los ambientes más racistas que se pueda imaginar. Desde Pando hasta Tarija, de Oruro hasta Santa Cruz; a los árbitros les gritan de todo, a los jugadores, entre los hinchas y tampoco se salvan las figuras públicas de la política y de otros ámbitos. A la dirigencia del fútbol, a la justicia y ninguna otra instancia jamás les ha importado este “detalle” y seguramente lo consideran parte del folklore nacional, cosa que pasa con la corrupción y con otras lacras con las que convivimos sin chistar. Si todos tuvieran que reaccionar como Serginho, el volante de Wilstermann que abandonó la cancha acobardado por los insultos de la hinchada de Blooming, los partidos se quedarían sin jugadores y desaparecería el fútbol de Bolivia, cosa que no estaría mal, para que no sigamos haciendo el ridículo y encima de eso pretender ser sede de un Mundial. El tema es que a los mandamases del fútbol se les están ocurriendo ideas muy drásticas con la excusa del racismo y justo deciden actuar cuando hay un equipo cruceño candidateando para ser campeón. De ese racismo nadie quiere hablar.
Fuente: eldia.com.bo
