El tumor venéreo transmisible canino es el más antiguo y el que más mutaciones acumula

Para fechar todas estas ramificaciones, los investigadores tuvieron algo de suerte. Habían localizado un caso extremadamente raro de contagio de la enfermedad de madre a hijo. El TVT es un tumor contagioso (de los ocho que se conocen, casi todos en animales, como el demonio de Tasmania) que se transmite por vía sexual. «Creemos que la madre lo contrajo durante la cópula y se lo transmitió a la cría», comenta Báez. Al perrito se lo detectaron a los 10 meses. En ese tiempo, su cáncer había acumulado un determinado número de mutaciones desde que nació. Como los autores del estudio conocían la carga total de mutaciones de las muestras, pudieron correr el reloj para atrás hasta el primer perro con TVT fechando cada ramificación.
Para localizar el origen y la propagación geográfica, los científicos se aprovecharon de que uno de los procesos que intervienen en la aparición de mutaciones tumorales tiene que ver con la latitud, específicamente con la diferente cantidad de radiación ultravioleta (reconocido carcinogénico). Aunque el TVT es un tumor que se desarrolla en las partes internas del aparato genital, tiende a asomarse al exterior en forma de neoplasias, o formación anormal de tejidos. Los investigadores observaron que las muestras procedentes de las regiones ecuatoriales tenían una mayor carga de mutaciones relacionadas con la radiación solar. De hecho, vieron un gradiente en función de la latitud. Eso les permitió confirmar que el primer tumor debió de surgir en Asia central o del norte.
Una de las cosas que hace más especial a este cáncer es que las células tumorales actuales son herederas de las del primer perro afectado. «Descienden directamente del primer tumor por división celular», recuerda Báez. Esto indicaría que no hay límite (por ahora) al número de posibles divisiones de las células de los mamíferos. Más allá de este dato, la enorme acumulación de mutaciones en las muestras de hoy (unas 38.000 frente a las alrededor de 100 de un tumor humano) permite estudiar qué fuerzas podrían intervenir en la evolución del cáncer.Aunque la aparición de mutaciones es aleatoria, en el caso del TVT cada mutación queda fijada y se acumula a las anteriores. En principio, una mutación puede ser positiva (da algún tipo de ventaja a las células con ese cambio) o negativa. La selección natural debería favorecer las primeras y frenar las segundas pero no hasta el punto de comprometer la supervivencia del afectado. Sin embargo, en este tumor no se observa presión selectiva en un sentido u otro. Aquí la evolución del cáncer parece marcada por una deriva genética neutra. Como dice Báez, «no hay carrera de armamentos entre el tumor y el hospedador, es como si hubieran llegado a un punto de cierto equilibrio».Ese equilibrio encontrado en este cáncer de los perros es el que empiezan a buscar diversos investigadores del cáncer en humanos que se han acercado a la ecología. En vez de una lucha frontal contra las células cancerígenas, que acaba ejerciendo una presión selectiva que a la larga puede fortalecer al cáncer, hay quienes proponen buscar cómo llevar al tumor a convertirse en un parásito con el que se pueda convivir. Y el TVT canino podría alumbrar ese camino.
Fuente: elpais.com
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