
En el mismo momento que escribo estas líneas, se produce un hecho inédito en la historia reciente de Bolivia: en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el 4 de noviembre de 2019, los representantes cívicos con el apoyo de las fuerzas vivas de la nación, aprobaron la llegada del líder cruceño Luis Fernando Camacho a la ciudad de La Paz, para que el Presidente Evo Morales firme su carta de renuncia irrevocable, de un mandato teñido de dolor y sufrimiento.
Y bajo el cielo más puro de América, se unen voces de los distintos departamentos del país, y un canto conjunto de la bella ¡viva Santa Cruz!, a la par de un ¡viva mi Patria Bolivia!. Hechos inobjetables y contundentes de un espíritu que respira aires de libertad, justicia y federalismo.
Aunque ignoro el final de estas letras, siento en la profundidad del largo exilio político, la añoranza de ver otra vez mi país y mi gente. Confieso que he vivido, como muchos exiliados el dolor de la partida. La mía fue hace más de diez años por el Lago Titicaca. La de tantos otros, por caminos diferentes.
Unidos estamos con la consigna de llevar la tricolor nacional hasta el Palacio de Gobierno, y que sea el Presidente Evo Morales, el signatario.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Termino estas líneas con algunos hechos imborrables en mi mente: la valentía, la humanidad, y los principios muy bien sentados de Luis Fernando Camacho, quién pidió perdón a nombre de los cruceños por si alguna falta del pasado hubiera todavía existido en suelo oriental; y el valor de presentar al hijo de un caído en la lucha por nuestra libertad. Gracias, Luis Fernando, a nombre de los exiliados del país – si acaso tengo el derecho para arrogarme tal representación – digo esto porque estimo que es un sentimiento conjunto y compartido.
Las banderas de la Patria, la libertad, justicia y federalismo se alzan como el vuelo de un ave o la flor del patujú como nunca antes en el territorio de Bolivia. Y son estas las banderas que triunfarán luego del largo exilio, y luego de que ya no tenga más palabras para escribir, porque nuestra existencia es finita en la vida terrenal, pero nuestros hijos gozarán de otros aires y anhelos en paz y armonía.
La democracia se consolidará así en el respeto de la dignidad humana, en los derechos y garantías fundamentales, y antes que nada, en el abrazo fraterno de unos y otros.
¡Dios salve a Bolivia!.
Fuente: mauricioochoaurioste.wordpress.com