Al pan, pan y al vino…¡vino!


Por Roxana Pinelo

¡Tenía que llegar el día! Y aparecer alguien que “hurgara” sobre los antecedentes de la humanidad para realizar un análisis científico sobre los orígenes de la maldad, cuyos alcances sorprenden por su creatividad, ingenio y rapidez. Y es que hacen su trabajo con tanta excelencia, que van de un grado cuasi imperceptible a niveles altamente perversos. También por su impunidad, constante negación y la indiferencia que suelen generar en todas las sociedades del mundo. Apañados por ese silencio cómplice que envuelve más de un millón de circunstancias de las que, paradójicamente, no es fácil zafar.

Hasta que apareció un alma bendita que descifra el porqué de tanta barbarie en pleno siglo XXI y lo expone más allá de Rousseau y del mismísimo Lucifer, siempre tan vigente como indescifrable. Marcelino Cereijido, investigador argentino experto en fisiología celular y molecular, prende algo de luz a través de su libro: Hacia una teoría general sobre los hijos de puta (Tusquets 2011) y afirma que existe una “maldad compleja”. También ratifica lo que sospechamos desde un principio: que el machismo “es en sí una de las formas más terribles y comunes de la hijoputez, porque además es caldo de cultivo para generar hijos de puta”. Pero va más allá de sólo expresarlo, porque se pregunta si el término “hijo de puta” es sólo una manera soez de hablar, o más bien la “hijoputez” es una categoría que se convierte en algo preciso, concreto y analizable.



Doctor en fisiología por la Universidad de Buenos Aires, Marcelino Cereijido considera que su trabajo es un acercamiento científico a los orígenes de la maldad y menciona que “todas las personas pueden ser perversas”, afirmación que puede ser considerada como verdad de Perogrullo por los cínicos. Que su obra sea ponderada y también genere tesis y antítesis, reclamos, discusiones y aureolas angelicales: ¿Yo malo? ¿Acaso? Una controversia que haría bien al espíritu colectivo al poner en el tapete un tema urticante y bien malvado. Porque parecería que es cuestión de abrir una puerta, fomentar una veta, o ponderar una mala actitud y, entonces, el mismísimo Lucifer se convierte en aprendiz de pecho, muchas veces entre risas, aporreando a la cultura o achacando a los progenitores.

De ahí que existan personas que sostienen que el cielo y el infierno están en la tierra, y que las visitas al primer espacio suelen ser tan esporádicas como gratificantes, pero que el infierno es más concurrido y cotidiano. Aunque la paz esté por encima de cualquier sensación momentánea y se la pueda disfrutar también en vida¡Que la parca, bien pilla, al menos nos pesque reprimiendo maldades! ¡Aunque probablemente en medio de planes, lecciones y tareas dizque inconclusas! ¡Más vale recordarlo, porque ese también es un dato diario y frío y del que nadie se salva!

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Fuente: www.laprensa.com.bo