Álvaro Riveros Tejada
Dentro las múltiples sentencias que han caracterizado la obra política de Nicolás Maquiavelo, al margen de aquella que reza: “El fin justifica los medios” que es una de las más trilladas de su repertorio, existe otra que no deja de reflejar el estilo sardónico y pragmático de su autor: “Un príncipe prudente no debe observar la fe jurada, cuando dicha observancia vaya en detrimento de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer…”. En buen romance: Uno está obligado a cumplir la palabra dada, siempre y cuando no hayan variado las circunstancias en que ésta fue dada.
Daría la impresión que las máximas del político y escritor florentino fueron inspiradas en nuestra actual economía política. Es más, hoy que se discute la posibilidad de una reelección presidencial, tácitamente prohibida por la Constitución Política del Estado, en el parágrafo segundo de su Disposición Transitoria Primera, que con claridad meridiana establece: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución SERÁN tomados en cuenta a los efectos de los nuevos períodos de funciones”. Precepto que a su vez, fue fruto del acuerdo político congresal de octubre 2008, autorizando a S.E. a optar por dos gestiones presidenciales continuas, de las cuales la última o la actual vigente, tendrá una duración que fenece indefectiblemente en Diciembre de 2014.
La nitidez de la redacción de dicho acuerdo constitucional fue refrendada por el actual ministro Carlos Romero, por entonces cabeza del equipo negociador del MAS, en una entrevista publicada por El Deber, del 22 de Octubre de 2008, cuando ante la pregunta: ¿Cuál fue la clave para acordar la reelección? El respondió: “El presidente renunció a una potencial segunda reelección.”¿Dónde está la duda entonces? Es más, en un párrafo de su libro “Del conflicto al Diálogo: Memorias del Acuerdo Constitucional” Romero añade: “A fin de viabilizar el gran pacto político nacional, el oficialismo aceptó, que el actual período constitucional sea considerado para aplicar la figura de la reelección.”
“Lo plano, no suele traer arrugas” dice el proverbio popular. Como previendo la actual mañosa discusión sobre el tema, los intervinientes a ese histórico acuerdo convocaron a observadores internacionales que sirvan de garantes; entre los que se hallaban: varios embajadores; Raúl Lago de la OEA, Yoriko Yasukawa de NN.UU., Kenneth Bell de la Unión Europea y Wilbert Bendezu del Parlamento Andino, quien calificó el acuerdo como: “uno de los cambios substanciales que limitó a una sola vez la posibilidad de postular a la reelección”
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Finalmente, el propio Presidente de la entonces República, sobre este particular manifestó: “…si para la oposición la segunda reelección es perjudicial, yo dije al compañero Álvaro, levante, no tengo ningún problema y así viabilizamos para que esta nueva Constitución sea aprobada el día 25 de enero del próximo mes.”
A la luz de lo expuesto y ante tanta evidencia sobre el espíritu del acuerdo de prohibir una segunda reelección, ¡no se puede entender!, como acostumbra decir un célebre estadista, por que ahora se empeñan en desconocerlo, salvo que las circunstancias en que este fue firmado hayan variado, hasta el extremo de desconocer lo pactado, siguiendo las cínicas enseñanzas del político florentino, expuestas en el Príncipe de Maquialevo.