¿Y ahora qué?


Manfredo Kempff Suárez

manfredokempff21_thumb Seguramente que uno de los juicios más canallescos y publicitados que se han producido en la historia de Bolivia ha sido el llamado “caso terrorismo” o “caso Rózsa”, que, en el fondo, más que un proceso por terrorismo, fue el deseo ferviente del Gobierno del MAS de descabezar a la dirigencia cruceña, aquella dirigencia combativa pero desprevenida que estaba creando problemas políticos porque no se sometía al poder central. Al extremo de que S.E. sigue hablando, hasta hoy, de un inexistente golpe de estado que se habría producido en Santa Cruz, en septiembre del 2008, donde no hubo ni un muerto, y que, para colmo, nadie más que el Gobierno lo vio. Eran los prolegómenos del montaje.

Lo primero que se debía hacer para acallar a los díscolos que se resistían a aceptar el andino-centrismo y que deploraban postrarse para rendir culto a un ajeno Pachacuti, era desacreditarlos ante el resto de la nación. Pero, además, difamarlos fuera de Bolivia. Para lo primero, para que la antipatía de los bolivianos cayera sobre Santa Cruz, había una fórmula que por manida no era menos efectiva: el separatismo. Un cuento viejo, mentiroso, y pérfido que siempre endosan a los cruceños. Y para el exterior, cuando el mundo ardía por los cuatro costados por las bombas de los fundamentalistas islámicos, ¿qué mejor que la acusación de terroristas?



Con esos dos elementos – separatismo y terrorismo – se armó toda una tramoya que algún día se convertirá en una novela y llegará hasta el cine por tratarse de la intriga más bien montada que mente alguna pueda crear. Conjura hecha pieza a pieza, como un rompecabezas, desde el Gobierno, según todos los indicios. Aunque el argumento no parece salir de cerebros minusválidos, sino de mentes entrenadas para destruir hasta los cimientos más sólidos de una sociedad. Ya existen libros de investigación publicados sobre el tema que son la fuente de datos a la que se sumarán muchas otras informaciones ante la justicia del más conspicuo de los acusadores, el palo blanco del Gobierno, el fiscal de la infamia, ahora huido o escondido no se sabe dónde: Marcelo Soza.

Toda la farsa del “caso terrorismo”, imputado a los cruceños, empezó más bien con un acto terrorista de la Policía, es decir del Estado Plurinacional, cuando en la madrugada del 16 de abril de 2009 fueron ametrallados en sus camas del hotel Las Américas de Santa Cruz y rematados sin asco, los presuntos mercenarios Eduardo Rózsa, Árpád Magyarosi, y Michael Ewyer. Dijeron que se había tratado de un enfrentamiento a balazos entre las fuerzas del orden y los victimados, pero el argumento se cayó por los suelos, fue imposible sustentarlo, y hubo una tácita admisión policial de que se había tratado de un vulgar crimen.

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Lo irónico y cruel de todo esto es que los supuestos terroristas cruceños, ahora a la espera de que concluya su juicio, que siguen purgando penas desde hace más de tres años, no atentaron contra nadie. Exactamente como en el imaginario golpe de septiembre del 2008, donde no existió un solo muerto, ni un herido, a manos de los encarcelados y perseguidos por el fiscal Soza y sus cómplices abogados del Ministerio de Gobierno. Los únicos muertos que hay hasta ahora en los expedientes del proceso cayeron acribillados por las balas de la UTARC, en calzoncillos y sin combatir siquiera. ¿Y del separatismo? Ahí sí que la idiotez es mayúscula. Soza, pese a que algunos de los trasladados a las cárceles de La Paz fueron torturados, no tiene en sus manos un solo indicio serio afirmando que en Santa Cruz hubiera un movimiento separatista, aunque, con todo derecho existiera un vehemente deseo de sacudirse de encima a un mal gobierno, que es cosa muy distinta.

En suma, si la invasión de los ucureños a Santa Cruz, en épocas del MNR, provocaron dolor y muerte, lo cierto es que las bestias llegaron, abusaron y se fueron. Mientras que el juicio trashumante y calumnioso encabezado por Soza, obedeciendo al Gobierno, nos ha herido de otra manera quizás más grave, al haber sometido a muchos ciudadanos inocentes a una justicia oficialista, a un terrorismo judicial, al haber destruido hogares con una inquina y un odio sin parangón. Se ha cometido un daño muy grande contra Santa Cruz, para solaz de muchos que nos detestan. Se han provocado perjuicios irreparables contra nuestra dignidad, que, por eso mismo, no deben quedar en el misterio ni en la duda.

Hay que llegar hasta el final de la investigación interrogando a los abogados coludidos con la extorsión que están en la cárcel de Palmasola, a Marcelo Soza por supuesto como ficha principal, y a aquel otro que, como Soza, desapareció del juicio y que tiene grandes responsabilidades por sus acusaciones en el llamado “caso Terrorismo II”. Esperemos que cuando se cumplan, dentro de poco, cuatro años de los asesinatos en el hotel Las Américas y comenzara el ataque contra la sociedad cruceña, las declaraciones grabadas de Soza, así como sus comprometedoras fotografías, se hayan autentificado. Será el final del proceso y de sus mentores aunque el mal esté irremediablemente hecho.