Desde mucho tiempo atrás, el estilo de vida de ser un criminal hábil ha pasado por muchas fases en nuestra historia. En los años 70 se metió la mafia italiana gracias a la popularidad de películas como The Godfather (El Padrino). En los años 80 Scarface (Cara Cortada) y así sucesivamente fueron en estilos diferentes, dándonos las pautas de como la delincuencia, el mal y el tráfico de drogas generaba una vida envidiable para muchos y criticada por otros en las distintas sociedades del planeta. Hoy, el estilo de vida criminal moderno se puede describir, en tres palabras, ‘Narcotraficante” “Corrupto” “Sicario”
El término ‘Narco’ tiene dos significados principales “narcóticos; drogas ilegales” y “un traficante de drogas”. A pesar de que el tráfico general de drogas es un vicio universal, el término Narco se ha asociado especialmente con la comunidad latina. Sin duda, en parte debido al aumento de los carteles de la droga, los capos de la droga en México, en Colombia y ahora en Bolivia, aunque lo quieran negar los gobernantes del Estado reconocido a nivel internacional.
En los últimos tiempos, nuestro país viene atravesando una relación extremadamente difícil con las drogas. Mientras Morales era presidente, 14 años, el gobierno protector a esta lacra de negocios, nunca había tenido problema alguno con los carteles de la droga, como tampoco lo tuvo el gobierno de García Mesa en la década de los 80. Estos gobiernos, los más notables en este ámbito, fueron los que influenciaron y motivaron el aumento drástico de los cultivos de coca y producción de cocaína, con el objetivo de convertir a Bolivia en un referente mundial de proveedor de cocaína a los grandes carteles de narcotraficantes de Latinoamérica, con el pequeño detalle, que durante el periodo gubernamental evista, se gestó la creación de un cartel boliviano propio, que tiene control geográfico, poder en los centros de producción y lo más anecdótico, un cartel que aglutina a los productores de coca en 6 federaciones con representación política en el Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y en el Poder Judicial.
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Ahora bien, con los carteles mexicanos convirtiéndose en una entidad cada vez más poderosa, las noticias diarias de guerra entre carteles, la batalla de las potencias mundiales para combatir el narcotráfico, etc. Esto ha atraído a muchos guionistas, a generar un nuevo género moderno de drama criminal. El estilo de vida narco ha sido muy destacado últimamente en todos los aspectos entre las redes sociales y las noticias. Desde el debut de la serie de Netflix Narcos, y en muchas novelas latinas, los narcos son vistos como objetivo para que las mujeres “tengan un hombre que tiene tanto dinero” o para que los hombres tengan el “poder de obtener todo ese dinero”.
Este tipo de entretenimiento ha provocado muchas discusiones e ilusiones. Aunque la romantización del narco pueda ser inofensiva, creemos, que la influencia de este tipo de series y películas está calando hondo en las nuevas generaciones de bolivianos. Claro ejemplo, lo que sucedió el fin de semana último, donde un muchacho – hombre de 27 años de edad, se jactó ante los ojos de otros motoqueros que lo acompañaban, representantes de una sociedad enferma cruceña, su influencia maldita como jefe de unos sicarios que mataron sin piedad a tres humildes policías que cumplían su deber en el control de bebidas alcohólicas en la zona del Urubó.
Algunos entendidos en la materia señalan cautela sobre lo que cualquier personaje del narco podría implicar para los latinos y las sociedades de países en desarrollo, donde no existe una educación apropiada, pero si un negocio ilícito fomentado por el propio gobierno. En la serie Narcos, el hijo de Pablo Escobar, Sebastián Marroquín, no apreciaba el retrato muy glamoroso de su padre en la serie.
“Mi padre era mucho más cruel de lo que parece en el programa. Aterrorizó a un país entero.” Marroquín explica: “Tienes que ser responsable al contar esta historia. Miles de víctimas merecen respeto. El programa crea una cultura donde ser narcotraficante es genial.”
Nallar, el personaje que hoy guarda detención en Chonchocoro, es una burda imitación de lo que se ve en las distintas series de este tipo. Pero nos deja una enseñanza clara, preocupante y vergonzosa del comportamiento de una sociedad, de la protección policial, de la ausencia de valores y principios, del asesinato a sangre fría y de la anuencia gubernamental ante el flagelo del narcotráfico.
El crimen organizado avanza con la consolidación del narco estado en Bolivia. El crecimiento del narcotráfico en la región, viene compaginando acciones ilícitas con la delincuencia en diferentes ámbitos, entre ellos el del medio ambiente. Se advierte que el crecimiento de las plantaciones de coca, amenaza a la soberanía de la Amazonía, con poderosa complicidad de un apoyo claro o disfrazado de ciertos líderes políticos regionales y nacionales, el más notorio Evo Morales, expresidente narco de Bolivia.
La presencia de organizaciones criminales que actúan en delitos de tráfico internacional de drogas aliados a delitos ambientales, más precisamente minería ilegal y tala ilegal en los distintos parques protegidos, como ser: Parque Madidi, Amboró, Noel Kempff Mercado y otros. Está consolidando “un ‘narco estado’ que crece como un cáncer, ante la vista, paciencia y protección del gobierno nacional, que ignora los delitos ambientales y del narcotráfico.
La repercusión de la delincuencia abierta y flagrante en Bolivia, conlleva abusos que impactan la selva boliviana, a los pueblos indígenas y a las ciudades intermedias; la economía local y regional se ve debilitada, frente a la evasión de recursos con el contrabando de minerales y maderas, y el gran impacto social y ambiental que se viene ocasionando.
Los bolivianos somos víctimas de la corrupción política, que desmoraliza y empobrece a nuestra nación. La mayoría entra en la vida pública solo para aprovecharse de los asuntos públicos, mediante el enriquecimiento ilícito o la negociación. Así sucedió siempre lastimosamente, pero las nuevas generaciones se han contagiado de este mal de una manera rápida y asombrosa, con el aditivo de querer enriquecerse rápidamente sin que importe el medio para hacerlo. Unos a través del poder político, otros aprovechándose del poder del amigo y los otros sencillamente comprando las conciencias baratas de las autoridades.
Muchos políticos se consideran íntegros, incluso aquellos que son reconocidos como narcotraficante, corrupto y pedófilo. O aquellos, que, con la biblia en la mano, tumbaron a un tirano para robar y comerciar la libertad de todo un pueblo en 11 meses; También tenemos aquellos que llegan a una alcaldía y son más ladrones que los que acaban de salir… O sea, pueblo enfermo, políticos corruptos y una sociedad degenerada por la riqueza mal habida.
El presidente Arce se jacta de que no hay corrupción en su gobierno. Pero cuando los hechos son expuestos, vemos a un hijo que maneja los negocios de YPFB, a un gobernador protegido por la compra de unas ambulancias, a una policía protectora y comercializadora de autos chutos y lo peor de todo a un ministro de Justicia manejando el poder judicial a su antojo a servicio del Gobierno.
Vemos también, una justicia dirigida para dejar libres a quienes armas en mano secuestraron a periodistas en LAS LONDRAS, a un ministro de Gobierno que suelto de lengua indica que no ve evidencia de narcotráfico en Nallar y a un presidente que ayer le agarraba la mano a su jefe de partido y cómplice de corrupción durante 14 años, agarrándole hoy la mano a Choquehuanca manifestando que los masistas no deberían tener miedo a la discrepancia… ¡Hipocresía pura!!
Válgame la inocencia, pero no la ignorancia, en este país se cultiva el mal, lo riegan y se cosecha mierd* en todo el poder estatal, ya sea a nivel nacional, regional y local. Es preferible rodearse de personas que revelan su imperfección, en lugar de personas que falsifican su perfección, como lo hacen las autoridades actuales.
Desde el presidente, los legisladores, los gobernadores llegando a los alcaldes, tienen dos razones para hacer algo, una que suena bien y otra que es la real. Y nuestra justicia podrida se mueve con base en la magnitud de las cantidades de dinero, estas parecen variar en modo notable las determinaciones que asumirán, según hayan de ser pagadas o cobradas…
Que desgracia la nuestra, la de los bolivianos, la del país, que siendo tan pocos demográficamente hablando, tenemos ingentes de corruptos, ladrones y narcotraficantes.
Alberto De Oliva Maya
