Luis Christian Rivas Salazar* El filósofo boliviano H. C. F. Mansilla presentó en Santa Cruz una conferencia titulada: “Aproximaciones a la relación entre Santa Cruz y el liberalismo”, acontecimiento al cual asistí, y es mi intención compartir con el amable lector algunas de sus apreciaciones a modo de resumen.Dice el filósofo que es necesario fomentar un espíritu crítico científico que ponga en duda los “mitos profundos” anclados en nuestra sociedad, tarea principalmente atribuible a catedráticos e intelectuales, quienes trabajan sobre el terreno de las ideas.Los ideólogos oficiales de la descolonización pretenden hacernos creer que todo pasado anterior a los europeos fue esplendoroso, por lo que podemos renunciar sin problemas a los frutos de la civilización occidental, como el racionalismo, el individualismo y la democracia pluralista, que son los cimientos del liberalismo moderno.Desde mediados del Siglo XVI a la mitad del Siglo XX, el área de Santa Cruz se halló en una especie de autonomía forzada, similar a un aislamiento geográfico y cultural, debido a las dificultades de transporte y comunicaciones, al escaso comercio interregional y la debilidad de flujos migratorios, aspectos que según muchos autores, habrían propiciado una idiosincrasia distinta de la predominante en las tierras occidentales. Pero Mansilla sostiene que el Virreinato de Lima y la Audiencia de Charcas sometieron a Santa Cruz y tierras bajas a su jurisdicción, por lo que en estas tierras no se crearon instituciones, normas y procedimientos diferentes al resto del país.De todas maneras, la mentalidad cruceña ha cambiado con el transcurso del tiempo, siendo su argumentación central: la autonomía y los valores normativos han sido y son ligeramente más abiertos al mundo, más afines a un modelo político centrado en la democracia liberal, pluralista y en la propiedad privada.Pero, los empresarios cruceños, al igual que los demás empresarios del país, mantuvieron y mantienen una perspectiva de corto plazo, que cosiste en asegurar una protección mínima a su propiedad y a sus ganancias, descuidando el campo del liberalismo político y cultural, por eso, gobiernos dictatoriales y populistas recibieron y reciben su apoyo. Esta perspectiva de corto aliento, excepcionalmente fue interrumpida cuando la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia bajo la valiente dirección de Fernando Illanes de la Riva, fomentó la consolidación de la democracia en el país, oponiéndose a los regímenes militares entre 1978 y 1982.Por otro lado, necesitamos una perspectiva cultural atenta al contexto internacional, no solo repetir los postulados anti-imperialistas, nacionalistas, teluristas, indigenistas e indianistas, visiones provincianas que han copado las aulas universitarias, y Santa Cruz no es la excepción.Cree Mansilla que estas modas intelectuales no pasarán la prueba del tiempo, en cuanto estas carecen del espíritu de la autocrítica, prescinden de la dimensión de la ironía y el escepticismo. Aspectos de mentalidad de los que también parecen carecer los cruceños, sin desconocer que existen esfuerzos sinceros de acercamiento a la excelencia académica; en la mayoría de los casos, la universidad boliviana es una mera prolongación de la escuela secundaria, porque no existe la universalidad del saber y el fomento de la investigación científica en base a la estimulación de la curiosidad, aspectos que pueden ser corroborados en el estudio: “La reforma de la universidad pública boliviana” de Emiliano Lamo, estudio encomendado por el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana en 1998.No existe una receta única que mejore esta situación, pero un esfuerzo de imitar experiencias positivas sobre todo en el área educativa y desarrollo de la ética de la responsabilidad nos hará avanzar hacia un mundo mejor.*Vicepresidente del Instituto Libertad, Democracia y Empresa