Con sentimiento profundo veníamos reconociendo que nuestra Santa Cruz de la Sierra había dejado de ser la tranquila, la fraterna, la cálida ciudad de todos, tanto de los cruceños como de los llegados ayer y hoy, desde cualquier parte del mundo, en pos de un techo, de un trabajo y de una manifestación cordial y abierta de acogida.
De aquella ciudad, más bien aldea, colmada de paz y amor, lo veníamos diciendo con tristeza, quedaba muy poco o más bien nada. Copada por la delincuencia que se introdujo a raudales y que hizo escuela bajo nuestros propios aleros, Santa Cruz de la Sierra pasó a convertirse en plaza de alta peligrosidad para establecerse y hasta para hacer de ella un lugar de paso.
Más, aunque con dolor admitíamos, no había medianas condiciones para tentar a los extraños y asimilarlos a nuestros núcleos sociales, ni remotamente se nos pasaba por la mente, ni por la más enferma ni deformada de todas, la espantosa, la inhumana, la cruel idea de una calle nuestra trocada en salvaje carnicería humana. Carnicería humana en que horrorizado el transeúnte mañanero encuentra mutilados unos miembros superiores y al siguiente amanecer, parte de un tórax, preanuncio tal vez de un cráneo que posibilite la identificación del infeliz descuartizado, con toda seguridad, por un maniático de la peor especie.
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Como apuntamos líneas antes, con dolor y profundo sentimiento habíamos estado aceptando que nuestra ciudad había dejado de ser lugar tranquilo, propicio para el regocijo, con su naturaleza exuberante, sus costumbres tan sencillas y francas, con su alegría a raudales, su música, sus mujeres hermosas y sus varones de ley. No podíamos concebir mejores cartas de presentación de la urbe llanera y de su gente que sus modos de ser y sus anchos y espectaculares ambientes, regalos de Dios.
Bastaban y hasta sobraban estas realidades para disimular, para suplantar, incluso, los ásperos signos de la delincuencia que, por lo demás, son corrientes en cualquier ciudad que, como la nuestra, está viviendo los fenómenos de la expansión social y natural. Pero ya el bestial episodio de la carnicería humana destruye todo lo que de rescatable nos quedaba de esa pasada Santa Cruz de la Sierra, entre otras cualidades, tan misericordiosa, tan intransigente con la crueldad, con el sadismo que, a menos que estemos mal informados, no tenía antecedentes en ninguno de nuestros medios habitados.
Nada de lo que en materia de crónica roja hubiese aparecido en el más de medio siglo de este Diario Mayor se nos viene a la cabeza. Por eso nos inclinamos a pensar que el protagonista de la carnicería humana, que ha causado un sentimiento de horror y espanto generalizado, o es un grave enfermo mental o un extraterrestre sin Dios ni ley.
Tres en uno
Chochos con el satélite…
Como parece que plata es lo que nos sobra y no sabemos en qué gastarla, el presidente Evo Morales ha ratificado que el país tendrá su propio satélite, aunque sea echando mano de las reservas internacionales que parecen estar rebalsando. No les ha llevado el apunte don Evo a los expertos en telecomunicaciones que han señalado que la adquisición del sosfisticado aparato -además de un elevado costo, los gastos en mantenimiento y plataforma de operaciones- no se justifica porque en Bolivia no es considerable el flujo de comunicación y que tendríamos de sobra con uno o dos transpondedores (un dispositivo electrónico usado en las comunicaciones inalámbricas), que son mucho menos caros.
Pero hay que meterle nomás para que pronto el satélite Tupac Katari, así bautizado anticipadamente, esté orbitando la tierra donde en esta dirección hay bolivianos que chochos de la vida dirán no tenemos pan, pero sí satélite…
Una iniciativa ‘pintuda’ y digna de imitar
El trabajo comunitario es premiado por sexto año consecutivo con el concurso Barrios Pintudos, una iniciativa de las que le hacen falta para tener vecindarios limpios y ordenados. Padres, hijos y maestros de escuela participan en las tareas que logran convertir basurales en jardines. El ejemplo de Cedure, el organizador, bien vale la pena ser imitado para embellecer Santa Cruz, en septiembre y siempre.
Ojalá surjan varios Juanes
Después de décadas, la música ha sacudido la política cubana, nada menos que en pleno corazón de la revolución de Fidel Castro. Su protagonista, el colombiano Juanes y 14 gigantes intérpretes de la trova, la salsa, el rock y el rap, entre otros ritmos musicales. Incomprendido en un inicio, el famoso cantautor colombiano y sus amigos vencieron el miedo de llevar la riqueza de la variedad musical y los mensajes de defensa de la libertad, nada menos que a la Plaza de la Revolución de La Habana. La presencia de más de un millón de cubanos en el concierto Paz sin Fronteras es la mejor respuesta a las infaltables actitudes cargadas de intolerancia. Hay vientos de cambio en la tensa relación cubano-estadounidense. El mundo espera con expectativa que la isla se abra más a las otras naciones y que las otras naciones se abran más a la isla. Juanes ha aportado con su histórica iniciativa para convencer de que el cambio es posible con diálogo. Que sigan apareciendo más Juanes.