Impiden la entrada a Hondura de tres enviados de la OEA y de dos funcionarios de la embajada de España
Tegucigalpa. JOAQUIM IBARZ – ENVIADO ESPECIAL LA VANGUARDIA
El gobierno de facto de Roberto Micheletti adoptó medidas que restringen durante 45 días las libertades de circulación y expresión, además de prohibir las reuniones públicas no autorizadas. Asimismo, impidió la entrada al país a tres empleados de la Organización de Estados Americanos (OEA) y a dos funcionarios no diplomáticos de la embajada de España en Tegucigalpa.
Partir de anoche, el Gobierno exige permiso previo para cualquier reunión y puede suspender a los medios de comunicación que “atenten contra la dignidad, la paz y el orden público”. El ministro del Interior, Oscar Matute, dijo que la libertad de expresión puede ser restringida para preservar la seguridad nacional.
En el país rige un toque de queda que se comienza a las nueve de la noche y termina a las cinco de la mañana.
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“No se trata de coartar la libertad de expresión, sino que si hay un medio que está incitando al odio y la violencia es un deber ponerle un alto”, dijo Matute a la agencia Reuters.
La emisora Radio Globo y la televisión Cholusat Sur, los dos únicos medios hondureños que no apoyaron el golpe militar del 28 de junio, siguen emitiendo las condenas al gobierno de Micheletti, las declaraciones de Zelaya y las convocatorias a las manifestaciones a favor del presidente depuesto.
“Seguiremos desafiando a la dictadura, mañana lunes vamos a salir a las calles a manifestarnos contra los golpistas, los esperamos frente a la Universidad Pedagógica Nacional”, decía anoche un locutor de Radio Globo.
“Vamos a seguir informando hasta que el dictador diga ‘Corten ese canal’”, dijo un locutor del Canal Cholusat Sur.
El decreto del gobierno de Micheletti prohíbe las reuniones no autorizadas por las fuerzas de seguridad. Medidas similares fueron decretadas tras el golpe militar. El decreto busca limitar las acciones del Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe que reclama la restitución de Zelaya, que regresó clandestinamente el lunes a Honduras y está refugiado en la embajada de Brasil.
Las autoridades hondureñas prohibieron la entrada al país a tres funcionarios de la OEA que llegaron a Tegucigalpa para preparar la visita de una misión del organismo panamericano encabeza por el secretario general José Miguel Insulza.
"Llegamos acá en una misión enviados por el secretario general de la OEA, en el aeropuerto fuimos detenidos", declaró el chileno John Biehl, consejero de Insulza.
En el equipo "había dos americanos, un canadiense, un colombiano y yo", explicó. "Uno fue deportado a Estados Unidos y tres irían camino a Costa Rica. Estuvimos seis horas encerrados (…) Como chileno le debo decir que me trajo muy malos recuerdos", dijo Biehl.
La OEA había anunciado el envío de una misión preparatoria para efectuar una mediación que buscaría poner fin a la crisis política que opone al gobierno de facto de Micheletti y al presidente depuesto Zelaya.
El Gobierno también impidió el ingreso de dos funcionarios no diplomáticos de la embajada española en Tegucigalpa que volvían de vacaciones. Al presentar su pasaporte de servicios se les ha impedido el ingreso a Honduras y han sido enviados de vuelta a Madrid vía Miami (Estados Unidos), donde habían hecho escala.
El ministro hondureño de Asuntos Exteriores, Carlos López Contreras, anunció que removerá el estatuto diplomático de la embajada de Brasil en el país si Brasilia no define la situación del ex presidente Zelaya "en 10 días".
"Si en 10 días no se ha definido el estatus de Manuel Zelaya en reciprocidad, Brasil se queda sin representación diplomática, por cortesía no se está planteando invadir el edificio que dejará de ser sede diplomática", dijo López Conteras en conferencia de prensa. El canciller manifestó que fue el presidente Lula da Silva el que rompió relaciones con el actual gobierno hondureño y "nosotros simplemente lo que estamos haciendo es actuar en forma recíproca".
López dijo además que si Brasil no define el estatus de Zelaya, Honduras podría declarar "por presunción" su condición de asilado político, tras lo cual el ex presidente hondureño podría quedarse en el edificio o pedir asilo en Brasil. López definió la protección dada por Brasil a Zelaya como "una intervención" en los asuntos internos de Honduras.
El presidente Lula da Silva rechazó el ultimátum por considerar ilegítimo al gobierno de Micheletti.
En otro comunicado, el Gobierno hondureño pidió a España, México, Argentina y Venezuela retirar sus banderas y placas de las embajadas en Tegucigalpa, así como las matrículas diplomáticas de los coches. El ministro López Contreras vino a decir que como esos tres países expulsaron a los diplomáticos hondureños ahora se les aplica la misma medida.
Ante el plazo dado por Micheletti a Brasil, Zelaya comentó: "Una amenaza contra Brasil y una amenaza para mí como presidente electo por los hondureños, significa más bien un llamado a la violencia que nosotros no lo deseamos, sino que quisiéramos que se arreglara por vía pacífica".
El Gobierno de facto considera "rotas" las relaciones con Brasil
La medida sólo es una reciprocidad debido a que Brasilia decidió el cierre de la misión diplomática de Honduras
Tegucigalpa. (dpa) – El gobierno de facto de Honduras dijo que "las relaciones están rotas" desde el sábado con Brasil, cuando emitió un comunicado dando un plazo de 10 días para que definan el futuro del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya, acogido en la legación brasileña en Tegucigalpa.
El canciller del gobierno de facto, Carlos López Contreras, dijo que la medida hondureña sólo es una reciprocidad debido a que Brasilia decidió el cierre de la misión diplomática de Honduras.
LA CRISIS HONDUREÑA VUELVE AL PUNTO MUERTO
Micheletti amplía el toque de queda en respuesta a los llamamientos de Zelaya a la insurrección
TEGUCIGALPA – JOAQUIM IBARZ ENVIADO ESPECIAL
Manuel Zelaya empieza a mostrar síntomas de agotamiento. Algunos de sus allegados comentan que el derrocado presidente hondureño se muestra incómodo en una embajada sin comodidades, rodeado de unos 85 seguidores, sin camas y sin baños en los que asearse. Su denuncia de que la legación diplomática brasileña en la que está alojado había sido atacada con gases tóxicos fue recibida con escepticismo. Ningún vecino del barrio de Palmira sufrió la mínima molestia ni percibió un olor extraño.
El propio Zelaya denunció el viernes gases especiales y ataques "sónicos" para "amedrentarlo"; dijo que el ambiente "se siente raro y pesado" y que sintieron "náuseas, malestar estomacal, ardor en ojos y vómitos de sangre". Ayer, sus allegados dijeron que el ex presidente ya estaba recuperado.
“Aquí no notamos nada anormal. En estos días ha habido mal olor en la zona por la suciedad provocada por las manifestaciones de los últimos días”, dijo la esposa de un diplomático latinoamericano, que vive a escasos 50 metros de la embajada de Brasil, en la que desde el lunes pasado está refugiado Manuel Zelaya.
Más sarcástico se mostró el capitán Fabricio Cárcamo, que controla con unos 50 efectivos un acceso a la sede diplomática: “Le he ordenado a los soldados que fumaban que apagaran el cigarrillo, no fuera que el humo intoxicara al señor Zelaya”.
En el cansancio físico y psicológico de Zelaya debe pesar el fracaso de su maniobra para volver a la presidencia. Su regreso a Honduras no provocó la conmoción nacional que esperaba. Su entrada clandestina en la embajada de Brasil se programó para que coincidiera con la asamblea general de las Naciones Unidas, que serviría de caja de resonancia para las manifestaciones multitudinarias que se esperaban en la capital hondureña en apoyo a la restitución de Zelaya.
La estrategia no resultó efectiva al no producirse una masiva reacción popular. El diario “El Heraldo” de esta capital informa que Zelaya solicitó a los coordinadores de la resistencia al golpe de Estado que convocaran en Tegucigalpa a unas 500.000 personas para que, tras su regreso, lo reinstalaran en volandas en la presidencia, doblegando a policías y soldados. Citando fuentes de la resistencia, el citado periódico señala que “Zelaya esperaba que un mar d gente lo acompañara para llevar a cabo el plan, pero la asistencia fue escasa”.
Sólo unas 5.000 personas se concentraron en las cercanías de la embajada cuando aún no se había establecido el toque de queda ni las autoridades de facto habían aislado con un cerco de soldados la legación diplomática. En la noche del lunes, apenas unos mil seguidores se quedaron en la zona, lo que aprovechó el Gobierno a desalojarlos a la fuerza. Ayer, apenas llegaron al millar los manifestantes que pidieron el retorno de Zelaya a la presidencia, pese a que era el primer día de asueto desde que el derrocado gobernante regresó a Honduras. Al grito de "aquí nadie se rinde", los participantes en la marcha desfilaron por una de las principales arterias de Tegucigalpa. No hubo choques con la policía al transcurrir pacíficamente la protesta.
“Nos han querido doblegar la moral, pero estamos más fuertes que nunca y vamos a seguir en las calles», dijo Juan Barahona de la dirección del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado. “Aquí vamos otra vez, son 91 días que tenemos de estar en las calles y nadie nos va a parar», dijo la Abuela I’, como es conocida Dionisia Díaz de 75 años de edad.
El regreso de Zelaya no ha alterado la situación política. El presidente de facto Roberto Micheletti controla la situación, con el tiempo jugando a favor ya que las elecciones del 29 de noviembre están cada vez más cerca. La crisis política abierta tras el golpe en Honduras volvió a punto muerto, con Zelaya atrincherado en la embajada de Brasil y el Gobierno de facto negándose a negociar su regreso al poder. Zelaya y Micheletti habían coqueteado esta semana con el diálogo, pero esa posibilidad se ha aparcado de nuevo con los últimos llamamientos a la insurrección del derrocado mandatario. "Totalmente descartado el regreso de La crisis política abierta tras el golpe en Honduras volvió el sábado a punto muerto, con el depuesto presidente Manuel Zelaya atrincherado en la embajada de Brasil y el Gobierno de facto negándose rotundamente a devolverle el poder.
Zelaya y el presidente de facto Roberto Micheletti habían coqueteado esta semana con el diálogo, pero esa posibilidad se esfumó al chocar con un obstáculo aparentemente insuperable: la restitución del mandatario derrocado el 28 de junio.
"Totalmente descartado el regreso de Zelaya. No olviden que tiene cuentas pendientes con la justicia", dijo Micheletti en la noche del viernes.
En las primeras horas de la tarde del sábado, el Gobierno hondureño aumentó el toque de queda de seis de la tarde a seis de la mañana del domingo. En un comunicado informó que se aplica la medida como prevención ante los llamamientos públicos a la insurrección hechos por Manuel Zelaya.
Durante tres días, Zelaya de nuevo acaparó los reflectores, pero los periodistas ya se están marchando de Honduras.