Realidades y perspectivas en la economía boliviana


dantep DANTE N. PINO ARCHONDO

Me ha llamado la atención algunos comentarios en los medios, que hacen referencia a la crítica que – según ellos- supuestos “analistas” hacen respecto a la situación económica. La cual desde su punto de vista, no tiene, ni está en el marco alarmista, en el que la colocan los aludidos y que por el contrario, las medidas que el actual gobierno ha realizado en esta materia, son dignas de alabanza y demostración de una “revolución en marcha”.

Lo curioso de esta defensa apasionada a la economía oficial, es que proviene, no de economistas, sino de sociólogos y algún catedrático en materia política, que es egresado de la facultad de medicina. Y claro, sus descalificaciones tienen el sello de los enamorados por las frases y propaganda que el Gobierno hace para defender lo suyo.



Lamento tener que discrepar con ellos. Primero porque no saben de lo que hablan y hablan lo que no conocen. La economía es algo permanentemente en cambio. Cada minuto se hace economía en el mundo, en decisiones que se asumen y en resultados que se expresan, manifestados en estadísticas, indicadores y cifras que van dando una pauta del proceso económico en cada lugar.

Así que cuando hablamos de la “realidad económica” nos referimos a un momento de ella, respecto a otro momento pasado. Y estos momentos, nos sirven para analizar sus resultados. Los cuales son cuantificables, y por tanto, demostrables. Dicho esto, para aclarar que no se trata de alarmar ni de hacer oposición con el análisis económico, la comparación de la economía entre un año – 2008 y 2009 – nos ha mostrado una importante disminución de los ingresos fiscales, un aumento sostenido del gasto y una contracción en la inversión pública ejecutada.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

En cuanto a las exportaciones, para el mismo período, tanto en valor como en volumen muestran una caída que repercute directamente en los ingresos fiscales como en la contracción de la inversión privada, con su correlato en el empleo y el nivel de los ingresos familiares.

La inflación de precios en la canasta familiar en cifras oficiales refleja una realidad distinta de la que muestran los mercados y existen discrepancias tan obvias, que la metodología para su cálculo establecida en el INE es cuando menos sospechosa. El fuerte incremento de la actividad del contrabando, manifestada en el crecimiento de las actividades ilegales unidas al narcotráfico, así como el envío de remesas del exterior, hacen que la economía de los hogares tenga colchones de amortiguación que evitan el descontento social.

En resumen, el manejo de la economía estatal, de la cual depende en gran medida la economía privada nacional, pasando de la realidad a las perspectivas, muestra graves señales de deterioro e impacto multiplicador en toda la economía nacional. El gasto fiscal, en proyectos como las que demandan las empresas estratégicas creadas y el sostenimiento de la burocracia oficial, obligará a realizar ajustes en los ingresos prefecturales y municipales, que ya se están anunciando.

El incremento de la subvención fiscal a la gasolina, diesel, gas domiciliario y tarifas eléctricas, obligará a reducir la inversión pública en proyectos sociales. La conclusión es que no hemos tenido una política económica que haya previsto estos efectos y que necesitaba de otras medidas distintas a las ejecutadas en el plano energético, agroindustrial, artesanal y agrícola.

Los enamorados del Gobierno, gritan por una nacionalización que dicen recuperó el gas como recurso natural, pero callan que ahora estamos importando gasolina, diesel y gas licuado. Atacan a las regiones que quieren economía de mercado para producir como separatistas, pero callan las prohibiciones a las exportaciones asumidas con carácter político y no de racionalidad económica. Se llenan la boca con el crecimiento de las Reservas Internacionales, pero callan sobre la incapacidad para ejecutar presupuestos en el sector público, sobre el incremento fugaz de los precios internacionales para las materias primas y el endeudamiento interno dramático que se ha realizado a costa del futuro de los trabajadores en edad de jubilarse.

No es pues el ánimo de la alarma lo que nos lleva a expresar en resultados esta realidad y estas perspectivas. Al final de cuentas nadie puede alegrarse de la economía familiar se vaya al diablo, pero no podemos seguir mirando pasivos y callados, el despilfarro de unos en beneficio de pocos.