El todopoderoso le tiene miedo a su víctima


La “muerte civil” que se intenta contra Leopoldo no podrá borrarlo de la memoria del país; el exprefecto, con su luces y sus sombras, es un hombre carismático y de amplia trayectoria política.

imageUn grupo de ciudadanos, frente al penal de San Pedro en La Paz,  expresaron su apoyo al encarcelado candidato Fernández. (Foto ANF)

Sería una ingenuidad creer que el MAS está dispuesto a llevar adelante un proceso electoral transparente, en el que los eventuales contrincantes tengan todos las mismas oportunidades, en el que el partido gobernante no haga uso y abuso de los bienes del Estado o que no utilice todos los mecanismos a su alcance para obstaculizar la campaña de los candidatos opositores.



El MAS tiene una esencia, un estilo que no puede eludir sin correr el riesgo de perder su personalidad. Sus métodos no son democráticos ni tolerantes. La arbitrariedad es inseparable de su conducta y por tanto pretender que hubiera dado alguna facilidad para que Leopoldo Fernández pueda dar a conocer su palabra desde el penal de San Pedro es sencillamente ilusorio.

Este tema muestra nuevamente los dobleces que se han hecho característicos en las acciones del oficialismo. Ahora dice que Leopoldo Fernández es un “reo”, tal como se lo calificó en comunicado emitido por el Ministerio de Gobierno, cuando todo el mundo sabe que nadie es “reo” hasta que no tiene una sentencia de culpabilidad.

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Utilizando este deleznable argumento considera que Leopoldo no puede tener contactos con la prensa debido a su condición de encierro. Las “justificaciones” jurídicas a las que apela podrían ser fácilmente rebatidas por cualquier estudiante de primer año de Derecho.

Eso naturalmente interesa muy poco al gobierno. Lo único que le interesa es anular a como de lugar a los opositores y no se muestra muy proclive a discriminar sobre si los métodos que utiliza para ello son o no legales. No dejar de ser llamativo que el ministro de Defensa, Walker San Miguel, sea el que se encargue de sacar de los pelos cualquier subterfugio para borrar del mapa al encarcelado ex prefecto de Pando.

Con esto podríamos suponer, con suficientes elementos de convicción, que para el MAS, la confrontación electoral tiene un componente militar, es decir de enfrentamiento violento (si hasta incorporó a «barras brava» a su proyecto) donde lo que prevalece no son las ideas sino la fuerza.

Fernández no puede tener contactos con la prensa; esta detenido y acusado dicen los portavoces gubernamentales, oficiales y oficiosos, pero hace unos meses consideraba lo contrario, cuando el propio Ministerio de Gobierno organizó una conferencia de prensa en el penal de San Pedro para que el exdirigente cívico Bernardo Bayard, con lágrimas en los ojos, acuse al opositor prefecto de Tarija, Mario Cossio de ser el autor de la voladura de un ducto. Bayard, dio la conferencia, lloró y dijo lo que el gobierno quería que diga; luego salió libre por obra y gracia de su actitud que no puede ser calificada sino como de repugnante.

Pero lo inaudito es que el Órgano Ejecutivo, simplemente porque le da la gana, desconozca una resolución del Órgano Electoral, para que Leopoldo Fernández, en su calidad de detenido preventivo pueda hacer algunas presentaciones ante la prensa en su condición de candidato a la vicepresidencia.

Naturalmente no se trata de hacer grandes concentraciones en el penal de San Pedro como de manera taimada quieren sugerir los masistas y el patético viceministro Wilfredo Chávez. Se trata, simple y llanamente de que Leopoldo, de la misma forma que cualquier boliviano, así haya cometido un delito, pueda ejercer su derecho a la libre expresión.

El gobierno sabe que no hay el castigo de la “muerte civil”, es decir que un individuo no puede ser borrado de la faz de la tierra y de la memoria de los hombres y suponer que nunca existió pero al parecer eso es lo que quiere hacer con Fernández.

El exprefecto pandino es un hombre carismático, de amplia trayectoria política y por eso antes  del referendo  revocatorio el MAS intentó ganarlo para su lado y en tres ocasiones el vicepresidente García Linera le visitó en su domicilio con este propósito que evidentemente fracasó. Leopoldo rechazó la alianza con el masismo y volvió a ganar en Pando, pero ahí selló su suerte y el gobierno juró venganza, vino la tramoya de Porvenir con las secuelas que son de conocimiento público.

Ahora, tras un año de encierro sin el debido proceso, Leopoldo sin duda tiene mucho que decir y ese es el miedo del gobierno.

El miedo es un fantasma que muchas veces nos hace perder la noción de la realidad y nos conduce al ámbito de la irracionalidad. Por lo visto los masistas no están tan seguros de que su proyecto de perpetuar a Evo en el poder este garantizado y por ello afloran esos instintos primarios que los inducen a actuar con tanta mezquindad respecto de sus rivales políticos.