Bolivia oscila en una encrucijada: de la crisis heredada a una transición complicada bajo el mando de Rodrigo Paz


El gobierno recién estrenado intenta desarmar dos décadas de políticas estatistas y subsidios insostenibles mientras enfrenta protestas y tensiones sociales y económicas.

El presidente Rodrigo Paz. / Foto: Facebook Rodrigo Paz.El presidente Rodrigo Paz. Foto: Fb RP

eju.tv



La llegada de Rodrigo Paz Pereira a la presidencia de Bolivia en noviembre de 2025 marcó un quiebre significativo tras casi veinte años de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS). El triunfo del entonces senador tarijeño representó no solo una alternancia en el poder, sino un realineamiento político económico y social que busca reordenar el país y recuperar la credibilidad en el contexto internacional, una tarea que enfrenta problemas por la negativa de algunos sectores a aceptar las nuevas políticas gubernamentales

Desde su investidura, Paz ha planteado reformas económicas y políticas que involucran una apertura al sector privado, la eliminación de subsidios al combustible, excepto al GLP, y la búsqueda de financiamiento multilateral para estabilizar las finanzas públicas. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, ha señalado que el legado de subsidios era insostenible y parte de un entramado que favoreció la corrupción y drenaje de recursos.

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Las cifras confirman ello, desde la promulgación del Decreto Supremo 5503, el abastecimiento de los carburantes se restableció, es más, la demanda de diésel bajó ostensiblemente, lo que deja en evidencia que la subvención fue sobre todo aprovechada por grupos que se dedicaban al contrabando del combustible a los países vecinos. Empero, pese a que – al parecer – se dieron pasos correctos, la tarea es difícil, porque Bolivia enfrenta una de sus peores crisis económicas en décadas que se patentizan en reservas internacionales menguadas, escasez crónica de combustibles, alta inflación y deterioro de la producción interna.

Según analistas, este panorama es el resultado de una combinación de políticas de control de precios, nacionalizaciones sin incentivos productivos y dependencia excesiva de recursos primarios que erosionaron la inversión extranjera y la capacidad estatal de gestión eficiente. El economista e investigador de la Fundación Tierra, Gonzalo Colque, señala que al haber acabado la bonanza económica, el expresidente Luis Arce Catacora se embarcó en una vorágine de endeudamiento que tuvo consecuencias desastrosas para el país.

Durante el mandato de Arce, 2021-2025, “la deuda interna creció en unos 20.000 millones de dólares. Bajo la excusa de que sufría un ‘sabotaje’ legislativo que le impedía obtener créditos de organismos multilaterales, eligió el camino fácil y discrecional de cooptar el Banco Central de Bolivia (BCB) para imprimir billetes sin respaldo real y monetizar 57 toneladas de las reservas internacionales. Como su sed de dólares era insaciable, tomó el dinero del fondo de pensiones y, por último, violó la Ley del Oro al haber empeñado 8,4 toneladas de las reservas mínimas de oro. Agotó el camino de fuentes internas”, afirma el experto.

La COB comanda movilizaciones contra el DS 5503

Como consecuencia, la administración Paz se ha visto obligada a negociar paquetes de financiación que podrían superar los 9 mil millones de dólares con organismos como el BID, el Banco Mundial y la CAF, para apuntalar sectores claves y restaurar liquidez. Además, ha desplegado esfuerzos diplomáticos para la reinserción internacional de Bolivia, con acuerdos para reanudar relaciones diplomáticas con países con los que se estuvo distanciado, como Israel y Estados Unidos. La finalidad, recuperar aliados que coadyuven a la recuperación económica del país.

“Todo apunta a que el régimen de excepción económica ha sido diseñado para afianzar la relación con Estados Unidos. El Decreto 5503 envía una señal política de alto nivel para avanzar hacia la firma de contratos de préstamos e inversiones. El régimen aprobado también está alineado con los intereses geopolíticos del norte vinculados al control del Triángulo del Litio y a la contención de la influencia china en América Latina”, estima Colque, aunque critica que el decreto “no está técnica y jurídicamente a la altura de ese desafío geopolítico”.

No obstante, las reformas económicas han generado malestar. La eliminación paulatina de las subvenciones parte de un intento por corregir los desequilibrios fiscales, no obstante, ha desencadenado protestas de sectores como mineros, trabajadores fabriles y los maestros, que denuncian incrementos en los precios de los combustibles y temor por la pérdida de poder adquisitivo. A ellos se sumarán en los próximos días los cocaleros del trópico de Cochabamba y sectores campesinos, según el anuncio de las respectivas dirigencias.

La fractura política interna se ve también reflejada en una Asamblea Legislativa fragmentada, donde la necesidad de alianzas complica la aprobación de leyes estructurales. El oficialismo compuesto por el Partido Demócrata Cristiano y la Alianza Unidad no tienen la mayoría necesaria para aprobar futuras normas que serán urgentes para consolidar la recuperación económica. A la antagonista Alianza Libre, la segunda fuerza del Parlamento, se suma una insólita oposición del propio vicepresidente Edmand Lara.

Rodrigo Paz y Edman Lara (Foto: redes sociales)Paz y Lara en campaña. Foto: RRSS

Expertos señalan que, a pesar del cambio de rumbo, el legado del modelo socialista no desaparecerá de inmediato. La estructura de mercado, la cultura política y las redes sociales y sindicales construidas durante décadas aún influyen en la dinámica política del país. Esto representa un reto para Paz, quien debe equilibrar reformas con cohesión social. Sin embargo, las acciones gubernamentales – contra todo pronóstico – no provocaron las movilizaciones y las protestas que preveían algunos políticos y ‘analistas’ ligados al MAS. Se retomó el rumbo democrático, dice el analista Carlos Derpic.

“Al hacer un balance de lo sucedido el año que termina, podemos afirmar que, en lo interno, se siente que la democracia, por la que tantos hombres y mujeres lucharon y dieron su vida y que estaba herida de muerte, se ha reinstalado y uno siente que ya no vive amenazado por el sicariato judicial y fiscal que instaló el MAS durante sus gobiernos”, asegura, para luego referirse al DS 5503. Al respecto hace hincapié “que ha sido respaldado por la mayoría de la población, aunque es necesario estudiarlo en detalle, porque contiene disposiciones cuando menos discutibles”.

El panorama se torna bastante esperanzador, pese a los conflictos, por ejemplo, en el ámbito político, Paz podría consolidar un liderazgo centrado en el pragmatismo si logra acuerdos que fortalezcan la gobernabilidad y reduzcan la polarización. Su apertura a inversores y la negociación con multilaterales podría traducirse en un incremento de confianza externa, aunque dependerá de su capacidad para implementar reformas sin descuidar la cohesión interna.

Desde lo económico, la estabilización dependerá de tres factores: el manejo de la inflación y las reservas, la atracción de inversión privada y la gestión de la deuda externa y los créditos multilaterales. Si estas piezas encajan, Bolivia podría transitar hacia una senda de crecimiento moderado, aunque el país corre el riesgo de futuros desequilibrios si no diversifica su base productiva más allá de hidrocarburos y minerales.

EL gobierno de Paz pudo revertir la escasez de los carburantes.

Socialmente, el principal desafío será mitigar el impacto de los ajustes económicos en los segmentos más vulnerables y evitar que la frustración se traduzca en un rechazo profundo al proyecto de transformación. La percepción ciudadana, particularmente entre los sectores populares y pueblos originarios, será crucial para la legitimación del mandato de Paz.

El cambio de rumbo en Bolivia bajo Rodrigo Paz no es solo una alternancia partidaria, más bien muestra un esfuerzo por reconfigurar el modelo político y económico del país tras años de políticas que dejaron secuelas profundas. El desafío inmediato reside en equilibrar reformas estructurales con estabilidad social y gobernabilidad, en un contexto global y regional complejo. El éxito de esta transición dependerá tanto de la habilidad política del Ejecutivo como de la respuesta coordinada de los actores sociales y económicos del país.