La participación sorpresa del presidente a la reunión del bloque en Paraguay, sin anunciarla ni traspasar el mando, reaviva el debate sobre el respeto a la CPE y la relación fracturada con el vicepresidente.

eju.tv /Video: RRSS RPP
La decisión del presidente Rodrigo Paz Pereira de viajar a Asunción, Paraguay, para participar en la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea tomó por sorpresa incluso a miembros de su propio gobierno. Sin traspasar formalmente el mando ni comunicar anticipadamente su ausencia a la ciudadanía o a otras autoridades estatales, Paz argumentó que Bolivia busca reinsertarse en la escena internacional y aprovechar oportunidades de desarrollo económico para el país.
Sin embargo, la ausencia inesperada, en medio de una crisis política interna marcada por un expreso divorcio con su vicepresidente Edmand Lara, ha sido interpretada por críticos como una movida táctica para evitar enfrentarse a las tensiones domésticas que podrían haberse provocado si se traspasaba el mando tal cual señala la Constitución Política del Estado (CPE).
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El vicepresidente Edmand Lara, elegido junto a Paz el 8 de noviembre de 2025, ha entrado en abierta contradicción con el presidente desde los primeros días de la gestión. Su oposición ha sido tan marcada que algunos analistas y políticos observan que Lara actúa más como una figura de oposición dentro del propio gobierno que como colaborador leal. Esta dinámica ha generado caos comunicacional y desconfianza, con voces que cuestionan la cohesión del binomio en momentos de cambio profundo en las políticas públicas del país.
Lara se ha declarado como ‘opositor constructivo’, pero, en la práctica, las críticas al gobierno del que forma parte formalmente son virulentas, incluso ha calificado algunas acciones del Ejecutivo como ‘mentirosas’ y parte de prácticas ‘corruptas’, aunque sin mostrar en ningún momento prueba alguna de sus ‘denuncias’.
La Constitución Política del Estado (CPE) establece claramente que, en caso de ausencia temporal del presidente, el vicepresidente debe asumir la jefatura del Estado por el tiempo que dure la ausencia, siempre dentro de los límites constitucionales. Aun así, Paz emitió un decreto supremo que le permite gobernar de manera virtual desde el extranjero, mediante firmas electrónicas y comunicación digital, lo que ha generado debate sobre la constitucionalidad de esta norma.
De acuerdo con ese decreto, el vicepresidente queda limitado a ejecutar directrices y tareas específicas definidas por el presidente, en lugar de asumir plenamente la jefatura del Ejecutivo. Sobre la decisión de evitar la transmisión de mando, el vicepresidente señaló mediante su cuenta de TikTok que, “tanto criticaban y decían que Evo Morales le metía nomás, pero Rodrigo Paz le mete nomás. ¿Cuándo se ha visto que se pueda gobernar por Internet?”.
Sectores que respaldan a Paz sostienen que su viaje fue estratégico para insertar a Bolivia en un escenario comercial que podría traducirse en inversión, empleo y crecimiento. Además, argumentan que la gestión virtual es una herramienta moderna para manejar el Ejecutivo sin descuidar compromisos internacionales. Ese es el argumento del propio jefe de Estado, quien justificó también en TikTok la determinación de promulgar el Decreto Supremo 5515.
“Se acabó la excusa de que los papeles no llegan o que falta la firma para que las obras avancen. Con la nueva firma digital, ya no importa si estoy dentro o fuera del país: voy a firmar decretos y proyectos de manera inmediata para que la salud y la educación lleguen a vos sin demoras. Este es el cambio que necesitábamos para tener un Estado que trabaje las 24 horas, los siete días de la semana, y así sacar nuestra patria adelante”, argumentó.

Sin embargo, analistas constitucionales han señalado que la modificación de facto de la línea de suplencia podría violar principios básicos de la CPE, al despojar al vicepresidente de funciones que le corresponden en ausencia temporal del presidente. Más aún, representantes de sectores sociales y sindicales han observado con escepticismo la decisión presidencial en momentos en que las protestas por medidas económicas, como la eliminación de subsidios, siguen activas.
El balance del viaje de Rodrigo Paz al Mercosur es, en lo político, opuesto. Por un lado, fortalece la imagen internacional de Bolivia como socio estratégico en acuerdos comerciales regionales. Por otro, profundiza una crisis interna de gobernabilidad con su propio vicepresidente, que reclama protagonismo y alternativas a las políticas que impulsa Paz. Lo que para unos fue una jugada audaz, para otros representa una interpretación pragmática, pero criticada, de la Constitución. La administración de Paz sale de Paraguay con réditos diplomáticos, pero con el panorama interino más dividido que nunca.