Tras casi cuatro décadas de participación en la política nacional, Acción Democrática Nacionalista (ADN) y Unidad Cívica Solidaridad (UCS) perdieron su personería jurídica al no alcanzar el 3 % de votos en las pasadas elecciones generales de 2025, marcando el fin de dos de los referentes clave del sistema de partidos tradicional en Bolivia.

La política boliviana vive un momento histórico con la desaparición oficial de dos partidos que marcaron buena parte de la vida política desde la transición democrática de la década de los ochentas, en el siglo pasado. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) canceló la personería jurídica de Acción Democrática Nacionalista (ADN) y Unidad Cívica Solidaridad (UCS) tras los resultados de las elecciones generales del 17 de agosto de 2025, al no alcanzar cada uno el mínimo legal del 3 % de los votos válidos, un requisito establecido en la Ley 1096 de Organizaciones Políticas.
ADN fue fundada el 23 de marzo de 1979 por el general Hugo Banzer Suárez, figura central de la política boliviana del último cuarto del siglo XX, quien la construyó tras su salida de la dictadura para competir en la naciente democracia. El partido se consolidó como fuerza conservadora de derecha, participó en múltiples elecciones presidenciales (1979, 1980, 1985, 1989, 1993) y alcanzó la presidencia en 1997 bajo el sistema de democracia representativa y fue pieza clave en gobiernos y alianzas que moldearon la política del país durante los años noventa y primeros años del siglo XXI.
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Tras la renuncia de Banzer en 2001 por razones de salud y su fallecimiento en 2002, ADN entró en una prolongada etapa de declive político. Aunque mantuvo presencia en algunas contiendas y apoyó coaliciones opositoras en distintas elecciones, la fuerza del partido fue menguando paulatinamente hasta quedar fuera de los grandes escenarios nacionales.
Por su parte, Unidad Cívica Solidaridad (UCS) nació en 1989, impulsada por el empresario Max Fernández Rojas con un enfoque socioliberal y un fuerte anclaje en sectores de clases medias emergentes, especialmente en el oriente del país. El partido, arraigado al empresario y luego a su hijo Jhonny Fernández, participó de elecciones nacionales y locales a lo largo de los años noventa y dos mil y formó parte de diversas coaliciones gubernamentales, sin lograr, empero, imponerse como fuerza dominante por sí misma.

Ambos partidos, uno con raíces en la élite militar y conservadora, otro con un origen en la clase empresarial cruceña, lograron mantenerse en la arena política durante casi cuatro décadas y contribuyeron en distintos momentos a gobiernos de coalición, a la configuración de mayorías legislativas y al equilibrio de poderes dentro de la democracia boliviana.
Sin embargo, las últimas elecciones mostraron un claro desplazamiento del electorado y una roca de bases sociales que antes sustentaban a estas siglas: ADN, con la alianza Libertad y Progreso, obtuvo apenas 1,45% de los votos, mientras que UCS, en la alianza La Fuerza del Pueblo, sumó 1,67%, cifras insuficientes para seguir inscritas como partidos políticos nacionales.
La pérdida de personería jurídica implica que ambas organizaciones quedan fuera de futuras contiendas bajo sus siglas actuales, la desaparición de estas siglas puede formar parte de un proceso de renovación de la política boliviana, aunque también es reflejo de la incapacidad de estas fuerzas de proponer visiones atractivas para un electorado cambiante y polarizado; además, mucho tuvo que ver la falta de una estructura real partidaria en las últimas elecciones a diferencia de años anteriores.
Empero, la desaparición de ADN y UCS no solo marca el cierre de estos dos proyectos políticos, también simboliza el agotamiento de gran parte del sistema de partidos tradicionales que dominó la política boliviana desde la restauración democrática de 1982 hasta los primeros años del siglo XXI. Su final será parte del debate político sobre la necesidad urgente de una evolución de las organizaciones políticas si quieren evitar su desaparición.