El magistrado Carlos Ortega señala que se debe “profundizar mucho más nuestras libertades personales”.
Por eju.tv / La Paz / Video: PAT
El magistrado del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) Carlos Ortega calificó como retrógrado la iniciativa de un legislador de sancionar con cárcel a las personas que cometan adultero o infidelidad.
Alegó que eso solo ocurre en estados fundamentalistas como el Islámico y cuyas sanciones incluyen hasta la muerte.
“Esta es una discusión un tanto ya retrógrada que ya no tiene asidero objetivo racional y razonable de discusión (…) El Estado no puede ingresar a sancionar aspectos de moralidad, de libertad de las personas. Esto solo ocurre en estados fundamentalistas (como) el Estado Islámico, que evidentemente sanciona el adulterio, la infidelidad y hasta con la lapidación, es decir, hasta con la pena de muerte, pero Bolivia se constituye un Estado social, democrático, de derecho, donde se respetan las libertades personales”, argumentó Ortega en declaraciones a PAT.
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El promotor del proyecto de ley es el diputado potosino del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Juan José Torres.
La propuesta busca sancionar tanto al cónyuge infiel como a la tercera persona involucrada en la relación extramatrimonial, con el objetivo declarado de proteger el núcleo familiar y restaurar valores morales en la sociedad. La pena propuesta asciende de 2 a 4 años de cárcel por el delito de adulterio.
Durante la presentación de su propuesta, el legisladores afirmó que “en los últimos 20 años el país ha perdido el respeto y la moralidad, comenzando por quienes gobiernan”.
Ortega advirtió que si la norma es aprobada por la Asamblea Legislativa, “sería una injerencia del Estado en nuestras libertades y sería un retroceso y nos constituiríamos en un Estado fundamentalista en cuanto a las moralidades públicas”.
El magistrado del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) Carlos Ortega. Foto: TSJ
A tono de reflexión, el magistrado señaló que Bolivia tiene otro tipo de problemas mucho más graves de los que debemos ocuparnos como el acceso a la educación, al trabajo y al desarrollo económico.
Dijo, incluso, que se debe “profundizar mucho más nuestras libertades personales antes de estarnos preocupando, creo, en aspectos de moralidad personal y moralidades públicas que son absolutamente subjetivas y ni siquiera moralidades objetivas”.
