¿Por qué a unos les da sorojchi y a otros no? La UMSA identifica el gen que protege en altitud


Llegar a más de 3.500 o 4.000 metros sobre el nivel del mar no es igual para todos.

Fuente: DCOM-UMSA



Mientras algunos sienten dolor de cabeza, náuseas y fatiga, que son los síntomas habituales del sorojchi o mal de montaña, otros pueden caminar, jugar fútbol o trabajar sin mayor dificultad. ¿La diferencia podría estar en el ADN? Una investigación liderada por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) identificó un gen vinculado a una mejor adaptación a la altura.

El estudio, desarrollado durante más de 16 años por la Unidad de Biología Celular de la UMSA y publicado recientemente en la revista científica Acta Physiologica, analiza variantes genéticas presentes en la población andina e identifica al gen NFKB1, relacionándolo con la regulación de procesos inflamatorios.

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“El sorojchi, en el fondo, es una reacción inflamatoria del organismo ante la falta de oxígeno. El NFKB1 modula esa inflamación y evita que la respuesta del cuerpo sea exagerada. También vimos que este gen está mutado en el 90% de quienes vivimos en la región andina, en comparación al 30% de quienes viven a nivel del mar”, explicó el Dr. Ricardo Amaru, jefe de dicha unidad.

Para comprobar su efecto, el equipo trabajó en colaboración con la Universidad de Utah, de Estados Unidos, y evaluó a voluntarios europeos expuestos a condiciones similares a 4.500 metros de altitud, observando que quienes portaban esta variante genética presentaban síntomas más leves.

Implicaciones en la salud

La variante genética estudiada se encuentra con mayor frecuencia en poblaciones de la región andina de Bolivia, conformada principalmente por los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, donde miles de familias han vivido por generaciones a más de 3.500 metros de altitud en condiciones de hipoxia, es decir, con menor disponibilidad de oxígeno.

Más allá de explicar por qué algunas personas sufren más que otras al llegar a la altura, el hallazgo abre nuevas posibilidades en salud. Amaru resaltó que comprender cómo actúa este gen podría ayudar, en el futuro, a prevenir o reducir los efectos del mal de montaña en turistas o personas que viajan desde lugares al nivel del mar o del mismo oriente boliviano. Además, al estar relacionado con procesos inflamatorios, este estudio también tiene implicaciones en enfermedades donde la inflamación es un agravante.

Desde una de las ciudades más altas del mundo, la UMSA aporta conocimiento científico con impacto internacional. Lo que comenzó como una observación en laboratorio hace más de una década hoy ofrece pistas concretas sobre cómo el cuerpo humano se adapta a vivir en los Andes y cómo la genética puede marcar la diferencia entre sufrir la altura o adaptarse.