El conflicto no solo le costó su vivienda, sino también la libertad de otro de sus hijos. Según su relato, el hijo que intentó defenderla terminó tras las rejas. «A mi hijo lo ha metido a la cárcel (su hermana mayor) por ayudarme, mi hijo no más me manejaba por todas partes, estoy mal, no puedo, así me ha estafado. (…) Hace cuatro años que estoy peleando en juicio y ella no quiere devolver. Con un tintirillo (abogado) está hablando y se maneja así. No quiere devolver, por eso estamos en juicio», exclamó entre sollozos, que evidenciaron el calvario judicial que enfrenta mientras su hija disfruta de lo que un día fue su hogar.
eju.tv / Video: Cadena A y CVC Noticias
Entre lágrimas y con la voz quebrada por el dolor, una mujer de la tercera edad denunció a su propia hija, a quien acusa de haberla despojado de su vivienda mediante engaños y falsificaciones. Juana Quisberth Espejo relató cómo su hija mayor, María Luisa Mayta, abusó de su confianza una noche de hace cuatro años, robándole los documentos de su casa y haciéndola firmar papeles que creía eran para un préstamo, pero que resultaron ser una compra-venta fraudulenta por 50 mil bolivianos que nunca recibió.
Con el corazón destrozado, la víctima reconstruyó los hechos ocurrido una noche, alrededor de las nueve. «Una noche había venido mi hija, yo vivo aparte. Estaba queriendo dormirme cuando golpeó la puerta. Abrí y me pidió la llave de la cómoda. Le dije que estaba encima. Abrió y me robó todos mis papeles, el documento de la casa. Me dijo: ‘Capaz que te robe tu hijo, yo te lo voy a guardar’. Se los llevó a las nueve de la noche», relató la mujer, sin poder contener las lágrimas al recordar el momento en que la confianza familiar se convirtió en una trampa.
Una semana después, el engaño continuó. La hija volvió con unos papeles que, según le explicó, eran para un registro que determinaría si podía acceder a un préstamo de dinero. La anciana, confiada, firmó sin saber que sellaba su propia desposesión. «Me ha traído el registro, me ha hecho firmar. Cuando después vi, todo había cambiado. En el papel dice 50 mil, pero no me ha pagado ni cinco centavos. Yo no he vendido nada, ella cambió todo con su nombre y yo no he vendido», denunció la mujer que mostró el profundo dolor de haber sido traicionada por su propia sangre.
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El conflicto no solo le costó su vivienda, sino también la libertad de otro de sus hijos. Según su relato, el hijo que intentó defenderla terminó tras las rejas. «A mi hijo lo ha metido a la cárcel (su hermana mayor) por ayudarme, mi hijo no más me manejaba por todas partes, estoy mal no puedo así me ha estafado. (…) Hace cuatro años que estoy peleando en juicio y ella no quiere devolver. Con un tintirillo (abogado) está hablando y se maneja así. No quiere devolver, por eso estamos en juicio», exclamó entre sollozos, que evidenciaron el calvario judicial que enfrenta mientras su hija disfruta de lo que un día fue su hogar.

La anciana, que ahora vive en condiciones precarias, hizo un llamado desesperado a las autoridades para que intervengan y le devuelvan lo único que había logrado construir en una vida de trabajo. «Me ha vendido (dice), cómo va a mentir. (…) No hay justicia para mí», dijo con la dignidad herida y agregó que los fiscales del caso estarían encubriendo a su hija.
Este testimonio que expone la vulnerabilidad de los adultos mayores frente a delitos patrimoniales cometidos desde el interior de la propia familia, donde la confianza se convierte en el arma más peligrosa. La justicia tiene ahora la palabra para reparar, si es posible, esta historia de despojo y abandono familiar.