Álvaro Riveros Tejada
Afirmando que Cuba es víctima de una masacre alimentada por la especulación de Estados Unidos; que Nicolás Maduro sea juzgado en Venezuela y que el dólar no debe ser la moneda hegemónica; el fundador del Foro de São Paulo, y actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva pretende contener, sino detener, el inminente desmoronamiento de esa entelequia castrochavista que gobernó el continente, desde México hasta la Argentina, por cerca de un cuarto de siglo.
Olvida el ex tornero paulista, que la masacre que sufre el pueblo cubano, desde hace 67 años, nace cuando una turba de facciosos se hizo del poder en la isla y, con el apoyo de la antigua Unión Soviética, impuso una dictadura comunistoide familiar y parásita, que perdura hasta nuestros días.
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Asimismo, aterrorizado por el giro que vienen cobrando los acontecimientos de tipo político en toda nuestra región, diametralmente opuesto a la doctrina del llamado Socialismo del Siglo XXI, Lula añade que Nicolás Maduro sea juzgado en Venezuela y no en los Estados Unidos, donde fue llevado después de su espectacular captura, precisamente para evitar un juzgamiento parcializado de parte de la camarilla de traidores que lo entregó, a cambio de hacerse del poder.
Es más, olvidando que el narco dictador usurpó la presidencia venezolana desde el 28 de julio de 2014, diez años más tarde, en julio de 2024, luego de buscar su tercer mandato en unas elecciones señaladas de fraudulentas por la oposición política y la comunidad internacional, se negó a reconocer la genuina victoria de la oposición que lo derrotó por más del 70% de la preferencia electoral venezolana y forzó al Consejo Nacional Electoral a proclamarlo como presidente electo para el período 2025-2031, sin el cumplimiento de la publicación obligatoria de las actas electorales en la página Web.
Finalmente, un informe de la Organización de Estados Americanos determinó que durante la gestión del sátrapa, se cometieron crímenes de lesa humanidad, y las Naciones Unidas han reportado más de 9000 ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad durante las “operaciones de liberación del pueblo” contra presuntas organizaciones criminales, con una alta letalidad policial y militar enfocada en barrios populares. Se documentaron torturas y tratos crueles, afectando gravemente a mujeres jóvenes y pobres. Más de ocho millones de venezolanos se vieron en la obligación de salir al más triste destierro.
A la luz de lo expuesto y ante las intimidantes acciones de un Donald Trump en contra de sus declarados enemigos, se sobreentiende la cagueta del forista de São Paulo, en especial, cuando recuerda lo expresado por el irascible mandatario yankee, al exteriorizar su firme respaldo a Jair Bolsonaro ante su proceso judicial y condena en Brasil, calificando las acciones legales como una “cacería de brujas” y una “ejecución política” comparable a sus propios desafíos legales.
Durante 2025, el gobierno de Trump implementó diversas medidas para presionar a las autoridades brasileñas con el fin de que se retiraran los cargos contra Bolsonaro: Trump impuso inicialmente un arancel del 50% a los productos brasileños. Aunque posteriormente suavizó algunas de estas medidas, la amenaza arancelaria se utilizó directamente como represalia por el juicio contra el expresidente brasileño. De dicha actitud es fácil predecir el futuro que le espera a Lula y a su malhadado Foro de São Paulo, ambos dignos de celebrar un Requiem para una Utopía.
