Zamora plantea nuevo rumbo para aeropuertos, hub y rescate de BOA


Tras el accidente del Hércules C-130 en El Alto, el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora sobre seguridad aeroportuaria, el hub Viru Viru, cielos abiertos y la reestructuración de BOA.

 

Por César del Castillo



Fuente: eldeber.com.bo

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El viernes 27 de febrero alteró la agenda nacional. El siniestro del Hércules C-130 en el aeropuerto de El Alto dejó 24 fallecidos y escenas que todavía estremecen. Mauricio Zamora no estaba en La Paz cuando ocurrió la tragedia. Volaba desde Tarija, pero el cierre de la terminal le impidió llegar. A primera hora del día siguiente se presentó en el lugar.

“Me subí a Torre de Control, vi cámaras, vi el estado del aeropuerto y apunté toda la información”, relató en el programa Influyentes de EL DEBER.

No fue una visita protocolar. Escuchó audios, revisó informes y recorrió la zona donde la aeronave sobrepasó la pista. “Una cosa es verlo por las imágenes, otra cosa es estar ahí”, confesó.

Desde el punto de vista operativo, sostiene que la pista estaba habilitada. “Cuando el aeropuerto identifica que no es operable, lo cierra. En este caso, sí había una zona de granizo, pero el aeropuerto estaba operable”. La decisión de aterrizar —aclaró— corresponde al piloto cuando las condiciones no obligan al cierre formal.

El vuelo era militar, por lo que la investigación compete a la Fuerza Aérea. “No interviene la DGAC… yo tenía que ver qué ha pasado”, explicó. También destacó la coordinación inmediata del gabinete. Defensa, Gobierno, Salud y Educación activaron protocolos desde el primer momento.

La escena pudo ser peor. La aeronave terminó muy cerca de una avenida transitada. “Con suerte fue una tragedia… si hubiera afectado a viviendas, hubiera sido de mayor magnitud”, admitió.

¿Un nuevo aeropuerto para La Paz?

La tragedia reactivó una pregunta recurrente: ¿debe seguir operando el aeropuerto de El Alto en su ubicación actual? Zamora responde con cautela. Recuerda que el desarrollo urbano suele rodear a las terminales aéreas. “El aeropuerto te trae desarrollo alrededor… eso no lo puedes evitar”, afirmó, evocando el caso de El Trompillo y su reemplazo por Viru Viru.

Pero hablar de una nueva infraestructura exige realismo fiscal. “Estamos en una recuperación del Estado, no hay platita”, dijo sin rodeos. Bolivia posee un sistema aeroportuario amplio, incluso con terminales de bajo flujo. Planificar una nueva obra implicaría estudios técnicos, compra de tierras y un esquema de financiamiento que hoy no está definido.

“Para planificar un aeropuerto en otra zona hay que ser reales… no podemos ilusionarnos”. La prioridad, en el corto plazo, es mejorar lo existente: pistas, áreas de seguridad y procedimientos.

Viru Viru: luces, accesos y

falencias

La conversación giró luego hacia Santa Cruz. Zamora reconoció deficiencias en la principal terminal del país. “No solo es precario el acceso y la iluminación, sino la señalización”, admitió. Relató que una de sus primeras instrucciones fue mejorar la orientación interna y externa del aeropuerto.

Más allá de la señalética, hay problemas estructurales. “Los aires acondicionados son tan antiguos que se estropean cada semana… hemos tenido que alquilar aires portátiles”. También describió congestiones en horarios pico, cuando varios vuelos internacionales coinciden de madrugada, generando cuellos de botella en migración y aduana.

El ministro asegura que los problemas están identificados y que trabaja con Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos (Naabol), Migración y Aduana para agilizar procesos. Entre las medidas analizadas mencionó la eliminación del formulario 250 y la reubicación de escáneres.

Hub Viru Viru: ambición y concesión

Para Zamora, el proyecto estratégico es convertir a Viru Viru en un hub regional de pasajeros y carga. “El Hub Viru Viru es uno de mis proyectos que yo lo voy a realizar”, afirmó. El modelo apunta a una concesión con un socio especializado que aporte inversión y know-how.

El ministro viajó a Lima para observar la experiencia del aeropuerto Jorge Chávez. Busca replicar una lógica de concesión con metas claras: ampliación de pista, modernización de terminal y atracción de nuevas aerolíneas. “Tienen que llegar más pasajeros a Bolivia y eso va a atraer flujo económico”.

El proyecto, dijo, se trabaja con transparencia y reuniones abiertas con empresas que acrediten experiencia en administración aeroportuaria.

Más allá de los aspectos operativos, Zamora considera que Viru Viru tiene un potencial que todavía no ha sido plenamente aprovechado. Por su ubicación geográfica, explica, Santa Cruz está en una posición estratégica dentro de Sudamérica que podría permitir conexiones más eficientes entre el norte y el sur del continente. “Tenemos un aeropuerto con mucho potencial, pero tenemos que hacerlo más competitivo”, señaló. A su juicio, mejorar la infraestructura, ordenar los servicios y fortalecer la gestión aeroportuaria son pasos indispensables si Bolivia pretende convertir a Viru Viru en una plataforma regional de pasajeros y carga.

Cielos abiertos y las nueve

libertades

Zamora matizó el concepto de “cielos abiertos”. “No es que el presidente diga abro los cielos y listo”. Recordó que existen nueve libertades del aire que regulan desde el sobrevuelo hasta el cabotaje.

La apertura requiere acuerdos bilaterales y ajustes normativos. “Tenemos que modificar dos leyes y presentar un decreto”. El objetivo declarado es mejorar el servicio y aumentar la competencia, pero cuidando la sostenibilidad de la línea estatal.

El ministro también subrayó que el debate sobre cielos abiertos suele simplificarse en exceso. A su juicio, la discusión pública suele reducirse a permitir o no el ingreso de aerolíneas extranjeras, cuando en realidad se trata de un entramado de normas internacionales que determinan desde los derechos de sobrevuelo hasta las operaciones comerciales dentro del territorio. “La población escucha cielos abiertos y piensa que es solo una decisión política, pero detrás hay reglas, acuerdos bilaterales y compromisos que el país tiene que cumplir”, explicó.

En ese contexto, Zamora considera que la apertura debe avanzar de manera gradual y con criterios técnicos. Bolivia, afirma, necesita equilibrar dos objetivos: ampliar la oferta de vuelos y proteger la sostenibilidad de su sistema aeronáutico. Más aerolíneas significan mayor competencia, frecuencias y eventualmente precios más bajos, pero también exigen infraestructura aeroportuaria eficiente y operadores locales capaces de competir. “Nosotros queremos el mejor servicio para la población, pero también tenemos que cuidar que nuestro sistema funcione”, señaló.

BOA: eficiencia o declive

El último bloque se centró en Boliviana de Aviación. Zamora no esquivó la crítica. “Estábamos mal, estamos mejor”. Describió una flota reducida, aviones en tierra que generan costos de alquiler sin facturación y rutas saturadas.

El plan de reactivación contempla ampliar la flota a 15 aeronaves en el corto plazo y optimizar frecuencias. Pero el eje, insistió, es la eficiencia interna. “BOA tiene que volverse eficiente… si no se vuelve mejor, está chau”.

Parte de las dificultades que enfrenta la aerolínea estatal, según Zamora, se explica por el estado y la disponibilidad de la flota. El ministro señaló que la empresa heredó aeronaves alquiladas que permanecen en tierra por problemas técnicos o de mantenimiento, lo que implica un costo significativo sin generar ingresos. “Tenemos aviones que pagamos alquiler de estar en tierra sin facturar”, explicó. Esa situación, añadió, limita la frecuencia de vuelos y reduce la capacidad de respuesta de la empresa en temporadas de alta demanda, obligando a reorganizar rutas y priorizar destinos mientras se recupera la operatividad de las aeronaves

Incluso anunció sanciones económicas para demoras atribuibles al personal. “Cuando te tocan el bolsillo es la única forma de que funcione”.

La tragedia de El Alto, la modernización de Viru Viru, la eventual apertura de cielos y la reestructuración de BOA forman parte de un mismo desafío: construir un sistema aeroportuario seguro, competitivo y sostenible en un contexto fiscal restrictivo. La agenda, tras el 27 de febrero, quedó marcada por la urgencia y la planificación.