En la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas, el país expuso que el narcotráfico opera hoy como una economía ilícita transnacional cuyo principal motor es el flujo financiero ilegal.

Bolivia planteó en la 69ª sesión de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas (CND) la necesidad de colocar el desmantelamiento de las finanzas del narcotráfico como eje central de la política antidrogas global, planteamiento presentado durante el side event internacional ‘Desmantelando las Finanzas del Narcotráfico: Sinergias entre Bolivia y la Unión Europea para Garantizar la Integridad Financiera y la Seguridad’, organizado junto con la Unión Europea y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
El evento, que se lleva a cabo en la capital de Austria, Viena, reunió a autoridades gubernamentales, expertos en seguridad, organismos multilaterales y representantes de distintos países para analizar la creciente convergencia entre narcotráfico, lavado de activos y otras economías ilícitas transnacionales. La sesión fue inaugurada por el vicecanciller del Estado Plurinacional de Bolivia, Carlos Paz Ide, quien destacó la necesidad de fortalecer la cooperación internacional frente a la evolución del crimen organizado.
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El vicecanciller subrayó que el narcotráfico contemporáneo ya no puede entenderse únicamente como un fenómeno de producción o tránsito de drogas, sino como parte de ecosistemas criminales complejos que integran flujos financieros ilícitos, corrupción, delitos ambientales y redes logísticas internacionales.
Por su parte, el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano Urenda, expuso la dimensión económica del narcotráfico contemporáneo y advirtió que este fenómeno ya no puede analizarse únicamente como una cadena de producción, tránsito y consumo de drogas. “El narcotráfico actual funciona como una economía ilegal global altamente rentable que conecta territorios, mercados y múltiples actividades ilícitas”, explicó.

Como ejemplo de la sofisticación de las redes criminales, el viceministro mencionó una investigación reciente vinculada al hallazgo de cocaína oculta en contenedores de madera destinados a exportación. En ese caso se identificaron nuevas tecnologías de impregnación química utilizadas para ocultar la droga en estructuras de madera. “Este caso demuestra que el narcotráfico hoy opera con innovación tecnológica, planificación estratégica y redes transnacionales”, señaló.
Justiniano explicó que en Bolivia se estima la existencia de aproximadamente 40.000 hectáreas de cultivos de coca, con una producción potencial cercana a 300 toneladas de cocaína al año. Esa producción representa alrededor de 750 millones de dólares dentro del país, pero puede transformarse en decenas de miles de millones de dólares en los mercados internacionales.
El viceministro también destacó la dimensión regional del fenómeno, señalando que parte importante de los flujos de droga que transitan por Bolivia se dirigen hacia Brasil, donde operan organizaciones criminales como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho. “Esto confirma que el crimen organizado ya no reconoce fronteras. Nuestras respuestas tampoco pueden tenerlas”, afirmó.
Al cerrar su intervención, Justiniano sostuvo que la lucha contra las drogas no puede medirse únicamente en toneladas incautadas, sino en la capacidad de los Estados para debilitar la economía ilícita que sostiene al crimen organizado. “La verdadera fortaleza del narcotráfico no está solamente en la droga que produce, sino en el dinero que mueve. Por eso, desmantelar sus finanzas es hoy una prioridad para la seguridad global”, remarcó.