Femineidad Vs. Feminismo


Recientemente, se dio la expresión: “… no quiero o no quería perder años trabajando en casa, haciendo un trabajo que no permita realizar mis sueños…”, y viniendo dichas palabras de una dama, autoridad nacional, en conferencia de prensa, es decir, tenía todo el foco de atención, o por lo menos de parte de los medios, y entre una pobre oralidad, articuló lo escrito.

En épocas de “vientos de liberalismos” lo dicho provocó muchas reacciones, unas a favor, otras en contra, unas sustentadas, y otras no tanto; ahí es donde se me vino la frase: “el 99% es conservador, pero no lo sabe”. ¿Y por qué se dio ello?, porque se tocó un tema delicado, o que hoy llaman delicado debido a que una muy buena parte fuimos criados por madres que dejaron todo para criarlo a uno, para ser ama de casa, otros tuvieron una abuela, tía, hermana, inclusive esposa, y generalmente en la juventud combinado con la falta de madurez quizás no se llegue apreciar ese rol, ese rol de callar para forjar una familia, y, dicho sea de paso, el núcleo de la sociedad.



Si vemos de un contexto histórico/económico antes, esa figura era muy común, la madre en el hogar y el padre obteniendo el sustento para el hogar, hoy en día disminuyó, pero sigue existiendo; ahora hay madres, licenciadas, magíster, doctoradas, trabajadoras de “sol a sol”.

Pero, ¿y el contexto eclesiástico?, digo, tantos cristianos que esbozan su creencia, ¿es bueno o malo lo que dijo?, ¿qué es más importante: el querer, o: el deber?, porque es valedero seguir sus sueños, pero ahí a decir que el trabajo en casa es perder años, cuando el trabajo en casa, por más que no se nota es la esencia de la familia, la cual a su vez, como se citó, es el núcleo de la sociedad, es la primera educación, donde se aprende a ordenar el cuarto, a decir: gracias, por favor, a saludar, todo ello aprendido en el día a día en la casa, donde se forjan las creencias, valores, y hasta virtudes.

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La mayor parte de lo expresado, proveniente de la madre, pues es el ente que gesta, que da a luz, que amamanta, y que tiene un muy fuerte vínculo con el hijo, porque sale de ella, y ese ser pasa a ser su todo.

Y no podemos dejar de lado las redes sociales, donde quizás la maternidad no sea muy apreciado, porque no se ven estados, historias, u otros venerando el rol materno, salvo para el Día de la Madre; en una sociedad donde cada vez pregona más el consumismo, donde las fotos, videos, viajes, moda y otros priman, lo esencial se está dejando de lado, ahí donde radica los lemas: “la vida es una sola, hay que vivirla”, o “nadie me puede juzgar”, frases que solo incitan al “querer”, yo quiero esto, yo quiero lo otro, sin notar que como seres humanos, tenemos roles preestablecidos, o como se puede decir: “se debe sentar cabeza”, porque el hombre fue dado al mundo para gobernarlo, poblarlo, rendir culto.

La mujer, biológicamente, tarde o temprano siente el “llamado”, aunque ese llamado se opaca por el consumismo, y también del compromiso de por vida, pero que una vez en estado de gestación el “chip” cambia, deja de ser mamá de gatos o perros, porque dentro de ella algo increíble se está formando, y no, no son obstáculos, porque si no, todos fuimos obstáculos de nuestros padres, porque dejaron de comer, de vestir, de dormir para darnos en bebés el cuidado y afecto necesario.

Muchas madres podrán decir, sin temor a equivocar, que el hijo agota corporalmente, pero regocija emocionalmente, por eso son incansables, imparables, corajudas, porque a pesar de que hoy ya no se escucha a niñas deseando ser madres (en un tono infantil, cuando se les consulta que quiere ser cuando sea grande), cuando llega el momento, se desenvuelven tan impecablemente que un varón no podría lograrlo con la probidad, pulcritud y devoción demostrada.