En Bolivia, cerca de cuatro de cada diez personas no cuentan con saneamiento básico, mientras que entre el 30% y 35% del agua potable se pierde debido al deterioro de las redes, lo que evidencia la magnitud del problema.
Más de 249 mil personas en Bolivia mejoraron su acceso a agua potable y saneamiento básico en los últimos tres años, a través del proyecto Yaku, una iniciativa ejecutada en 78 comunidades rurales y barrios periurbanos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. El programa, denominado «Cerrando brechas: agua y saneamiento para barrios periurbanos en Bolivia», fue financiado por Japan Tobacco International (JTI) y ejecutado por Hábitat para la Humanidad Bolivia. La intervención superó ampliamente su meta inicial de 78.420 beneficiarios.
En el país, cerca de cuatro de cada diez personas aún no cuentan con saneamiento básico, mientras que entre el 30% y 35% del agua potable se pierde debido al deterioro de las redes, lo que evidencia la magnitud del problema estructural en el acceso a servicios básicos, señala una nota de prensa.
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El proyecto se enfocó en comunidades donde las familias carecían de acceso adecuado a agua segura y baños en sus viviendas, una situación que impactaba directamente en la salud y en las prácticas de higiene.
Intervención en tres regiones
Las acciones se concentraron en municipios y zonas específicas de los tres departamentos del eje central. En Santa Cruz, el trabajo alcanzó a más de 20 comunidades en Warnes y Porongo; en Cochabamba, se intervino en la zona sur y municipios como Arbieto, Arani, Villa Rivero y San Benito; mientras que en La Paz, el proyecto se desarrolló principalmente en Palca y Achocalla.
Durante este periodo, JTI destinó una inversión de 1,5 millones de dólares para la implementación de soluciones de acceso al agua, saneamiento y fortalecimiento comunitario.
Soluciones domiciliarias y comunitarias
El proyecto combinó infraestructura con capacitación y organización social. En las viviendas se instalaron grifos, lavanderías, sistemas de cosecha de agua de lluvia y baños con biodigestores, que permiten reutilizar residuos como abono.
A nivel comunitario, se construyeron tanques de almacenamiento, redes de distribución y plantas de tratamiento de aguas residuales, además de mejorar baños e instalar estaciones de lavado de manos en unidades educativas y centros de salud.
En Achocalla, La Paz, por ejemplo, se implementó una planta de tratamiento descentralizada, considerada una alternativa viable frente a los altos costos de grandes infraestructuras.
Fortalecimiento comunitario y sostenibilidad
El proyecto también impulsó el fortalecimiento de los comités de agua existentes, mediante capacitación técnica, gestión administrativa y definición de tarifas para el mantenimiento de los sistemas.
Como resultado, varias organizaciones comunitarias comenzaron a gestionar recursos propios y a buscar financiamiento adicional con gobiernos locales e instituciones públicas.
Además, las familias beneficiarias participaron activamente en la construcción de las soluciones, aportando mano de obra como parte del proceso.
Uno de los resultados destacados fue la capacitación de 204 mujeres como plomeras, principalmente en Santa Cruz y Cochabamba, lo que contribuyó a reducir brechas de género en un oficio tradicionalmente masculino.
En varios casos, esta formación permitió a las participantes acceder a ingresos propios y mejorar su autonomía económica.

