Mientras las horas pasan y la esperanza se tensa como un alambre en la oscuridad, la familia aguarda en la boca de la mina con la angustia de quien sabe que cada minuto cuenta y que la montaña no tiene prisa por devolver lo que se llevó.
eju.tv / Video: Radio Fides
Cuatro días bajo tierra, una familia en vilo. En las entrañas del Cerro Rico de Potosí, donde la plata y la muerte han tejido una historia común durante siglos, un joven de 28 años permanece atrapado desde hace cuatro días. La mina Bolívar, uno de los socavones que aún respiran en la montaña que un día fue el corazón de un imperio, se tragó a un trabajador la tarde del 19 de marzo. Desde entonces, su familia espera en la boca mina con los ojos fijos en la oscuridad que solo devuelve el eco de las palas y la respiración contenida de los rescatistas.
El coronel Mirko Bustos, comandante departamental de la Policía en Potosí, confirmó la gravedad del hecho y detalló las circunstancias que envuelven al desaparecido.
“Hemos tomado conocimiento de una denuncia con relación a la desaparición de una persona en el interior de la mina, presumiblemente habría sufrido un accidente en el Cerro Rico de Potosí. Este hecho se habría suscitado el 19 de marzo, hace cuatro días. De acuerdo a la información de los familiares, esta persona habría entrado a trabajar y se tiene la información de que habría caído un promontorio de tierra de la parte alta, donde supuestamente o posiblemente haya sido enterrada esta persona con ese promontorio de tierra”, relató la autoridad policial.
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El operativo de rescate enfrenta desafíos que van más allá de la urgencia. El equipo de bomberos Caracoles – Potosí fue desplegado en una zona de alto riesgo donde cada paso debe medirse contra la amenaza de nuevos desprendimientos.
“Se ha trasladado personal de bomberos a este lugar. Es un área un poco inaccesible, aproximadamente unos 700 a 1.000 metros de ingreso hacia el interior de la mina, donde se ha llegado hasta el punto, pero no se puede pasar de ahí porque está todo derrumbado”, explicó Bustos que describió la barrera de escombros que separa a los rescatistas del minero sepultado.
La complejidad de la geografía subterránea ha obligado a coordinar esfuerzos con los responsables de la cooperativa minera que opera en la zona.
“Esto ha hecho que se converse y se coordine con los responsables de la cooperativa minera, para que podamos ver de qué manera se puede tratar de sacar todo ese escombro e intentar realizar la búsqueda de esta persona”, agregó el comandante en un intento por movilizar los recursos necesarios para abrir paso entre las toneladas de roca y tierra que sellan la entrada a la galería donde quedó el joven.
Mientras las horas pasan y la esperanza se tensa como un alambre en la oscuridad, la familia aguarda en la boca de la mina con la angustia de quien sabe que cada minuto cuenta y que la montaña no tiene prisa por devolver lo que se llevó.
“Son cuatro días que han pasado de esta situación, estamos realizando este trabajo y esperando no tener resultados con relación a este caso”, dijo Bustos en una declaración que dejó en suspenso el desenlace de esta historia que, en el Cerro Rico, tiene el peso de los siglos.