Según los registros migratorios, la mujer ingresó a Bolivia el 15 de agosto de 2025 con documentación extranjera.
Fuente: Red Uno
La captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Enrique Marset Cabrera en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra no solo dejó al descubierto su red de operaciones en Bolivia, sino que también abrió una serie de interrogantes en torno a las personas que se encontraban con él al momento del operativo.
Entre ellas, una figura que generó especial atención: Susana Castaño Ríos, una mujer venezolana que, según versiones periodísticas de medios de Uruguay, dormía junto a Marset cuando la Policía irrumpió en la vivienda.
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De acuerdo con información, en el interior del inmueble había al menos tres mujeres que no fueron detenidas. Una de ellas era precisamente Castaño Ríos, cuya cercanía con Marset despertó dudas tanto dentro como fuera de la investigación.
En un inicio, se manejó la hipótesis de que la mujer habría colaborado con las autoridades para facilitar la captura del narcotraficante. Sin embargo, fuentes vinculadas al caso desmintieron esta versión, aunque confirmaron su presencia en la vivienda el día del operativo.
Según los registros migratorios, Castaño ingresó a Bolivia el 15 de agosto de 2025 con documentación extranjera. Semanas más tarde, comenzó a trabajar en la residencia del denominado ‘Rey del Sur’ realizando tareas de limpieza, junto a otras dos mujeres. No obstante, con el paso del tiempo, su vínculo con el narcotraficante habría evolucionado más allá de una relación laboral.
Este acercamiento se habría dado en un contexto personal delicado para Marset, quien se encontraba afectado por la situación de su exesposa, Gianina García Troche, recluida en Paraguay. El hallazgo de preservativos en la celda de la mujer habría generado sospechas de infidelidad, lo que llevó al narcotraficante a reforzar su sistema de vigilancia y, presuntamente, a estrechar lazos con Castaño.
Pese a su cercanía con el criminal, la mujer no fue aprehendida, lo que generó cuestionamientos. Una de las hipótesis que manejan los investigadores apunta a la posibilidad de que se haya producido el pago de sobornos para evitar la detención de las tres mujeres presentes en la vivienda. No obstante, esta versión aún no ha sido confirmada oficialmente.
A este escenario se suman otros elementos que alimentan la controversia: la desaparición de bienes de alto valor, entre ellos siete relojes de lujo valuados en aproximadamente ocho millones de dólares, así como cinco millones de dólares en efectivo que habrían estado en una de las propiedades del narcotraficante.
Por ahora, la Policía boliviana mantiene abiertas varias líneas de investigación para esclarecer tanto el rol de Susana como las circunstancias que permitieron su liberación. Su figura, hasta hace poco desconocida, se ha convertido en una de las piezas más enigmáticas de un caso que continúa sumando interrogantes.

