Radicales y «arrimados» torpedean al canciller


Mientras Choquehuanca se esfuerza para tender puentes de entendimiento con EEUU, García Linera, Rada y otros radicales sabotean sus gestiones.

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El canciller Choquehuanca en una reunión con el  secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Thomas Shannon, celebrada en La Paz en mayo pasado.



La política exterior de un país debe estar basada sobre los intereses de Estado, es decir debe perseguir objetivos permanentes y no coyunturales o que respondan a la conveniencia exclusiva de un determinado gobierno. Este es un criterio reconocido universalmente, excepto en la Bolivia del último tiempo.

En los cuatro años de gobierno del MAS han adquirido predominancia los intereses subordinados a la política exterior venezolana y han quedado relegados aspectos básicos como la búsqueda y consolidación de nuevos mercados para nuestros productos, el establecimiento de alianzas sólidas y equilibradas en la lucha contra el narcotráfico y aún, el tema de la reivindicación marítima ha sido lanzado al último cajón del escritorio.

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Que no existe la más mínima coherencia ni en el diseño ni en la aplicación de la actual política exterior boliviana es una verdad de Perogrullo y los hechos se encargan de ratificarlo a cada paso.

Si bien ya deberíamos estar acostumbrados a los desaciertos y múltiples metidas de pata del gobierno en este campo, la verdad es que existen funcionarios gubernamentales que llevan nuestra capacidad de asombro hasta límites insospechados.

Sucede que mientras el canciller David Choquehuanca (pobrecito) hace tremendos esfuerzos para tender puentes de entendimiento con Estados Unidos luego de la bravuconada de meses pasados y que está teniendo muy malas consecuencias para el país y muchos beneficios para el narcotráfico, aquí es el propio vicepresidente Alvaro García, el ministro Rada y un grupito de radicales parlamentarios, los que se encargan de serrucharle el piso.

Mientras Choquehuanca, que aprendió a ser mesurado, manifiesta en Washington su optimismo porque las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos se normalicen, en La Paz el «Vice» (y los otros) se lanza al ataque y afirma que el nombramiento de Philip Goldberg, ex embajador de EE.UU en Bolivia, como responsable de los servicios de Inteligencia, demuestra que estuvo cumpliendo labores de espionaje en el país y por tanto se justificó su expulsión.

Hay cada vez más elementos que hacen suponer que Alvaro no es ese tipo absolutamente racional que pretende ser, que sus reacciones obedecen más a causas hepáticas que cerebrales y que toda su imagen intelectual trabajosamente labrada no es más que pantalla montada al amparo de un par de indigeribles libracos que escribió y que asustan desde el título.

Alguien en el gobierno debiera explicar el porque se manda una misión a Washington a poner paños fríos a un estado de cosas que no eran de las mejores pero es el propio vicepresidente el que se encarga de torpedear las conversaciones al calificar a Goldberg  como “extremadamente peligroso” en una reacción que ciertamente no es diplomática y si de franca injerencia en los asuntos internos de EEUU, más aún cuando no se ha escuchado de funcionarios de ese país condenas a Evo por cobijar en su gobierno a ex guerrilleros y ex terroristas.

Es evidente que Alvaro se ha enfrascado en los últimos días en una intensa campaña para mostrarse, no sabemos ante quien, como el radical entre los radicales y en este su empeño está acabando por perforar las propias iniciativas del gobierno del que forma parte. No es casual que esta su labor de satinaje cuente con el respaldo del ministro de Gobierno, Alfredo Rada, que es parte del “clan Peredo” que expresa las posiciones “guerrilleristas” dentro del Gobierno.

Pareciera que están cumpliendo el encargo de alguien que no está muy interesado en que las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos mejoren porque sabe que mientras más amplio es el abanico de relaciones, menores son las posibilidades de sometimiento hacia un solo poder.

Se dice que esta persona viste de verde olivo, polera y boina roja y dice barbaridad y media cada vez que se le antoja como que en horas pasadas vociferó una sarta de maldiciones «contra el imperio yanqui» con el cual, sin embargo, hace millonarios negocios, ¿es necesario pensar mucho para saber de quien se trata?