Santo Sabor: el legado de las abuelas servido en cada plato


Sucre acogerá un evento orientado a preservar y difundir la cultura gastronómica tradicional de Semana Santa.

Acto de lanzamiento del evento Santo Sabor

Fuente: Brújula  Digital

Hay sabores que no se cocinan: se heredan. Y en Sucre, cuando llega la Semana Santa, la memoria se sirve en platos humeantes, con la misma devoción con la que se reza.



El aroma aparece primero. Canela y clavo de olor abriéndose paso en la cocina, leche tibia que abraza el arroz, y una cuchara de madera que gira como si el tiempo no hubiera pasado. El arroz con leche –ese de la abuela, el que no se mide en tazas sino en cariño– vuelve a ocupar su lugar en la mesa. No es solo un postre: es un rito. En muchas casas sucrenses, este dulce se prepara en silencio, casi con respeto, como si cada vuelta de la olla fuera una conversación con quienes ya no están.

“Venimos a recordar”, dice Marianela Valda, presidenta de la Asociación Sucrense de Chefs, mientras enumera los platos que regresan como si nunca se hubieran ido. Y uno puede imaginar esas escenas antiguas: puertas abiertas, vapores escapando hacia la calle, vecinos que se reconocen en el olor de un ají de arvejas recién servido o en la textura espesa de un locro de zapallo coronado con queso fresco. Aderezado con el ají de Padilla, dulce y profundo, completa esa postal de identidad.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

La cita es el jueves 2 de abril, Jueves Santo. El patio histórico de la Universidad Católica Boliviana, a media cuadra de la Plaza 25 de Mayo, se convertirá en un templo del sabor. El festival “Santo Sabor” no es solo un evento gastronómico: es una declaración de fe cultural. Allí, los platos tradicionales se exhiben como reliquias vivas: arroz con leche, locro de zapallo, ají de arvejas, humintas dulces y saladas, empanadas de mariscos.

Pero también hay espacio para las reinterpretaciones que respetan la vigilia sin renunciar al gusto: chupe de camarones, bacalao a la vizcaína, papas rellenas, achojchas rellenas con abundante queso, pastel de fideo con hongos, lasaña vegetariana y estrogonof de mariscos. En cada receta, una regla tácita: no carne roja, pero sí abundancia de ingenio.

Los postres, como siempre, son el cierre de una historia contada en cucharadas: humintas dulces, tortas de chocolate, de limón, de nata. Preparaciones que, más que deleitar, reconcilian. Porque en Semana Santa, en Sucre, la cocina no es solo cocina: es memoria, es familia, es recogimiento.

Desde el Domingo de Ramos, la ciudad cambia de ritmo. La tradicional subida al cerro, las visitas a las iglesias para acompañar la Pasión de Cristo, los pasos lentos de las procesiones. La procesión del Santo Sepulcro marca el recogimiento.

Este año, además, hay una mirada puesta desde arriba. El gobierno nacional ha fijado a Sucre como destino de Semana Santa, con el impulso del recientemente creado Viceministerio de Gastronomía. Pero más allá de la promoción, lo que realmente sostiene esta tradición es algo más íntimo: la voluntad de no olvidar.

Porque mientras una olla de arroz con leche siga hirviendo a fuego lento, mientras alguien recuerde la receta del ají de arvejas de la abuela sin necesidad de escribirla, Sucre seguirá cocinando su historia. Y en cada cucharada, seguirá latiendo el fuego familiar.