Pese a las adversidades, entre tres y cuatro familias continúan en la comunidad por falta de recursos para trasladarse.

Fuente: ANF
A un año del desastre ambiental ocurrido el 16 de marzo de 2025 en la comunidad de Andavilque, en el municipio de Llallagua, las familias afectadas denuncian abandono institucional, falta de soluciones concretas y el incumplimiento de compromisos asumidos por las autoridades. Así lo expresó Zaida Paillo, vecina y damnificada, quien describe un escenario marcado por la precariedad, la incertidumbre y la persistente contaminación.
Según Paillo, tras los primeros días de atención inicial, la respuesta estatal se fue diluyendo hasta desaparecer. “Se comprometieron a ayudarnos, pero ahora todo son trabas y promesas que no se cumplen”, afirmó en contacto con ANF.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Uno de los principales reclamos es la reposición de viviendas. Aunque inicialmente se anunció que las casas serían reconstruidas a través de planes de vivienda social, con el paso de los meses surgieron obstáculos legales. Luego se les informó que no es posible edificar en el mismo lugar debido a la contaminación, pero tampoco se concretó una reubicación ni una alternativa definitiva.
En cuanto a la remediación ambiental, Paillo cuestionó la intervención realizada por la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). “Nos dijeron que limpiarían piedra por piedra, pero solo hicieron un raspado superficial de la lama y construyeron un atajado. La contaminación sigue ahí”, sostuvo. La persistencia de residuos y pasivos ambientales continúa representando un riesgo tanto para la comunidad como para las zonas río abajo.
La damnificada también denunció la falta de acción de las nuevas autoridades. Aseguró que no hubo acercamientos ni del nivel nacional ni del gobierno municipal. Además, lamentó que no se haya promulgado una ley municipal de desastre ambiental, lo que limita la posibilidad de gestionar recursos para atender la emergencia. “Nos sentimos olvidados por todos”, enfatizó.
Mientras tanto, las familias enfrentan condiciones de alta vulnerabilidad. Algunas permanecen en Andavilque, viviendo entre escombros y lamas contaminadas, expuestas a riesgos sanitarios y ambientales. Otras se han visto obligadas a desplazarse a zonas como Catavi, donde sobreviven en espacios prestados por la alcaldía o en viviendas de familiares. En el caso de Paillo, actualmente reside en la casa de una tía de su esposo, al no contar con otra alternativa.
Pese a las adversidades, entre tres y cuatro familias continúan en la comunidad por falta de recursos para trasladarse.
Antes del desastre, Andavilque era un pequeño valle productivo donde se cultivaba papa y oca, y se criaba ganado camélido y ovino. Hoy, esa base económica ha desaparecido casi por completo. “No solo perdimos nuestras casas, también nuestra forma de vivir”, lamentó.
A pesar del desgaste y el desánimo, los damnificados mantienen su demanda de justicia y soluciones estructurales. Paillo subrayó que no pueden guardar silencio frente a las condiciones en las que viven. “Seguimos aquí, resistiendo y denunciando, porque esto no ha terminado”, afirmó.
/FC/nvg/
Fuente: ANF