Menonitas, la cada vez más poderosa tercera minoría étnica boliviana


Expansión: El crecimiento demográfico, económico de los seguidores de Menno Simons que viven en Bolivia cobra cada vez más poder político. El fenómeno cobra notoriedad internacional. Se estima que en Bolivia está la mayor colonia de Sudamérica y la quinta del mundo

 

Menonitas, la cada vez más poderosa tercera minoría étnica bolivianaColonia de menonitas



 

En Bolivia sucede un fenómeno que, de cierta forma, recuerda la génesis de los propios EEUU. Sí, justamente en tiempos de la relanzada doctrina Monroe, o “DonRoe”, como suele apodársela, en el sur continental sucede un singular cambio socioeconómico. Y también político.

Valga el paralelismo: como es sabido, un 9 de noviembre de 1620, 132 puritanos protestantes llegaron a las costas de Massachusetts. Procedían de Inglaterra, eran blancos, de ojos predominantemente claros y hablaban un dialecto del idioma alemán, o sea, el inglés. Allí fundaron la colonia de Plymouth, la cabecera de puente de lo que hoy es Estados Unidos de Norteamérica. Pronto se multiplicarían por miles y su espíritu capitalista se encargaría luego del resto. Casi cuatro siglos más tarde, en lo que hoy es Bolivia, a momentos pareciera haberse empezado a escribir una historia similar.

Todo empezó justo de la mano de EEUU. Según la Enciclopedia menonita anabatista global, en 1954, llegó al noreste de Santa Cruz un grupo de 10 familias de puritanos protestantes. Hasta 1957, sumaron cerca de 180 colonos, distribuidos en 37 familias. Procedían de Paraguay, con previas migraciones desde el nuevo imperio, México y Canadá. Eran blancos, de ojos predominantemente claros y hablaban un dialecto del alemán, el plautdietsch, y, frecuentemente, también el inglés. Aquella creciente llegada respondía a la relanzada política capitalista del Gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) adaptada al plan Bohan de la cooperación estadounidense (1).

Allí fundaron la colonia Tres Palmas. Paulatinamente se fueron multiplicando por miles y su espíritu capitalista hizo el resto. Pero antes de hablar sobre espíritus, valga destacar que su ritmo de crecimiento demográfico virtualmente los ha convertido en la tercera minoría étnica boliviana. Es más, según los más recientes cálculos, y haciendo los contrastes correspondientes, constituyen la mayor colonia menonita en Latinoamérica y la quinta del mundo. Vayamos a los datos.

¿UN BASTIÓN MENONITA MUNDIAL?

El libro “Los menonitas en Bolivia” de Adalberto Kopp (1) señala que, el año 2015, en Bolivia había aproximadamente 50 mil colonos de este credo. Por su parte, la ya mencionada Enciclopedia menonita aseguraba que llegaban a 70 mil. La presencia de este grupo étnico en el país fue llamando progresivamente la atención de periodistas e investigadores. Hacia 2020, una encuesta realizada por el mismo grupo encontró que había más de 200 colonias menonitas en nueve países de Latinoamérica. De ese total, 99 se hallaban en Bolivia, o sea, casi el 50 por ciento. Pero en años recientes esa cifra fue superada con creces, hay cada vez más y más seguidores de Menno Simons (de ahí su nombre) en Bolivia.

En 2019, una investigación realizada por Alle Reche, y citada por el periodista Iván Paredes para Mongabay, revelaba que las colonias ya llegaban a 106. A mediados de 2022, William Kehler, un menonita que vive en Bolivia desde hace 30 años publicó un trabajo demográfico. Allí informa que en el país existían al menos 120 colonias con una población aproximada de 150 mil personas.

Esta cifra supera a las de los pobladores autoidentificados como guaraníes y chiquitanos, es decir, la tercera y cuarta minorías étnicas del país. En el primer caso, el Censo Bolivia 2024 registró 103.109 pobladores y en el segundo, 97.477, o sea, ya hay 1,5 menonitas por cada guaraní.

Así, sólo quechuas, con 1.646.811 pobladores, y aimaras, con 1.595.045, superan a esta creciente población de raíces europeo germánicas en Bolivia. Y el salto avanza hacia los podios internacionales. Hace una década, se consideraba que las mayores poblaciones menonitas de América se hallaban en Estados Unidos, Canadá y México, con aproximadamente 450 mil, 125 mil y 110 mil personas, respectivamente. Pero mientras en esos países la tasa de crecimiento demográfico de este grupo social fue disminuyendo, especialmente en México, en Bolivia pasó lo contrario.

Por ello, la posibilidad de que ya haya cerca de 150 mil menonitas en Bolivia ubica a este grupo etno-religioso como el segundo más importante de América en su género. Asimismo, se halla entre los cinco mayores del mundo, después de EEUU, El Congo, Etiopía e India, entre aproximadamente 88 países donde viven menonitas. Eso considerando y comparando registros dispersos de fuentes como las ya mencionadas o como la Menonite World Conference (MWC) y la Christianity Today. No hay registros precisos ni uniformes debido a que los trabajos han sido realizados por diversas instituciones y censos oficiales. Pero la mayoría advierte el marcado salto del crecimiento menonita en Bolivia en los últimos 13 años frente a fenómenos inversos en el norte planetario.

Más aún, el estudio “Pioneros piadosos: la expansión de las colonias menonitas en Latinoamérica”, de la Universidad Mc Gil de Montreal, publicado en 2020, subtitula: “Bolivia, el refugio de los menonitas conservadores». Luego explica: “… alberga la mayor cantidad de colonias menonitas de bajo alemán en América Latina, cerca de cien en la actualidad, y aparecen nuevas cada año. Estas colonias han contribuido en gran medida a la expansión de las fronteras agrícolas hacia las Tierras Bajas Orientales, un área que se encuentra en el límite del Chaco Seco y los bosques secos Chiquitanos y se caracteriza por precipitaciones relativamente abundantes (alrededor de 1200 mm/año) que disminuyen hacia el este y el sur”. O sea, muy buenas tierras.

CUATRO Y MÁS RAZONES PARA VENIR

A propósito de esas buenas tierras, ¿cuáles son las razones del progresivo crecimiento de este grupo religioso o pujante tercera minoría étnica boliviana? En pocas palabras, por cosas del destino (quién sabe si “destino manifiesto”), inmigran, se replican y procrean más que el resto. La investigación señala cuatro causas principales: nuevas restricciones estatales, la modernización y globalización que afectan sus convicciones puritano-conservadoras, divisiones internas, escasez de tierras y la emergencia de “colonias hijas” locales. En ese marco, se cita migraciones desde Paraguay, Argentina, Canadá, Belice y, sobre todo, México. Diversos reportajes señalan otra causal en el caso mexicano: la presión del narcotráfico, especialmente en el estado de Chihuahua. Y precisamente la mayor parte de los menonitas que llegaron de México a Bolivia tienen ese origen.

Incluso ya se exportan menonitas desde tierras bolivianas. En un reportaje escrito para el New York Times, en agosto de 2024, (“Los menonitas buscan un hogar en la Amazonia”) la periodista Mitra Taj señala: “Bolivia ha experimentado el crecimiento más rápido de todos los países latinoamericanos y cuenta actualmente con 120 colonias menonitas, mientras que en la última década han surgido en Perú media decena de asentamientos…”. La investigación muestra a la emergencia de colonias en Perú como una especie de rebalse de los menonitas bolivianos.

¿Qué razón central los atrae a buscar el paraíso en estas latitudes? En el texto, Matt Finer, especialista en investigación de la ONG Amazon Conservation, explica el fenómeno: “Básicamente, intentan encontrar los últimos lugares de la Tierra en los que aún existan zonas enormes y continuas que puedan sustentar su estilo de vida, y casualmente se trata de zonas selváticas del Amazonas”. Y la idea del “rebalse” hacia Perú parece sintetizar la dinámica de su crecimiento en diversos sentidos.

“Bolivia es considerada el país con el mayor número de colonias menonitas conservadoras o radicales- ha señalado el investigador Gonzalo Colque de la Fundación Tierra-. Esto porque los menonitas en países como México, Estados Unidos, Paraguay y otros se han integrado a su sociedad y economía. Esa integración se ha intensificado hacia aspectos tecnológicos, productivos y económicos. Entonces, en esos países los sectores menonitas que más apegados a la religión tradicional y no quieren que sus hijos se vinculen a la modernidad. Entonces estas familias más radicales optaron por migrar y asentarse en Bolivia”.

GRUPO DE MAYOR CRECIMIENTO EN BOLIVIA

La virtualmente tercera minoría étnica boliviana del siglo XXI tiene presencia activa en ya cinco departamentos. Su expansión, si bien es mayoritaria en Santa Cruz (alrededor del 85 por ciento), abarca a zonas pertenecientes al chaco tarijeño y chuquisaqueño, el sur beniano y algunas colonias en el norte de La Paz. Por otra parte, los colonos menonitas, según las fuentes citadas, tienen una alta tasa de natalidad porque los matrimonios, por lo general, conciben entre seis y ocho hijos. Considerada una de las más altas del mundo, similar a los de algunos países de África, pero con una mayor tasa de sobrevivencia. Sucede lo contrario con la tasa de natalidad boliviana en general que, según el Censo 2024, cayó de 7,5 hijos en 1960 a 2,1 por mujer hoy.

Ahí vale añadir una precisión matemática más: esta última cifra es potenciada por la propia natalidad de los menonitas. Lo que implica que el crecimiento demográfico del resto de los bolivianos resulta aún menor. A ello se suma que la tasa de emigración de aimaras, quechuasguaraníes y mestizos en general ha sido predominantemente ascendente en las últimas décadas. Argentina, España, EEUU, Brasil, Chile…son los destinos de miles y miles de bolivianos. O sea, menonitas llegan, originarios se van. Así, las estadísticas parecen prever una creciente consolidación de la tercera minoría étnica boliviana del siglo XXI.

En términos de regiones geográficas, se expanden por los dos macrosistemas más importantes de Sudamérica: el Chaco y la Amazonía. En términos políticos, tienen presencia en cinco de los nueve departamentos en que se divide Bolivia. Y en cuanto a factores de crecimiento: se casan jóvenes, son endógamos, no aceptan métodos anticonceptivos, tienen la familia amplia como base de crecimiento económico y estatus. O, en otras palabras: se casan jóvenes, tener hijos y lograr que inmigren parientes les da poder y está prohibido distraerse con televisión o artefactos parecidos. La fórmula ideal para crecer y multiplicarse, al menos para los más radicales. Suena hasta bíblico.

DESDE RADICALES, HASTA “INFLUENCERS”

Sin embargo, hacia “paraíso de los menonitas conservadores” llegaron también menonitas no tan conservadores. Para colmo surgieron tentaciones de diverso tipo tanto fuera como dentro de las colonias radicales y de las otras. La resultante han sido tres tipos de organizaciones menonitas en diversos grados de organización y aislamiento: los conservadores, que buscaron Bolivia para huir del mundo; los moderados, que hacen cuidadoso uso de los beneficios de la modernidad, y los autoconsiderados “libres”. Estos últimos, al parecer, ya sólo luchan por no liberarse demasiado, pues reaccionaron a conflictos y crisis que trascendieron sus organizaciones.

Fueron consecuencia de disputas internas que surgieron a raíz del alto nivel represivo que predomina en las colonias conservadoras. Una investigación, consistente en siete reportajes, de la periodista Ivone Juárez para Página Siete Investiga, realizada en 2022, detalló aquel fenómeno. Los reportajes revelaron marcados problemas sobre agresiones, violencia sexual y violación de diversos derechos, puertas adentro de las colonias y chicanas jurídicas fuera. Allí, Willam Kehler, uno de los representantes de los menonitas “liberados” señaló que ya había al menos 8.000 menonitas que vivían en 17 comunidades “libres”.

Y los “libres”, que paulatinamente se han organizado en “comunidades” y ya no en colonias, van matizando a su estilo la estructura social boliviana. Son también llamados “rebeldes” y su irrupción organizada hace frecuentemente noticia incluso a nivel nacional. En 2016, por ejemplo, medios de toda Bolivia presentaron a Sara Peters, “la primera modelo menonita” y luego apareció modelando María Peters, su prima. En 2020, pasó algo similar con Mylena Beatriz Ewert, miembro de la comunidad Villa Nueva, fue coronada como Reina de la tradición de Pailón. O sea, resultó la primera “Miss menonita” en una región marcada por su intenso arraigo hacia los “certámenes de belleza”.

“En estos años, nosotros, que no somos los menonitas conservadores, que vivimos en comunidades y ya no en colonias, tenemos bastante relación con la gente de los pueblos -declaró entonces Mylena-. En este caso, es la relación entre Villa Nueva con Pailón. Compartimos bastantes cosas y también podemos verlo en los colegios en los días festivos de Santa Cruz y de Bolivia. Hay una participación, hay el taquirari, hay la chovena, cosas típicas de Santa Cruz”.

La familia de Mylena no se rebeló al radicalismo precisamente en Bolivia, sino en Brasil. Tal cual relató en diversas entrevistas la Miss Pailón, los Ewert vieron mejores condiciones de prosperidad económica en el norte cruceño y emigraron desde Curitiba. Algo similar sucedió con varios de los comunarios “rebeldes” de la comunidad “Chihuahua”, en el municipio de Cuatro Cañadas. Hace más de dos décadas rompieron con radicales paraguayos y optaron por el norte integrado cruceño y las siembras de soya transgénica. Cuentan con vehículos 4 x 4, computadoras, no usan la ropa tradicional menonita, etc.

Y desde sus filas han surgido hasta “influencers” que producían contenidos para las redes sociales describiendo las características de los menonitas, cantando rancheras con letras religiosas o bailando. Pero, al parecer pasaron los límites que aún los líderes de la iglesia de los “liberados” o “rebeldes” marcan. Uno de ellos, “Gerardo el menonita”, cuando empezó a plantear ciertas preguntas incómodas fue definitivamente sancionado y censurado. Su nombre es Gerardo Rempel y ha seguido el rumbo de varios ex menonitas, quienes tras romper con todas las ramas fueron asimilados por organizaciones evangélicas nacionales. Con todo, conservadores, moderados, rebeldes y hasta exmenonitas optan por continuar su vida en Bolivia y, en los primeros tres casos, por la endogamia.

DE INDÍGENA A “MENONA”

“Vivo hace ya casi 20 años en Charagua, cuando llegué había tres colonias de menonitas alrededor de este pueblo -dice el ingeniero agrónomo Antonio Ramoni López-. Ahora hay seis y además de aquí han partido otros ‘menonos’ (apelativo popular) a organizar colonias en el Beni y también hacia Yacuiba”. Charagua tiene una población que supera los 38 mil habitantes. En 2015 se convirtió en el primer municipio boliviano en acceder a la autonomía indígena y pasó a llamarse Charagua  Iyambae (traducido “sin dueño”), dada su identidad guaraní. Las poblaciones del entorno marcaban la particularidad étnica de la principal urbe del chaco cruceño, intensamente articulada con zonas chuquisaqueñas y tarijeñas.

Pero hoy aquella característica ha cambiado: el pueblo se ha vuelto centro logístico menonita y hay horas en las que más que guaraní parece un extravagante enclave germánico extraviado en el tiempo. Lo propio sucede en otros municipios como Pailón y Cuatro Cañadas, conocidas como “las capitales de la soya”, en el norte cruceño. Los buses y furgonetas que van y vienen de Santa Cruz transportan menonitas. En los negocios de abarrotes, almacenes de productos agropecuarios, talleres, etc. no faltan menonitas. Y los dos bancos que funcionan en Charagua atienden especialmente a menonitas, quienes se han hecho fama de clientes cada vez más importantes y cumplidos.

PODER ECONÓMICO

Su relación con los bancos no resulta un dato menor. Los menonitas que se multiplican por Bolivia no sólo tienen una acelerada dinámica demográfica, también ostentan un notorio crecimiento económico. Según la investigación Las colonias menonitas en Bolivia, realizada por Adalberto J. Kopp para la Fundación Tierra, en 2015, éstas producían el 16 por ciento de la soya nacional. Ello implicaba entonces 127 millones de dólares y, de mantenerse ese porcentaje, en 2025 habría superado los 183 millones de la divisa estadounidense.

Dadas todas las circunstancias ya explicadas, es altamente probable que el porcentaje soyero ya sea mayor. Pero, además, a ese rubro deben sumarse varios otros productos como los lácteos y diversos cereales que su diversificada labor genera. Su ocupación territorial también suma extensiones rècord. Según la Fundación Tierra, hasta 2016, controlaban entre 645 y 650 mil hectáreas. Ramoni López considera que hoy bien se podría hablar de casi 900 mil. Una extensión similar a la de Puerto Rico.

La Fundaciòn Tierra también señala que cultivan sólo 100 a 150 mil hectáreas en funciòn al descanso y rotaciòn de cultivos. Adicionalmente presentan una productividad mayor al promedio boliviano. Este varía entre 2 y 2,3 toneladas de soya por hectárea, mientras que los menonitas producen entre 2,5 y 3,5 toneladas en esa misma superficie. Lo que proyecta aún más sus ya significativos ingresos.

“Tienen ojo para la plata, son platistas”. Según múltiples testimonios, al parecer, cuando de negocios se trata, los radicales preceptos religiosos de los “menonos” se guardan sólo dentro las colonias. Las ventajas que la ingeniería mecánica, la informática y, especialmente, la polémica ingeniería genética brindan a las finanzas no pasan inadvertidas para estos puritanos protestantes.

“Son muy organizados e ingeniosos para hacer dinero, desde lo mínimo, y también muy trabajadores -explica Ramoni López-. Si bien su religión les prohíbe, por ejemplo, usar celulares y tener vehículos motorizados, ellos los compran y contratan gente fuera de su colonia. Entonces tienen como sus choferes o empleados que además les hacen contactos para los negocios a través de los celulares. Por eso, también, no les importa que acá estén prohibidos los transgénicos y rápidamente han aprendido a manejar paquetes biotecnológicos para el sorgo, el maíz y, más allá, la soya. Conocen muy bien desde los tiempos agrícolas hasta sus contactos con los contrabandistas. Pero han sabido también moverse para conseguir más tierras porque son depredadores y las agotan, entonces necesitan nuevas”.

El agrónomo cuenta además que lograron ubicarse eficientemente en los laberínticos niveles del mercado de tierras y sus operadores legales. Incluso, recuerda que, ante presiones y reclamos que en 2013 hubo por parte de campesinos e indígenas, optaron por llegar a niveles más altos. “En cierta oportunidad, aparecieron ya como esperando la llegada de Evo, había algunos con banderitas azules”.  Para ello, antes habían movido a algunos de los abogados que en Santa Cruz ya han asumido como una virtual especialización el “trabajar con ‘menonos’”.

“Son gente seria y trabajadora -dice Jaime Vaca (nombre ficticio) un operador legal al que acuden algunas colonias del norte cruceño-. Mire que, por ejemplo, hace unos tres años se compraron tierras en los dos márgenes de un río, camino a San Ramón, o sea, aseguraron todo para producir. Salvo algunas colonias que son extremadamente ortodoxas y muy pobres, manejan también buena cantidad de plata. Si la compra supera los dos o tres millones de bolivianos, pagan a crédito y tienen buen crédito en varios bancos. Aunque en ese caso, que le digo, pagaron al contado más de un millón de dólares, al-con-ta-do (silabea)”.

Las movidas económicas de los menonitas incluso marcaron un dato público récord el pasado jueves 19 de marzo. Horas antes las autoridades capturaron al hijo del expresidente Luis Arce Catacora, Marcelo Arce Mosqueira. Se hallaba prófugo tras ser acusado por múltiples manejos dolosos, especialmente, en Yacimientos Fiscales Petrolíferos Bolivianos (YPFB). Entre las primeras revelaciones del caso se informó que Arce Mosqueira había entregado 80 millones de dólares a un ciudadano menonita. De confirmarse el dato, seguramente, una oveja negra.

MENTALIDAD PLATISTA Y DEPREDADORA

En general su idiosincrasia los orienta a tener éxito económico y varios factores confluyen para darles ese notorio poder. “En las colonias menonitas es significativo encontrar la simbiosis clásica entre el surgimiento del capitalismo y la religión analizada por Max Weber en la obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, explica el sociólogo Oscar Bazoberry en la investigación Menonitas del Chaco paraguayo-boliviano. Más adelante añade: “A diferencia del desarrollo posterior del capitalismo, en el que el capital se vuelve autónomo de la propiedad, de los procesos productivos y de circulación de bienes, en los fundamentos menonitas, se mantiene, a través de la religión la relación de la generación del valor con el trabajo, la familia y una vida ‘austera’”.

Por ello, como para el grueso del sector agroindustrial, agotar tierras, usar ingeniería genética, destruir ecosistemas no preocupan mayormente a los menonitas. Priorizan el rédito económico y sus buenas relaciones con la banca y transnacionales como Bayer-Monsanto, Singenta, Carhill, John Deer, etc. En el último lustro han sido protagonistas de, por ejemplo, de la virtual destrucción de la laguna Concepción. Se trata de un sitio Ramsar, es decir, parte de la lista mundial de humedales importantes para la ecología planetaria. Un patrimonio ecológico, ubicado a 150 kilómetros de Pailón, cuyo espejo de agua ocupaba aproximadamente 5.500 hectáreas y prometía convertirse en gran atractivo turístico.

Paulatinamente, desde principios de los años 2000, los colonos menonitas fueron ocupando el entorno de la laguna para producir soya transgénica. Por ello, no tuvieron problemas para apelar al uso de potentes herbicidas, desviar ríos afluentes y acumular sedimentos. Pero, además, tampoco hallaron limitaciones legales, éticas o de principios religiosos a la hora de violar áreas protegidas y acomodarse a las habilidades de la polémica justicia boliviana. Diversos reportajes de prensa e investigaciones especializadas han develado, pormenorizadamente el ocaso de la laguna Concepción que prácticamente desapareció en 2021.

Algo tanto o más grave también resultó la construcción, sin autorización alguna, del puente sobre el río Parapetí que violentaba el parque nacional Kaa Iya y los delicados bañados del Isoso. Una detallada investigación del periodista Roberto Navia para la revista Nómadas muestra los excesos a los que se llegó en este caso. Hay mucho más si vamos a monitoreos mundiales como los de la Global Forest Watch (Observatorio Mundial de Bosques). Basta recordar, por ejemplo, que Bolivia, incendios y arrasamiento mecanizado mediante, fue en 2024 el segundo país que más destruyó bosques primarios en el mundo. Para ese subcampeonato, los puritanos de la tercera etnia boliviana aportaron, si se evalúa mapas satelitales, aproximadamente con un 25 por ciento de deforestación.

El desprecio menonita por el medioambiente también fue exportado desde Bolivia, pero no resultó muy exitoso. “Hay de los bien radicales, los llamados ‘rusos’ que son hasta pobres, son los barbudos  -explica Jaime Vaca-. Hay de los estrictos y radicales, pero que tienen plata, y además hay de los más modernos. Esos también llegan y andan con lo último a la hora de trabajar la tierra. Es que aprovechan que acá el impuesto es bajo y se puede acceder a tierras mucho más fácilmente que en otros países. No se puede hacer lo mismo en Argentina, ni en Brasil, ni en el propio Paraguay. ¿Se enteró el lío que se hicieron aquellos ‘menonos’ que quisieron trabajar en Perú?”.

Vaca alude al caso de los ya mencionados menonitas bolivianos de exportación. Entre 2021 y 2022 tres colonias fueron procesadas por haber deforestado casi 4.000 hectáreas de bosque amazónico peruano, en las regiones de Uyacali y Loreto. En diversos reportajes de la prensa de ese país se ha remarcado que los colonos menonitas llegaron desde Bolivia. También subrayaron los altos grados de deforestación que afectan a nuestro país y en especial al departamento de Santa Cruz. Su postura poco o nada ecologista tiene, además de los económicos, justificativos religiosos.

– “Ustedes señalan que son muy apegados a la fe, la divinidad y que profesan la paz y la armonía. ¿Por qué entonces lastiman la naturaleza al desboscar o al usar agrotóxicos?”, se le preguntó a varios de los normalmente ariscos o tímidos colonos menonitas que trajinan especialmente el mercado Los Pozos de Santa Cruz.

-“En el Génesis y en otras partes de la Biblia está claro el mandato de que el hombre debe sojuzgar y señorear a la tierra. Además, lo que hacemos lo hacemos para el bien. Está demostrado además que transgénico no es malo”, respondió escuetamente Abraham, uno de los pocos que aceptó dialogar, aunque brevemente. La fundamentación basada en la interpretación del texto bíblico coincide con la vertida por uno de los principales voceros de las cámaras empresariales. Un, a su vez, conocido predicador protestante apodado, “el pastor de Monsanto”.

Y AHORA… PODER POLÍTICO

En un país cuya Constitución Política del Estado hizo eco de demandas étnicas y regionales, ¿la virtual tercera minoría aspira al poder político? ¿Hay fuerzas externas a los menonitas que estén forjando el poder político menonita en Bolivia? Ya se puede decir que al menos parte de los menonitas no sólo aspiran al poder político en Bolivia, sino que lo han logrado. No sólo eso, sino que han sido incluso inducidos a probar la tentadora manzana del poder.

“Fue el Evo, bandido, quien ya les dio el primer aventón a la política, creo yo – dice López-. No fue sólo que ellos astutamente llevaron banderitas azules para congraciarse. La gente del Movimiento Al Socialismo (MAS) hizo sumas y restas y prometió bajo cuerda favores a cambio de votos con ellos”. Grosso modo, sumar 70 mil votos, es decir, aproximadamente, el número de los menonitas en edad de votar implica un buen caudal para cualquier frente. Desde entonces el sector se volvió objeto de crecientes mimos y piropos por parte de los políticos.

En la más reciente elección presidencial hubo sonados acercamientos y hasta pactos con varios candidatos presidenciales. A fines de abril de 2025, por ejemplo, Samuel Doria Medina visitó la colonia Breal, ubicada a 45 kilómetros de Yacuiba. El entonces candidato de la hoy cogobernante Unidad Nacional (UN) tuvo una festiva acogida que incluyó un paseo en las clásicas carretas menonitas. Rodeado de puritanos vestidos con su también clásico, y obligatorio, overol de tirantes, Doria Medina hizo un particular compromiso: “Vamos a liberar todas estas restricciones (burocráticas) para poder utilizar semillas mejoradas tecnológicamente y para que ustedes puedan competir en las mismas condiciones que los productores de Argentina, Paraguay…”.

Y su principal rival electoral también. Tuto Quiroga, líder de la hoy principal fuerza opositora, el 5 de septiembre de 2025, recibió el apoyo de 30 colonias menonitas para el balotaje. Probablemente se constituyó en una de las manifestaciones políticas de características más anglosajonas de la historia de Bolivia. Decenas de menonitas conservadores y moderados colmaron el patio de los encuentros partidarios. El grito de “¡Es ‘kon’ Tuto, es ‘kon’ Tuto!” retumbó en la sede de la Alianza Libre de Santa Cruz.

El entonces candidato a diputado Jorge Santistevan anunció el acuerdo, tal vez hasta traicionando a su subconsciente: “Hemos coordinado todas las necesidades que tienen como ciudadanos bolivianos a quienes también tenemos que tomar en cuenta. No tenemos que aprovecharnos y verlos como una alcancía, solamente para robarles. Tenemos que darnos las oportunidades ambos…”.

Por parte de los rubicundos aliados habló el ministro Guillermo Wiebe quien dejó clara su línea ideológica: “Veo que (Alianza Libre) está muy aparte del socialismo que tenemos en Bolivia. Ya podremos trabajar y estar libres, tranquilos. Que ya no nos digan, como en muchas partes, que somos extranjeros, que vinimos y avasallamos sus tierras. Que el Presidente nos dé tierras. Eso no ha pasado jamás en las colonias, nosotros pagamos y pagamos además exageradamente por las tierras”.

PODER POLÍTICO EFECTIVO

Wiebe aludió así a otro problema recurrente en Bolivia y países como México, Colombia y Perú, donde el expansionismo menonita traspasa territorios de comunidades indígenas. De hecho, en años recientes los pleitos se han incrementado en frecuencia y espacio. Diversos reportajes de medios como Mongabay, El Deber y Nómadas evidenciaron crecientes disputas entre menonitas y organizaciones indígenas, especialmente chiquitanas y guaraníes. Conflictos interétnicos, en lugares como Lomerío, San José de Chiquitos (valle Verde y Quitucuña), Guarayos y Tucabaca, llegaron a tener eco en medios y tribunales. Las evaluaciones en mapas satelitales permiten advertir decenas de potenciales focos de tensión a futuro.

Pese a esa irresuelta y creciente problemática, los colonos, hace cinco meses, recibieron un poderoso espaldarazo de la influyente dirigencia cívica cruceña. Bien se podría decir que lograron su primer espacio de poder político. “Histórico: se conforma el primer Comité Cívico Menonita en Santa Cruz”, tituló El Deber el martes 4 de noviembre de 2025. El primer Comité Cívico Menonita fue constituido en la colonia Las Misiones, perteneciente al municipio de Cuatro Cañadas.

El propio ministro tutista Johan Wiebe Friesen fue posesionado como presidente de este comité. Encabezaron el acto el primer vicepresidente del Comité pro Santa Cruz (CpSC), Agustín Zambrana y el presidente de los Comités Cívicos Provinciales, Marcelo Méndez. «Presidente Johan, bienvenido a la familia cívica – expresó ZambranaComo decía nuestro presidente Marcelo Méndez, es histórico este día. Porque hoy se abre las puertas por todo el departamento a aquellos que, en sus generaciones antiguas, no eran cruceños oriundos, pero hoy ya son cruceños». Luego, Zambrana entregó a Wiebe la bandera cruceña y le instó a defenderla.

Pero el empoderamiento brindado a los menonitas por los cívicos cruceños parece que irá quedándose corto paulatinamente. De hecho, dirigentes del Partido Demócrata Cristiano (PDC), partido que llevó al poder al actual presidente de Bolivia Rodrigo Paz, anunciaron antes una candidatura menonita. El 6 de febrero de 2025, presentó como precandidato a la presidencia de Bolivia al colono menonita Johan Friesen. El anuncio se produjo en un acto público realizado en la sede del PDC en la capital cruceña.

Friesen perdió en las internas, pero hubo quien no sólo participó electoralmente, sino que el 22 de marzo, logró el mayor batacazo político menonita. Se llama Johan Berger, tiene 36 años, mide 1,97 cm, su familia vive en la colonia Valle Esperanza y fue elegido alcalde de Cuatro Cañadas. Arrasó, obtuvo el 59,9 por ciento de los votos en un municipio donde el MAS hace apenas dos años celebró su Ampliado nacional. Si bien Bergen abandonó la colonia a sus 18 años, sus relaciones con la comunidad menonita son armoniosas, tal cual él mismo ha declarado.

“Justo estoy ahora donde mis padres, vine a verlos -explicó Berger a El País a una semana de haber ganado la elección (VER ENTREVISTA)-. La gente de la colonia de Valle Esperanza me llamó para felicitarme. Me llevo bien con todos porque acá hay reglas estrictas hasta los 18 años. A esa edad uno es invitado a comprometerse. Entonces yo, antes comprometerme me salí y, por lo tanto, no quebré ninguna regla de la colonia. Entonces me llevo bien”.

Bergen es una especie de justo de la balanza política en Santa Cruz. Cuando salió de su colonia cultivó amistades trabajando como operario de base entre la agromecánica y la agroindustria. Poco a poco se convirtió en próspero empresario. Asegura llevarse bien con indígenas, interculturales, agroempresarios y es parte de una iglesia evangélica. De ahí su popularidad y el hecho de haber sido múltiples veces invitado a postularse como candidato. Es más, en esta ocasión tuvo que elegir entre tres propuestas.

Consultado sobre si por su holgado triunfo y una exitosa gestión le invitasen a postularse a cargos de alcance departamental o nacional, no ha cerrado puertas. En suma, Berger, como Wiebe y Friesen, muestran la también creciente influencia política menonita en Bolivia. Y a nivel internacional configuran un notable arco con sus pares de Paraguay.

Un texto del diario ABC del 25 de mayo de 2025 (“Cómo las cooperativas menonitas impulsan un modelo integral”) destaca íntegramente la labor menonita. Señala, por ejemplo, que los puritanos protestantes aportan el 6,5 por ciento del Producto Interno Bruto paraguayo. Añade que alcanzaron un PIB per cápita de 36 mil dólares anuales, es decir, 6 veces el promedio nacional. Para mayores señas cita que producen el 30 por ciento de la carne vacuna de exportación y 90 por ciento de la leche industrializada.

Valga destacar que la población menonita en Paraguay suma cerca de 50 mil personas, es decir, el uno por ciento del total nacional. Su ritmo de crecimiento llega a seis hijos por mujer. Políticamente el sociólogo Tomás Vera ha concluido: “En Paraguay las organizaciones menonitas han alcanzado una autonomía funcional o una gobernanza paralela y una presencia significativa en una zona geopolíticamente clave, el Chaco. Esa es una zona de interconexión bioceánica”.

En Bolivia, el porcentaje menonita ya superó el uno por ciento de la población, dan claras muestras de su avance económico y su poder político gana espacios. Geopolíticamente, si se apela a teóricos como el estadounidense Lewis Thamb o los brasileños Mario Travassos y Goldvery  Couto e Silva, también apuntaron alto.  Los mencionados señalan que el eje geoestratégico más importante de Sudamérica se halla en Bolivia, en un triángulo enmarcado entre el Chaco y la Amazonía. Todo un desafío sobre su influencia cuando, según se prevé, la disputa entre la hegemonía estadounidense y el poder brasileño se acreciente en el continente.

Así, esta minoría étnica hasta responde extemporáneamente al exabrupto que cierta reina de belleza lanzó en un Miss Universo realizado en Ecuador hace dos décadas: “Desafortunadamente, la gente que no conoce mucho de Bolivia piensa que todos somos indígenas. Toda la imagen que se ve en el exterior es de gente pobre, pequeña e indígena. Yo soy de la otra parte, del lado donde es caluroso, somos altos, blancos y hablamos inglés”. En este caso más plautdietsch que inglés, claro está, aunque esta vez sí con altos bien altos y bien blancos, como el alcalde de Cuatro Cañadas.

LOS OTROS INMIGRANTES BLANCOS

Sin embargo, el caso forma también parte de las problemáticas de la extranjerización de la tierra en Bolivia y nuevas formas de inmigración. Al fenómeno menonita se van sumando otros. No está demás recordar que el nuevo alcalde del municipio cruceño de San Pedro, otro ex bastión masista, es David Martishev, quien nació en Rusia. Y los rumores o versiones concretas sobre más personajes influyentes “altos, blancos” y que hablen otro idioma suman con cierta frecuencia.

Entre otro tipo de casos, más polémicos aún, figura, por ejemplo, el “bastión cristiano de la libertad”, en la amazónica Asunción de Quiquibey del norte paceño. Una comunidad que el pasado año ofrecía por internet propiedades en un área de 10 mil hectáreas para familias cristianas germanohablantes. Un reportaje (“El bosque como refugio: retirada, apropiación y despojo en las tierras bajas de Bolivia») escrito por Jan Königshausen para la revista Nómadas revela detalladamente el caso.

Queda claro que los puritanos que llegaron al sur continental se suman a los marcados impactos que hoy transforman aceleradamente el Chaco y la Amazonía bolivianos. Sin duda, no son los únicos y hay mucho por decir sobre los otros. Mientras queda abierta una interrogante: ¿qué se está gestando entre semejantes juegos socioeconómicos y la debilidad del Estado boliviano?