Los datos revelan trayectorias opuestas dentro del oficialismo y anticipan un posible reordenamiento político si la tendencia se profundiza.
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Los resultados de los últimos estudios de opinión de Ipsos-CIESMORI difundidos por Unitel muestran una marcada divergencia en la evolución de la popularidad del binomio gobernante, con un presidente Rodrigo Paz que mantiene niveles relativamente altos de aprobación y un vicepresidente Edmand Lara que registra un rechazo mayoritario, en un escenario de desgaste progresivo del optimismo ciudadano que comienza a reconfigurar el equilibrio político interno del oficialismo.
El presidente alcanza un 60% de aprobación en el eje central del país, una cifra que, si bien refleja fortaleza, también muestra señales de estabilización tras el impulso inicial de su gestión. En contraste, su nivel de desaprobación se ubica en 28%, lo que sugiere que el margen de apoyo comienza a tensionarse en un contexto menos favorable. Esta fotografía actual se vuelve más significativa al observar la progresión de los indicadores ya que el respaldo a Paz se ha mantenido alto, pero ya no crece al ritmo de los primeros meses, evidenciando una meseta que podría anticipar desgaste si las condiciones no mejoran.
El caso del vicepresidente presenta una dinámica inversa. Lara registra un 67% de desaprobación frente a apenas un 21% de aprobación, la evaluación más negativa dentro de los ejes consultados. La progresión de estos datos muestra un deterioro más acelerado y profundo, especialmente en los principales centros urbanos, donde su imagen aparece más debilitada. A diferencia de Paz, cuya popularidad aún se sostiene, Lara evidencia una curva descendente más pronunciada, sin señales claras de recuperación en el corto plazo.
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Esta divergencia no solo refleja diferencias de gestión o exposición pública, sino también el impacto desigual de los factores que afectan al Gobierno. La caída del optimismo sobre el rumbo del país, que pasó del 63% al 53% en un mes, actúa como escenario de esta evolución. En ese contexto, la figura presidencial logra amortiguar parcialmente el desgaste, mientras que el vicepresidente absorbe en mayor medida el descontento ciudadano, probablemente por la ambigüedad del segundo hombre del país frente a su propio Gobierno.
Los números son contundentes. Paz conserva aún una mayoría relativa de apoyo, aunque los números van a la baja, mientras Lara enfrenta un rechazo mayoritario y si bien tuvo un leve repunte en la última percepción, el umbral del 20% de percepción positiva muestra la poca credibilidad frente a la población. Esta brecha introduce un nuevo momento de tensión política al interior de la gestión, pero que –dadas las características– podría afectar más al vicepresidente que al primer mandatario.
Los analistas coinciden en que estos indicadores deben leerse como parte de un proceso. La popularidad inicial, impulsada por expectativas altas, tiende a ajustarse con el paso del tiempo frente a la realidad de la gestión. En ese tránsito, las figuras políticas no evolucionan de manera homogénea: algunas logran sostener respaldo, otras quedan más expuestas al desgaste. Pero, existen temas que podrían convertirse en elementos de la aceleración de la desconfianza ciudadana frente a la actual gestión.

Uno de los temas fundamentales es, sin duda, el problema de la gasolina desestabilizada. La forma en que el Gobierno encaró este problema y la diversidad de respuestas que intentaron las autoridades gubernamentales al respecto generó un rechazo en diferentes sectores, sobre todo del transporte público. En primera instancia, fue el transporte paceño que paralizó la sede de Gobierno durante casi tres días y, en las recientes horas, su par bloquea el departamento de Oruro.
La progresión de los índices de aprobación no solo describe el presente del Gobierno, sino que anticipa posibles escenarios. La brecha entre Paz y Lara puede disminuir si no se solucionan los problemas que se presentan de manera recurrente, ello significaría que el oficialismo enfrentará no solo un problema de desgaste de imagen, sino también un desafío mayor para lograr un clima favorable de una opinión pública que se vuelve cada vez más determinante.