Mientras los viajes a La Paz y Oruro siguen suspendidos, la falta de pasajeros convierte los días de alta afluencia en jornadas de pérdidas.
Panorama de la terminal.
Fuente: RED UNO
El panorama en la Terminal de Buses de Cochabamba es desolador. Los bloqueos de carreteras que persisten en el país han fracturado la actividad del principal eje de transporte terrestre, dejando pérdidas económicas masivas.
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Aunque las salidas hacia el oriente y el sur (Santa Cruz, Sucre, Potosí y Uyuni) se mantienen habilitadas, la suspensión total de los viajes hacia el occidente ha vaciado los pasillos de la terminal en días que habitualmente registran un lleno total.
La parálisis del transporte hacia los departamentos de La Paz y Oruro ha quebrado la dinámica económica de las empresas de buses, que dependen fuertemente de estas rutas de alta demanda.
«Las salidas al occidente continúan suspendidas por existir bloqueos. Hay grandes pérdidas; las empresas de transporte están perdiendo bastante sus ingresos, lo que va a afectar gravemente su economía. Un día viernes, en condiciones normales, registra una gran afluencia de pasajeros, pero hoy la terminal está vacía. El viaje a La Paz mueve a mucha gente; esto es un perjuicio total», informó Juan Carlos Calizaya, supervisor de la Terminal de Buses.
A este escenario se suma el drama de las tripulaciones de los buses que debían partir al occidente. Muchos choferes llevan varios días varados en las instalaciones de la terminal, observando con impotencia cómo sus herramientas de trabajo permanecen apagadas.
La frustración entre los transportistas que viven del día a día es evidente. Quienes operan las flotas expresaron su desesperación por el abandono que sufren sus compañeros rezagados en las rutas, así como el impacto directo en sus salarios.
«La verdad, estamos totalmente perjudicados todos. A los dirigentes y a la política les va mejor con los paros, ellos salen airosos, pero los que trabajamos día a día, los que dependemos de un sueldo, salimos perdiendo. Pedimos que se solucione de una vez. Los compañeros en las carreteras están a la intemperie: frío, sol, ya no hay comida ni con qué sustentarse. Es una situación muy difícil»», lamentó un conductor de la terminal.
El desplome en el flujo de viajeros ha generado un efecto dominó que golpea con dureza a los sectores más vulnerables dentro y fuera de la terminal terrestre: las vendedoras ambulantes y los quioscos fijos. Los ingresos de estos negocios han caído a menos de la mitad, poniendo en riesgo el sustento diario y el pago de obligaciones financieras.
«Nosotros tenemos préstamos del banco y esto nos afecta a todos de gran manera. Quisiera que se solucione ya. En los mejores días vendía entre 80 y 100 bolivianos, pero estas semanas apenas alcanzamos los 50 bolivianos; con eso solo nos alcanza para comprar algo de carne y comida», relató una vendedora ambulante de la zona.
La falta de compradores ha obligado a varios comercios internos a bajar sus persianas. «Llevamos días con el negocio cerrado y hoy es la primera vez que abrimos. Las ventas han bajado muchísimo: ahora hacemos apenas 250 o 300 bolivianos por día, cuando antes vendíamos entre 600 y 700 bolivianos. Y a fin de mes, igual tenemos que pagar el alquiler», manifestó preocupada la propietaria de un kiosco.
Sin un horizonte claro de diálogo, la Terminal de Cochabamba refleja el rostro urbano de un conflicto que no solo paraliza las carreteras, sino que asfixia la economía popular de quienes necesitan trabajar para subsistir.
