La democracia acorralada


Cada día que pasa, la democracia se va hundiendo más en Bolivia. Un hecho afortunado ha sido que el Comité pro Santa Cruz haya convocado a una Asamblea de la Cruceñidad, con asistencia de cívicos, políticos, empresarios y representantes de grupos sociales. Resumiendo, lo importante de la reunión ha sido la plena decisión de respaldar el sistema democrático en Bolivia y con eso al presidente Rodrigo Paz Pereira. Y que, ante el desastre que se cierne sobre el país y sobre nuestra región, el Ministerio Público, la Policía y las Fuerzas Armadas, estén en apronte para desmantelar el golpe en marcha desde hace días, que algunos no parecen haberlo visto.

La “Marcha por la Vida” que se promueve hoy desde el Chapare, sospechosamente coincidente con las agrupaciones de mineros, campesinos, interculturales etc., todos de extracción masista que están haciendo desmanes en La Paz, es intolerable. Han copiado el nombre de la “Marcha por la Vida” de 1986, cuando Paz Estenssoro, luego de emitir el decidido decreto 21060, “relocalizó” a más de 20 mil mineros supernumerarios a los que se unieron campesinos y trabajadores y se armó una marea humana en la carretera Oruro-La Paz. El gobierno, al ver que era imposible detener a los marchistas, decretó el estado de sitio. Dos mil soldados se apostaron en la zona de Calamarca, sobrevolaron rasantes algunos aviones de la Fuerza Aérea y hasta ahí llegó la marcha, sin un solo fallecido. El retorno a sus lugares de origen requirió del apoyo del propio gobierno, porque todos los marchistas quedaron abandonados.



Un estado de sitio tiene algunos requerimientos, desde luego. En primer lugar, la aprobación por el gabinete de ministros, lo que se supone que está preconcebido. Y más importante que lo anterior, contar con unas Fuerzas Armadas y una Policía plenamente confiables. Estos no son los tiempos de 1986, ni con los parlamentarios, ni con los militares, ni con los policías. Todo ha involucionado. Así que para adoptar un estado de excepción solo el gobierno puede saber si está en posibilidades de hacerlo. Lo otro, pedido por el Comité pro Santa Cruz, sería el estado de excepción sobre un determinado territorio acosado, lo que es menos complicado y no involucra perjudicar a la nación entera. Interna e internacionalmente sería más admisible.

Desde la gasolina sucia, la falta de diésel, los reclamos salariales, el narcotráfico, la violencia en las calles, se ha llegado a lo que Evo Morales, Lara, Argollo, Solares, deseaban y les costaba decir, porque es sedicioso: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Es lo único que les interesa. Que acceda al poder ese chiflado de Lara para hacer con él lo que quieran. Lara fue el huevo de la serpiente y quien dio inicio a las críticas a su compañero de fórmula, de la manera más artera y traicionera. En poco tiempo se declaró opositor al nuevo gobierno y amigo de la plebe descontenta que añoraba un mandatario con chulo y poncho. Hoy no es ni fu ni fa. Pero pronto querrá acercarse nuevamente a Rodrigo Paz si ve que el plan ha fallado.

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Empezaron criticando a un mal gobierno cuando no había transitado ni un mes todavía y luego el tono fue subiendo, aparecieron las mentiras, los insultos, y luego, por supuesto, las movilizaciones. Volvieron a oírse las voces de “guerra civil” y se instalaron los malditos bloqueos, otra vez. Una de las alegrías en la población, del alejamiento del MAS, era pensar que los bloqueos, que tanto daño habían hecho, desaparecerían y que el país retornaría a la normalidad en su tránsito y su comercio terrestre. No duró mucho.

Si el gobierno no quiere ser duro, por lo menos que sea justo. Siendo justo va a superar todas las malas horas. Que encierre en la cárcel a Evo Morales de una vez, si a este no le da la gana de presentarse a declarar. Si no lo atrapan por miedo, el asunto se pone muy grave. Todo el mundo sabe que es reconocer la existencia de una “republiqueta” en el centro del país, con un dictador al mando, región desde donde no solo salen órdenes subversivas, sino casi la totalidad de la cocaína que se contrabandea al exterior.

Mientras esta situación no cambie, Bolivia no tiene posibilidades de progresar. Una nación sin mar, que además esté enclaustrada por tierra, se convierte en un cráter en la luna. Y eso no lo podemos aceptar teniendo los cerros nevados, los valles floridos y los llanos ardientes más extensos y hermosos. Que con el formidable país que tenemos nos quieran convertir en un cráter lunar ya es algo demencial.