Se trata de radicalizar los discursos. Hablar fuerte y claro. Sin medias tintas.
Generar miedo y reacciones con lo anunciado.
Despertar odios y pasiones.
Ahora sí guerra civil, gritan los bloqueadores. Lo hacen no por valientes y porque quieren sangre. Los muertos de ambos bandos. Lo hacen para presionar y que el país hable de ello: a favor o en contra.
Al frente el otro discurso radical: uso de la fuerza, ultimátum de 48 horas y estado de sitio ya. De yapa un paquete de leyes exigiendo al Gobierno su aprobación.
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Es un juego el poder el construir narrativas discursivas con alto contenido de tensiones y violencias.
Además, el mensaje es lanzar una advertencia al poder que están movilizados y que sus pedidos sean agendados.
A estas alturas del conflicto en BOLIVIA ni guerra civil ni estado de sitio son viables o posibles, porque ambos generarán una espiral de más revueltas con heridos, muertos y destrozos.
Y eso no queremos la mayoría de los bolivianos.
En tiempos de conflictos y bloqueos ganancia de pescadores. Por ello, los discursos y demandas aumentan con el aditamento vital: de gritar fuerte y mejor si es despertando demonios y miedos.
Matan a uno y la llaman masacre, decían los griegos en sus tantas guerras que sostuvieron y eso alimentaba el orgullo y el heroísmo, además del odio y los deseos de venganza.
@destacar
HERNÁN CABRERA M
