El presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz, Rolando Kempff, advirtió que los bloqueos están provocando desabastecimiento de alimentos, medicamentos y oxígeno, además de una paralización parcial de industrias y exportaciones.
La crisis por los bloqueos en La Paz ya no solo golpea a las empresas y al comercio. El sector privado advierte que el conflicto comienza a generar un escenario de “hambruna” y desabastecimiento que afecta directamente a las familias paceñas.
El presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz, Rolando Kempff, afirmó que tras 27 días de bloqueos el departamento acumula pérdidas cercanas a los 390 millones de dólares y enfrenta una situación “humanitaria y económica de gran magnitud”.
“Esta situación constituye un grave atentado para la libertad de trabajo, la libre transitabilidad y el derecho de la población a acceder a alimentos, medicamentos y servicios básicos. Está provocando una hambruna”, alertó el dirigente empresarial en el programa Dinero de EL DEBER.
Según Kempff, los cercos carreteros están profundizando el desabastecimiento en mercados de La Paz y El Alto, donde ya se percibe un incremento sostenido de precios y dificultades para conseguir productos esenciales.
Industrias paralizadas y riesgo de desempleo
El representante empresarial explicó que varias industrias y fábricas operan parcialmente debido a la falta de materia prima e insumos, mientras miles de camiones y contenedores permanecen varados en rutas bloqueadas.
“La paralización es parcial en industrias y fábricas. Tenemos cancelaciones masivas de turismo y problemas muy graves de abastecimiento de medicamentos, oxígeno y alimentos”, sostuvo.
Kempff indicó que las empresas atraviesan una situación crítica porque deben seguir pagando salarios, impuestos y obligaciones operativas pese a la caída de ventas y producción.
Además, alertó que el deterioro económico podría incrementar el desempleo y empujar a más personas hacia la informalidad.
“El empleo formal ya es reducido y esta situación puede agravar aún más el desempleo. Necesitamos confianza y estabilidad para poder sostener las operaciones”, afirmó.
Exportaciones afectadas y pérdidas millonarias
Los bloqueos también frenan las exportaciones bolivianas, especialmente las rutas logísticas hacia puertos del Pacífico.
Kempff explicó que existen barcos, espacios y cronogramas contratados que ahora no pueden cumplirse debido al corte de carreteras, lo que genera multas y pérdidas adicionales para el sector exportador.
“Todo lo que va hacia el Pacífico está totalmente cortado. Esto afecta a La Paz y a todo el país”, señaló.
El dirigente recordó que La Paz proyectaba un crecimiento en exportaciones de oro, estaño, antimonio y otros minerales gracias a la demanda internacional, pero advirtió que el conflicto pone en riesgo esos resultados.
Estimó que el perjuicio económico podría alcanzar los 400 millones de dólares en La Paz y cerca de 1.500 millones de dólares a nivel nacional.
Uno de los temas que más inquieta al empresariado es el abastecimiento del sistema de salud.
Kempff señaló que algunos laboratorios e industrias farmacéuticas podrían paralizar operaciones si continúan los bloqueos y reveló que hospitales ya demandan corredores humanitarios para garantizar el ingreso de oxígeno y medicamentos.
“Varios hospitales están pidiendo con urgencia una línea humanitaria para traer oxígeno y medicamentos y poder enfrentar los problemas que se tienen”, indicó.
Pedido de diálogo y apertura de rutas
Ante la crisis, el presidente de la federación empresarial pidió al Gobierno, sectores movilizados, alcaldías, gobernaciones e instituciones promover espacios de diálogo para restablecer la circulación y evitar una mayor afectación social.
“Lo que planteamos es que haya paz en el país y apertura de caminos para que podamos trabajar y para que el ciudadano tenga comida, educación y salud”, afirmó.
Kempff aseguró que La Paz concentra cerca del 70% de los bloqueos nacionales y advirtió que la conflictividad está deteriorando tanto la economía como la vida cotidiana de las familias.
“Es una de las crisis más grandes que nos ha tocado vivir y esperamos que sea la última”, concluyó.

