La probabilidad de El Niño sube al 90% y podría coincidir con la época de mayor calor en Bolivia


La Organización Meteorológica Mundial (OMM) elevó la probabilidad de que el fenómeno de El Niño se desarrolle durante los próximos meses, un escenario que podría coincidir con un período de temperaturas altas en Bolivia y aumentar los riesgos asociados al calor intenso.
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Fuente: ANF

Por Miriam Telma Jemio

 



En un informe difundido este martes, el organismo internacional señala que existe un 80 % de probabilidad de que El Niño se establezca entre junio y agosto, y un 90 % de que lo haga al menos hasta noviembre de 2026.

Aunque todavía no existe una declaración oficial que confirme el inicio del fenómeno, especialistas consultados coinciden en que Bolivia debe prepararse para un panorama de mayor calor y posibles alteraciones en los patrones de precipitación.

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La OMM también insta a prepararse para temperaturas superiores a lo normal en casi todo el planeta.

 

Bolivia ya registra temperaturas superiores a lo normal

Mientras aumenta la probabilidad de El Niño, varias regiones del país registran temperaturas superiores a los promedios históricos. De acuerdo con datos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), más del 90 % de las estaciones monitoreadas reportaron temperaturas máximas por encima de los valores normales.

Las anomalías más marcadas se presentan en las macroregiones de la Chiquitanía y el Chaco, donde algunas estaciones registran entre 5 °C y 7 °C por encima de sus promedios históricos.

Incluso ya se han roto récords de temperatura máxima en varias regiones. El Senamhi cita como ejemplo el registro del 4 de mayo en Oruro: fue de 22,4 °C, cuando la temperatura alcanzó los 22,4 °C y superó el récord histórico de 22,2 °C para ese mes.

El 12 de abril, la estación de monitoreo Oruro-Ciudad registró 24,0 °C, superando su récord histórico de 23,1 °C establecido en 2010. Asimismo, el 2 de abril, Concepción alcanzó los 36,1 °C y superó su máximo histórico de 35,4 °C registrado en 1969.

 

Según Jorge Molina, investigador del Instituto de Hidráulica e Hidrología de la UMSA, y Kenny Quisbert, pronosticador del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), el aumento de temperaturas es actualmente el efecto más evidente y el escenario con mayor respaldo científico para Bolivia.

“Estamos registrando temperaturas más altas que las observadas durante el período 1991-2020”, señala Quisbert.

Molina añade que, hasta el momento, el efecto mejor sustentado científicamente es un incremento significativo de las temperaturas en el país, mientras que los impactos sobre las lluvias y las sequías aún presentan mayores niveles de incertidumbre.

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El Niño aún no es oficial, pero la probabilidad es alta

La OMM remarca que todavía existe incertidumbre sobre el momento exacto en que se alcanzará el máximo desarrollo del fenómeno y sobre la intensidad que podría alcanzar. Sin embargo, la mayoría de los modelos climáticos apuntan a un episodio al menos moderado, con posibilidades de evolucionar hacia una fase fuerte.

El pronóstico presentado por la organización combina resultados de modelos de los Centros Mundiales de Producción de la OMM, aportes de servicios meteorológicos nacionales y análisis de centros internacionales de predicción climática.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, afirma en un video difundido por la ONU que los datos científicos muestran una certeza del 90 % sobre el desarrollo de El Niño en los próximos meses y llama a reforzar las medidas de adaptación y acción climática frente a los riesgos asociados al calentamiento global.

Por su parte, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, insta al mundo a prepararse para un posible episodio fuerte de El Niño, capaz de agravar sequías, lluvias intensas y olas de calor en distintas regiones del planeta.

La organización explica que, desde finales de abril hasta mediados de mayo, la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial central y oriental se ha mantenido cerca de los umbrales utilizados para declarar oficialmente un episodio de El Niño.

 

El calor es el impacto más probable

Pese a las incertidumbres que aún rodean al fenómeno, ambos especialistas coinciden en que el aumento de las temperaturas constituye el impacto más probable para Bolivia.

Molina advierte que el país podría experimentar olas de calor más frecuentes e intensas, especialmente en los llanos, con la posibilidad de alcanzar nuevos récords históricos de temperatura.

El riesgo aumentaría si la máxima intensidad del fenómeno coincide con los meses más cálidos del año, entre octubre y noviembre.

Las altas temperaturas representan una amenaza creciente para la salud, especialmente para los adultos mayores y grupos vulnerables.

La OMM también prevé que entre junio y agosto las temperaturas se mantengan por encima de lo normal en gran parte del planeta. Como consecuencia, aumentan los riesgos de estrés térmico y de eventos extremos asociados al calor.

Según el organismo, la combinación entre El Niño y el calentamiento global podría convertir a 2026 en uno de los años más cálidos registrados a nivel mundial.

La organización recuerda que 2024 fue el año más cálido del que se tiene constancia debido a la combinación del intenso episodio de El Niño de 2023-2024 y el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este mapa codificado por colores muestra la temperatura global de 2024. Según un análisis liderado por científicos de la NASA, la temperatura superficial promedio de la Tierra en 2024 fue la más alta jamás registrada. Imagen: Estudio de Visualización Científica de la NASA

Hay incertidumbre sobre las lluvias y sequías

Mientras las proyecciones de temperatura muestran una tendencia relativamente clara, el comportamiento de las lluvias continúa siendo mucho más difícil de prever.

Los especialistas recuerdan que no existen dos eventos El Niño exactamente iguales y que sus impactos dependen de factores como la intensidad alcanzada, la duración del fenómeno y el momento en que se produzca su pico máximo.

El investigador de la UMSA señala que, para los próximos meses, algunos modelos prevén precipitaciones superiores a lo normal en sectores de la Amazonía y del norte del país entre junio y agosto, una situación que podría contribuir a conservar la humedad de los suelos.

Sin embargo, hacia septiembre y noviembre algunos escenarios muestran posibles déficits de precipitación en la Amazonía, el Chaco y el extremo sur del Altiplano.

Quisbert advierte que uno de los riesgos asociados a un eventual fortalecimiento de El Niño es el retraso del inicio de la temporada de lluvias, acompañado de déficit hídrico y sequías regionales.

Impacto en los recursos hídricos y riesgos de incendios

Si las altas temperaturas persisten y se combinan con una reducción de las precipitaciones, uno de los principales riesgos será el aumento de las condiciones favorables para incendios forestales.

Según Molina, el calor incrementa la evaporación y acelera la pérdida de humedad en los suelos, creando condiciones propicias para incendios de gran magnitud, similares a los registrados en años recientes.

El especialista también advierte que las elevadas temperaturas podrían aumentar la presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua debido a una mayor evaporación de embalses y reservorios, por lo que recomienda adoptar medidas preventivas de gestión hídrica.

Prepararse sin alarmar

Molina y Quisbert coinciden en que la situación requiere seguimiento permanente, pero no debe generar alarma.

Entre las principales recomendaciones figuran fortalecer los sistemas de monitoreo climático y alerta temprana, promover el uso responsable del agua, planificar medidas preventivas para el sector agrícola y consultar únicamente información técnica y oficial.

Aunque persisten incertidumbres sobre el comportamiento de las lluvias y la intensidad que finalmente alcance el fenómeno, los especialistas coinciden en que Bolivia ya atraviesa un período excepcionalmente cálido.

Si El Niño se consolida durante los próximos meses, podría intensificar las olas de calor, aumentar el riesgo de incendios forestales y generar una mayor presión sobre los recursos hídricos del país.

 

/ANF/