Cómo hacer que los dólares regresen al sistema financiero


 

Fernando Untoja Ch.



Durante las últimas semanas, el debate económico en Bolivia ha girado casi exclusivamente alrededor del tipo de cambio. Economistas, analistas y comentaristas discuten si el dólar debe subir, bajar, flotar o volver a fijarse. Sin embargo, mientras el protagonismo del debate continúa concentrado en el precio de la divisa, una pregunta mucho más importante permanece prácticamente ausente: ¿cómo hacer que los dólares regresen al sistema financiero?

En una economía heterogénea como la boliviana, las divisas no desaparecen. Permanecen dentro del sistema financiero o se refugian fuera de él, en manos de familias, comerciantes, productores y empresarios que prefieren conservar sus dólares antes que depositarlos en los bancos. Por ello, el problema central no consiste únicamente en determinar cuánto vale el dólar, sino en comprender por qué una parte importante de las divisas ha dejado de circular dentro del sistema financiero.

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Los artículos anteriores de esta serie analizaron las limitaciones de reducir la crisis cambiaria a un simple problema de oferta y demanda de divisas o al nivel del tipo de cambio. Corresponde ahora abandonar la discusión puramente teórica para ingresar en el terreno del pragmatismo. La pregunta ya no es cuál debería ser el precio del dólar, sino qué condiciones concretas permitirían que los dólares vuelvan a cumplir su función de financiar el crédito, la inversión y la actividad económica.

La primera condición consiste en garantizar plenamente el derecho de propiedad. Ningún ahorrista depositará sus dólares si duda que podrá retirarlos libremente cuando los necesite. La confianza comienza cuando las reglas son claras y el ciudadano sabe que recuperará exactamente la moneda que depositó.

La segunda condición es reconstruir la credibilidad institucional. La confianza no se decreta mediante una ley; se construye cuando las normas permanecen estables y previsibles durante el tiempo. Las instituciones son el principal respaldo de cualquier sistema financiero.

En tercer lugar, el sistema bancario debe ofrecer incentivos reales para competir con el atesoramiento privado. Tasas de interés atractivas en dólares, disponibilidad inmediata de los depósitos y seguridad jurídica pueden convertir nuevamente a los bancos en un destino racional para el ahorro en divisas.

Finalmente, ninguna política financiera será suficiente sin estabilidad macroeconómica. Déficits fiscales persistentes, inflación, incertidumbre política y bajo crecimiento seguirán alimentando el incentivo para mantener los dólares fuera del circuito financiero.

El debate económico necesita cambiar de enfoque. Discutir únicamente el tipo de cambio puede resultar intelectualmente atractivo, pero aporta poco si las divisas continúan fuera del sistema financiero. El verdadero desafío consiste en reconstruir la confianza. Porque, al final, los dólares no regresan por decreto ni por una modificación del tipo de cambio. Regresan cuando existen instituciones creíbles, reglas estables y una economía que ofrece seguridad a quienes deciden confiar nuevamente en ella